Música y folclor

Santander Durán Escalona, el mago de la palabra

Noralma Peralta Mendoza

14/06/2022 - 05:00

 

Santander Durán Escalona, el mago de la palabra
El compositor Santander Durán junto a Noralma Peralta Mendoza / Foto: archivo particular de la autora

 

Cuando Los Betos interpretaron “Pintora”, mi cuñado José Jorge “El Mono” Sierra se la dedicó a mi hermana Rocío, pero aún yo no tenía acceso a las carátulas de los Long Play en Hamaca Grande. Apenas tenía 11 años, de modo que la canción me gustaba mucho porque encerraba una historia de amor prohibido, pero desconocía su autor, hasta que me dieron acceso a Hamaca Grande y a toda su musiteca. En ese entonces, abrí la cantina y elegí las canciones que sonarían hasta que llegara mi papá, mi mamá o alguno de mis hermanos mayores, entonces supe que era el mismo autor de Las Bananeras, Cerro Murillo, Silencio, Ausencia, Palabras Al Viento, Diosa de la Serranía y tantas otras que me hablaban de un alma rebelde y sentimental, Santander Durán Escalona.

Hace unos cinco años atrás, me empezaron a llegar mensajes de un número desconocido, un poeta describía mis labios de ciruela madura, mi caminar más exquisito que el de Matildelina, mi embrujo al hablar, mi pasión por lo nuestro y mi corazón anclado en las letras.  Me puso nombres: Reparadora de Almas, Artesana de corazones. Yo estaba emocionada de tener un admirador secreto, con un verbo exquisito, hasta el día que lo descubrí. ¡Que decepción!! “Esas vainas no se hacen”.  Yo creyendo que me cortejaba un poeta, ¡y eres tú!! Poeta, sí, ¡pero un culicagao!!” le dije a Luisjo embolatá, de que un pelao me pretendiera, llevándole 12 años.  El poeta no se daba por vencido, estaba seguro que su verbo vencería al mío.  Un día me nombró “Pintora de esperanzas” y me dedicó la canción de Santander que más me gusta, “Pintora”.

Al cantar, remarcaba la palabra “Señora”.  “He escuchado esta canción todo el día, me tiene embriagado sin tomarme un trago y aunque sé que me vas a rechazar está dedicatoria, tengo que hacerla, porque este gran señor de la composición, me interpreta exactamente, es que yo también quiero, Señora, llegar una noche fresca hasta tu alcoba y entregarte mi amor y mi juventud en una mochila de ensueño, sé que vas a escuchar el aleteo de tu corazón y espero que tiembles y entiendas que sin tu querer ya llegó el amor”.

Me eché a reír de sus ocurrencias, al tiempo que me percataba, que la canción que tanto me gustaba, encerraba el anhelo de un joven por una mujer madura, ese día la palabra señora se hizo relevante, la nueva revelación de “Pintora”, me enamoró más de una canción, que ahora se refería a mí, la mujer madura que pinta cuadros con palabras en el corazón del que oye y lee.  Se hizo más grande su autor en mi corazón, ¡Santander el que compone piezas únicas!! Ninguna de sus canciones es igual a la otra, y mucho menos parecida a cualquier otra canción vallenata

Un día de esos marcados por el cielo, Adrián Pablo @elangelbohemio me dijo que venía a Riohacha a una conferencia, y me fui a acompañarlo, me presentó a Santa, como le dice él, y conversando le dije lo mucho que me gustaban sus canciones en especial “Pintora”, trajo su guitarra y empezamos a cantarla. ¡Mi momento sublime! “Yo debí haber sido pintor, pero aquí no había como desarrollar esa actividad, por eso terminé siendo compositor de música vallenata y hasta mejor, como dijo el colega Adolfo Pachecho, “yo pinto mejor que usted, porque tenemos los compositores la capacidad de pintar con la palabra cantada con posibilidad de llegar a un público más amplio y más rápido que el pintor, que tienen que llegar a donde él está, mientras que la palabra corre. Yo no tengo como agradecer el haber terminado en la otra punta”, expresa Santander mientras conversamos de su arte.

