Música y folclor

Andrés Ávila: 40 años de olvido

Luis Carlos Guerra Ávila

07/09/2022 - 05:05

 

Andrés Ávila: 40 años de olvido

 

Cuando se habla de juglares o se cuentan historias de aquellos personajes grandes de antaño, pocas veces se presentan como el artista que sonó en su momento, sino como el individuo que por cosas del destino no supo llevar su vida con rectitud, porque se dejó atrapar por el medio en el que se desenvolvía: parrandas, tragos, mujeres; y, al gozar de la simpatía de los amigos, derrochaba todo lo que ganaba y nunca pensó en su futuro.

Desafortunadamente, hay que recordar que no contaron con la orientación para inscribirse en una asociación con la cual, en determinado tiempo, pudieran obtener unos recursos para disfrutar una vida digna al final de su existencia. Pues bien, éste es el caso de nuestro gran baluarte cultural, Andrés Ávila, famoso en las décadas de los setenta y ochenta, un cantante querido por todo el pueblo de Codazzi y la región, igual que su acordeonero de fórmula, Eduardo Dangond.

Humilde y sencillo, así lo recordamos, no se negaba a colocar una serenata. Una persona muy complaciente y amigo de sus amigos, y por ser así como es, muchos paisanos se han preguntado: ¿dónde se encuentra Andrés Ávila? Así que nos dimos a la tarea de buscarlo y lo encontramos en Aracataca, Magdalena. Ésta es su historia, narrada por llamada telefónica.

Infancia y juventud

“Comienzo diciéndote que nací en Chimichagua (Cesar), pero no tengo recuerdos de ese pueblo. Según me cuenta una hermana, mayor que yo diez años, actualmente tengo 70, ese pueblo era un caserío donde vivíamos: mi mamá, mi papá y mi hermana. Nosotros fuimos ocho hermanos de los cuales han muerto cuatro, pero el único de apellido Ávila soy yo, ellos son apellido Arrieta, ya que mi mamá se metió a vivir con mi padre. Salimos a trajinar por las fincas y pueblos del Magdalena, llegando a San Pedro de la Sierra, exactamente a una finca llamada Tierra Grata, cogiendo café por San Pablo y la Gran Vía. Esto antes de llegar a Ciénaga, ahí viví parte de mi infancia, como hasta los siete. Recuerdo que mi padre me ponía a cantar ranchera, en ese tiempo no se escuchaba vallenato, uno que otro de Buitrago con guitarra, pero con acordeón nada, y se escuchaba mucha música de México, como Pedro Infante, Antonio Aguilar… En fin, los más reconocidos.

Mi madre quería que yo estudiara y me dejó con otra hermana que vivía en Aracataca por dos meses; mi madre era cartagenera blanca de pelo rizado; mi padre bastante moreno de ojos azules, él era analfabeta pero mi mamá no. Ella me dio las primeras clases para que yo llegara con algo de letras a la escuela, y como mis padres se fueron para la Sierra a coger café, yo me quedé estudiando en Ciénaga y vivía en una finca a dos kilómetros. Ahí viví con otra hermana. Cuando se acabó la recolección de café nos fuimos a vivir a Ciénaga a una casa junto al mar, donde residía una comadre de mi mamá. Ya en Codazzi existía un Ingenio Azucarero de Sarmiento Angulo y una empresa de tabacos Rubio, mi papá nos dejó solos y se marchó para Codazzi a conseguir trabajo. Mi mamá lavaba ajeno para ayudar con la comida y, ya desesperada, nos fuimos como a los tres meses detrás de mi papá. Llegamos allá en el año 58 exactamente, tenía yo 8 años.

En ese tiempo les daban trabajo a los niños en la compañía de tabaco Rubio y no existía ninguna restricción, ya que, por tener los dedos pequeños, se facilitaba sacar la pajita y la hierba de los semilleros, nos pagaban cuatro pesos y a los hombres ocho pesos. Yo a esa edad ya cantaba ranchera y boleros; más grandecito conocí a Farid Orjuela, a su hermano, a otro muchacho llamado Próspero García, y a uno que le decían Balmore, con ellos tocaba violina en un grupito que formamos, porque nosotros vivimos en el barrio Martínez Barboza en una casa de tabla, y muchos del grupo trabajaban amarrando o cogiendo tabaco.