Santa es uno de esos seres humanos con los que no quieres dejar de hablar, no sólo por lo interesante de su verbo recorrido y curtido de experiencia, sino por lo sencillo, suave y dulce.  ¡Qué contraste! ¡Qué Señor! “Es que he caminado mucho, conozco mucha gente, yo soy un antropólogo o un sociólogo frustrado y vengo de una familia de narradores tanto del lado de los Escalona como de los Durán. Desde niño me gustó mucho castellano, literatura, he leído mucho, he viajado mucho. Mis papás eran de Aracataca y de Ciénaga, los Durán y los Escalona eran de allá, mi abuelo llegó a Valledupar desde Ciénaga después de la Guerra de los 1000 días. Entonces, me la pasaba entre Valledupar y la Zona Bananera, la conozco muy bien y tengo recuerdos muy frescos de esa infancia bonita, conociendo cosas que no sabía que me iban a servir después, que me nutrieron, me han brindado la oportunidad de enriquecerme en cuanto a temas e imágenes”.

Entiendo entonces que sus canciones son solo relatos mágicos, que entretejen recuerdos y vivencias con la realidad.  Comprendo que solo un compositor, que ha vivido lo que él, puede escribir, “Lamento Arhuaco” y nos lleva a sentir en nuestra propia piel las injusticias vividas por los indios de piel tostada, otrora valientes habitantes del valle Del Cacique Upar, que fueron remontados a la sierra por caballos conquistadores. Un lamento triste, en tono menor, bellísimo.   Tan social como “Las Bananeras” y “El Pescador”.

En contraste totalmente diferente compone “Diosa de La Serranía” en la que describe la madrugada fría, pero en absoluta claridad de luna llena, en la que penetra con su canto errante, para dejar en el lecho de su amada la última rosa morena, como una plegaria a su diosa. ¡Díganme ustedes si alguien más ha descrito así una serenata!

Luego, nos impacta el alma con una descarga nostálgica ante la soledad y las añoranzas de un amor que aún, en el recuerdo le es esquivo, haciendo llorar hasta al cielo, con “Ausencia”, tan romántica y frenética como “Silencio” que empieza exaltando las manos trovadoras del llano, que sucumben a la pena de un amante hasta callar sus arpas. Para introducirnos en un Silencio que hace temblar a las estrellas, sollozar a la guitarra y llorar a los tiples.  Silencio que vuelve sumiso el canto altivo, de Santander, para darle dulzura de arrullo, cuando al fin sus almas, las de dos amantes, se poseen. Supera Santander la sutileza de Emilianito en Mañanitas De Invierno y a Meneses con Muere Una Flor. ¡Sencillamente genial!

Y cuando creía que ya no se puede ser más versátil, descubrí una noche de bohemia en la que junto a mi amigo de años, el Gran Sefe (con S, lo escribo yo, me parece más artístico), él libando whisky y yo vino,  cerramos una puerta que había quedado eternamente abierta, callamos el tic tac perpetuo, del reloj que ya no existe, metido en las grietas milenarias,  treinta años después, nos pagamos una deuda de olvido: cantar con nuestras voces de guacharaca, una canción para mí totalmente desconocida: “El Ultimo Embaucador”.

“Para mí es la mejor canción del vallenato, no pretendo que así piense todo el mundo, sé que no, es más bien una canción desconocida, mira que tú, que te considero versada en el tema, no le habías prestado atención hasta hoy. Pero yo digo que es una canción sin par, no existe otra así, por la historia que cuenta, por la forma poética y lírica tan especial, por la melodía, el hecho de ser el canto a un amigo, aunque muchos le han cantado a un amigo, pero no es igual. No sabría cómo explicarte, pero aún en la literatura de la música vallenata, no existe una obra igual, hasta su interpretación en la voz de Daniel, es perfecta, le da ese toque lírico transcendental que requería una canción única en su género”, me decía Sefe, mientras armábamos una vez él y otra yo, el decálogo del vallenato tradicional.  Fue un descubrimiento fantástico literalmente, para mí.