La música siempre estuvo ahí, tanto que yo imitaba o me esforzaba para cantar igual a Javier Solís que en ese momento estaba muy pegado, era Ídolo de América y cuando él murió, yo tenía 16 años, me acuerdo que fue como una tragedia en Latinoamérica, porque lo querían mucho. Me viene a la memoria que en esa época ayudaba a mi padre con una fumigadora de esas que se colocan en la espalda y yo iba detrás, cantando las canciones de Solís y cuando descansaba me acercaba a tomar agua a una pluma cerca a la ventana donde estaba la secretaria de tabaco Rubio y ella me gritaba: “¡Oye! Javier Solís, ¿dónde está tu papá?“.

Adolescente y adulto

“Bueno, con el grupo tocando violina nos invitaban a tocar en bailes, matrimonios, parrandas y conocí en esa época a Napoleón Ávila, El pollo Pinto, Los Olivellas, a Silvio Charry que tenía una compraventa y me regaló una grabadora para que yo lo nombrara en un disco y, efectivamente, lo nombré; a Miguel Chinchia, Diego Cohen de la panadería Cohen, en fin, muchos amigos de la época.

Nosotros practicábamos con el grupo todos los días con la violina, caja y guacharaca. En la casita de tabla donde vivíamos, debajo de un palo de mango que había en el patio. Tocábamos música de Alfredo Gutiérrez, guarachas de Aníbal Velázquez, que eran de moda en ese tiempo, allí nos buscaban y amenizábamos todas las fiestas de Codazzi, porque tocábamos gratis, nos daban comida y ron, éramos muy felices así, sin amplificación a puro pulmón.”

El salto al profesionalismo y la gloria

“Tengo recuerdos vagos, tal vez Eduardo Dangond se acuerde mejor. Yo incursioné, tocaba acordeón de una sola hilera, y como tocaba violina se me facilitaba. Estando en esas andanzas supe que Eduardo tenía su grupo en el obrero, se llamaban “Los Comboy” y recuerdo que nos conocimos, aunque yo cantaba en varios conjuntos de ese tiempo, anduve con Tomás Olmedo, Edgar Peñaloza, y con otros músicos de Codazzi de guitarras de un lado para otro…

Resulta que había un radio técnico, llamado José Cervantes, ya fallecido y padrino de mi hijo, fui muy amigo de él, incluso quería que yo aprendiera la electrónica, y fui su ayudante, pues yo ya tenía mujer y obligaciones. Trabajando allí, un día se presentó Eduardo Dangond, y me dijo: “¡Oye! ¿Tú quieres grabar?”; A lo que contesté: “¡Cómo no voy a querer grabar! ¿Quién no quiere salir en la caratula de un disco?”; Entonces me dijo: “Bueno, si quieres grabar tengo la oportunidad de tu vida. ¡Si quieres, te vas conmigo para Santa Marta!”. Inmediatamente dije que sí. Dejé el trabajo de mi compadre y él se quedó emocionado porque yo iba a grabar mi primer disco. Así se dio esa primera grabación auspiciada por Alfredo Gutiérrez, que era amigo de unos empresarios de Santa Marta, amigos de Eduardo. En ese tiempo le dijeron a Eduardo: “a nosotros nos gusta como toca usted, busque un cantante y nosotros lo patrocinamos”, resulta que llegamos a la samaria y allá estaba Alfredo Gutiérrez, y él nos dijo: “yo les puedo colaborar para que graben un sencillo”, pero nosotros teníamos material para grabar doce canciones, y yo les dije: “¿un sencillo? no paga, ¿no hay caratula ni foto?”, pero algo es algo me dijeron. Bueno, yo terminé aceptando y Alfredo nos dijo: “yo les garantizo la grabación de un sencillo, manejo la parte artística de la disquera, vamos a ver, de pronto estando allá resulten grabando todo el L.P.”. Así viajamos a Medellín en avión y nos hospedaron en el hotel Nutibara, muy lujoso. Nosotros para la casa disquera éramos unos desconocidos y Alfredo Gutiérrez nos concretó la grabación de larga duración, cuyo título fue “Canción del alma”. No cabíamos de la felicidad, diez temas. Luego, Discos Fuentes nos hizo un contrato y grabamos el segundo larga duración, con AÑORANZA como éxito. Discos Fuentes no nos canceló el contrato, ellos querían que nosotros siguiéramos grabando, pero Eduardo Dangond, no quiso seguir, dijo que iba a estudiar aviación y se retiró, por eso nos separamos.”

Con Calixto Ochoa y Eliécer Ochoa

“Después de la separación de Eduardo Dangond, yo me quedo vagando en el aire, musicalmente hablando, y cantaba con varios músicos en parrandas que salían entre esos Oscar Negrete, Tomás Olmedo, Guillermo Arzuaga, un acordeonero de San Diego con el que anduve bastante tiempo en diferentes partes del Cesar y la Guajira.

Guillermo era experto en piquerías pero ejecutaba muy bien el acordeón y tenía su conjunto formado, después me llega una oportunidad con los cumbancheros del ritmo de la Jagua de Ibirico, allí estaba Hernán Carranza y ellos deciden alternar con un conjunto vallenato, para tocar los dos géneros, esa circunstancia me permitió llegar a la orquesta, recomendado por el mismo Hernán Carranza, como yo estaba recién llegado al grupo, tenía que adaptarme ya que no es lo mismo cantar en un conjunto vallenato, que en una orquesta donde cada músico lee unas partituras y tiene que haber mucho acoplamiento, y teníamos cuatro canciones montadas y una de ellas era Puente Pumarejo, éxito de los melódicos en el momento.

A los  pocos días viajamos para una fiesta de la virgen de Torcoroma, en Ocaña Norte de Santander, yo iba convencido de que no me tocaría cantar, por lo que apenas estábamos ensayando las canciones, además la orquesta tenía tres cantantes y dos con mucha experiencia en música tropical, y eso me tenía tranquilo de que no iba a actuar, y pensé –“si me toca, canto vallenato con Carranza y no tropical”-, mi primer debut con los Cumbancheros del Ritmo, esa plaza estaba super llena, no cabía un alma, yo estaba relajado detrás del bajista viendo sin hacer nada y en la tercera tanda se me acerca Enrique Ospino, guitarrista y director, y me dice: “bueno, Andresito, le tocó hacer su debut con la orquesta”. Las piernas me temblaban y me entró un nerviosismo, nunca había cantado música tropical, y el público abarrotado me dio pánico escénico, empecé  a sudar, no tenía experiencia ni bagaje y comienza la orquesta a tocar “Puente Pumarejo” total, me paro en el micrófono y miro ese milón de gente, confundí la letra y canté la segunda estrofa –“ Puente Pumarejo, que te la pasas viajando”- todos los músicos se echaron a reír, el público no se dio cuenta, pero fue la mamadera de gallo en mi debut como cantante de música tropical.

Con los Cumbancheros anduve un buen tiempo, pero siempre iba donde mi compadre Cervantes y seguía matando moña con Edgar Peñaloza, en ese ir y venir de la vida en ese tiempo, José Vázquez bajista de los Cumbancheros me relacionó con “Lucho Cuadro” cantante de otra orquesta de la Jagua de Ibirico, y me contó, que Calixto Ochoa, cuando cantaba dos o tres temas se ponía afónico, y se vio obligado a buscar otro cantante para sus presentaciones, y fue Lucho Cuadro, quien me recomendó con Calixto, pero nosotros con Calixto Ochoa, ganábamos lo mismo que la nómina de planta de músicos, pues nunca nos hizo ver como protagonistas, él era el centro de atracción, y siempre decían Calixto Ochoa y su conjunto. No tuve apoyo de los demás miembros del grupo, porque todos eran de la sabana y yo era el único vallenato, me decían que así era como se manejaba el conjunto y yo terminaba aceptando por la necesidad de producir. Esto aconteció en 1980, tanto Lucho Cuadros como yo grabamos dos LP con Calixto y nos retiramos por las mismas razones, en 1981 y regresé a Codazzi a seguir con lo mismo a cazar parrandas, presentaciones con varios acordeoneros, pero nada concreto, y con necesidad de trabajar por mi mujer y mis hijos.

La forma como Calixto, se comunicaba conmigo para tocar, era a través de un teléfono que había en la casa de Federico Riveros por la 17. Allí me colocaban la cita de Sincelejo y me daban el mensaje. Un día llega el señor Federico a mi casa en el Nissan Patrol y me lleva el mensaje que Calixto me estaba llamando y que fuera a esperar la llamada mañana a las dos de la tarde, a mí se me hizo extraño, nosotros habíamos discutido en Bogotá y yo le había dicho de todo por una jugada que me hizo, nos habíamos separado, bueno pero en todo caso, fui a esperar la llamada, y me dice: “Mira, Andrés, resulta que Eliecer tiene grabado un L.P. en Sonolux, está completo, tiene música, percusión y hasta los coros, pero le falta la voz, ya ha llevado dos cantantes y ninguno  ha dado chicle, para ver si tú te le mides a cantar esas canciones, son nueve y una puya que va a cantar él”.