Yo soy ténganlo presente, el mejor mago del mundo, //el ultimo descendiente//, de un linaje vagabundo

Yo nací libre y altivo, desciendo de faraones, //de magos y de adivinos//, y de gitanos ladrones

Yo aprendí por los caminos, de la zona bananera, //a descifrar el destino en noches de luna llena//.

Ay pero llevo en el alma, una ansiedad y una pena reprimida, porque el amor que yo quiero se me va, dejando sola mi vida (Bis)

Yo soy el mago porque estudié, los pergaminos del gran saber, y hace tres siglos que le robe, a un brujo esclavo su gran poder

Y en la nevada yo recibí, la magia arhuaca triste ritual, y en las montañas de Ariguaní, la madre monte trate de amar.

Ay pero llevo en el alma, una ansiedad…

Quiero cuando muera el tiempo, que aun se cante mi canción, //por caminos polvorientos//, plenos de luz y de sol

O que canten las gargantas, casi ahogadas por el ron, //en las noches de parrandas//, Llenas de magia y sudor

Que fui profeta divino, amo del viento y el sol, //el mejor de los amigos y el más grande embaucador//

Ay pero llevo en el alma una ansiedad…

El último embaucador, dice mi amigo José Seferino Almazo que es la mejor canción del vallenato, le expresé a Santander mientras conversábamos. “Así decía también Ernesto McCausland. Se la compuse a un amigo, El Mago Borletti, de Aracataca, Máximo Alfredo Hernández Durán es su nombre. Éramos amigos de parranda, imagínate la cantidad de anécdotas que tengo, ése era un vivazo, él ya murió, pero era un personaje maravilloso. Imagínate que a Gracia Márquez le preguntaron qué significaba la palabra Bacán y el dijo: si quieren conocer un Bacán vayan a Aracataca y pregunten por el Mago Borletti. Él fue el que inspiró a García Márquez, el personaje de Melquiades el mago en “Cien Años de Soledad”, eran amigos de Infancia. Aracataca es muy interesante, un espectáculo, García Márquez lo único que hizo fue transcribir lo que veía”, confiesa Santander notablemente emocionado al hablar de dos grandes amigos, y yo más emocionada de oír hablar al otro más grande en letras, descendiente de la Zona Bananera, otro que solo transcribe lo que ve en nuestro enorme Macondo.

“Una vez leí un artículo en la revista de la Universidad del Rosario de un tipo, que es profesor de Cirugía en la Universidad.  El escrito era sobre del Mago Borletti y diseminada mi canción para describir a Borletti, una cosa muy bien hecha. Entonces, le escribí y nos hemos hecho los grandes amigos. Resulta que el médico es mago. Un día me dijo “venga conmigo” y me llevó a su residencia y a la de otro que hace magia china. Una gente muy organizada y con mucho dinero. Imagínate que nos recibió el mayordomo, nos abrió la puerta del carro y de la casa como los ingleses. Pasamos toda la noche en tertulia. El tema, obviamente, era el Mago Borletti, que para mí era solo un compañero de parranda, para ellos era un personaje nacional importante, condecorado y todo y ahora soy miembro del círculo de magos de Bogotá

Me río y preguntó ¿y haces magia?

-Sí, hago magia con la palabra.   ¿Y tú eres escritora?

-Intento, voy a escribir una crónica del único compositor que ha hecho uso del mito y la leyenda, del que personificó a Cerro Murillo, a ver si me convierto…

-¡Ya quiero leerte!

 

Noralma Peralta Mendoza

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