En la situación que yo estaba, eso para mí era estupendo, la condición era que tenía que aprendérmelas en tres días. “No se preocupe, yo se las canto” y me fui para Sincelejo, y Eliecer me entregó dos cassettes, uno con las canciones de los compositores y otros con las pistas grabadas, vea…!, Zipote reto, pero lo hice, en tres días me aprendí las canciones, pero ese L.P. no tuvo relevancia por muchos factores, en primer lugar a Eliecer, Sonolux lo presionó para que sacara el larga duración, porque acababa de ser Rey vallenato, y en el afán el muchacho que buscaron para las pistas no dio para cantar, ni otro que buscaron en Sincelejo. En realidad, solo lo promocionaron en Montería y tampoco el sonido del L.P. fue bueno, supe después que fue el mismo Calixto, que le dijo a Eliécer: “ve no le des más vueltas a ese asunto, busca a Andrés Ávila que él te saca de ese aprieto, él tiene experiencia”, y me llamaron como último recurso, para salvarles la patria.

Rumbo a Bogotá

Volví a Codazzi decepcionado, afligido al observar que eso fue un fracaso, nunca hice un baile con Eliecer, otra vez, las mismas rutinas, las mismas andanzas, y una sobrina en Bogotá me llama y me dice: “Tío, véngase para acá”, año 83, así lo hice y me cambió totalmente la vida, pues empecé a cantar en las tabernas y restaurantes. Reuní unos músicos para darme a conocer y ganaba bien, no bastante, pero sí para tener una vida digna y darle a mis hijos lo necesario. Fueron como diez años, a veces no nos alcanzaba el tiempo, salíamos corriendo en taxi de una taberna a otra, había movimiento y trabajo.

Luego, empezaron a salir los videos y comenzaron a implementar los televisores en los bares y tabernas y se dieron cuenta que les salía más económico que contratar música en vivo o tener músicos de planta y comienzan los músicos a decaer. Entre más días se volvía, más difícil la situación para nosotros en Bogotá, fui bajando, bajando hasta caer en la playa, un sitio que le decían así, porque se agrupaban músicos de todas las regiones de Colombia, llaneros, mariachis, vallenatos, tríos…etc. que los contrataban para colocar serenata, y canté con duetos , tríos y toda clase de música, de todo los géneros, me volví polifacético, pero al final todos esos grupos siempre hay uno que es el jefe, y, al repartir en la madrugada el producido, discutíamos por la repartición y nos daban por la cabeza, y, como yo era costeño y no tenía como formar y patrocinar un grupo, terminaba aceptando lo que me daban, y el líder cogía la mejor parte.

El problema era la plata, se peleaba por la plata, no existía equidad ni justicia, al ver tanta maldad, avaricia, egoísmo, me cansé  de eso y como sabía tocar guitarra y violina, dije: “me voy a volver solista”. Compré una violina o armónica y una guitarra de segunda, me sabía nada más dos tonos Re y Do, le metí una cuerda plástica por las tapas de la violina y la amarré al cuerpo de la guitarra, entonces tocaba guitarra, violina y cantaba, eso a la postre terminó afectándome la garganta, por la fuerza que hacía al tocar y cantar en tonos altos ya que la violina trae un solo tono. Así recorrí Cundinamarca, Boyacá y parte del Tolima, de fiesta en fiesta, de pueblo en pueblo, más de cinco años en ese oficio tenía un repertorio amplísimo de todos los géneros como solista.

En esa época ya me había separado de la madre de mis hijos, tuve problemas con ella, cuando yo trabajaba en pizzas Dommo tenía un grupo, y precisamente allí fue que me encontré con Gali Galeano para darlo a conocer, Alejandro Duran también lo puse a tocar ahí, a Víctor Reyes, en esa pizzería me pagaban mensual y yo les pagaba a los músicos. Eso sucedió antes de ser serenatero en la playa. Estando trabajando, mi mujer consigue también un trabajo en el Norte de Bogotá y yo llegué tarde y no la encontré y por eso tuvimos una discusión y nos separamos, eso fue un golpe muy duro para mí, yo la quería muchísimo, empecé a beber y a fumar marijuana, y una vez me encontré con Farit  o me llamó, no recuerdo bien, para decirme que en Codazzi decían que yo vivía debajo de los puentes y andaba todo harapiento. Eso nunca lo hice y eso me dolió mucho, sí viví cerca del cartucho a tres cuadras donde alquilaban piezas y vivían prostitutas, ladrones y personas del bajo mundo, un tipo que le decían el zarco, ladrón y delincuente. Cuando tomaba, me decían tómese un trago, costeño, usted es lo único decente que vive aquí, se gana la vida cantando con su guitarra, los demás somos una “gonorrea”.”

El regreso

Entonces, me llamaron de Codazzi y me dijeron que me viniera, que ellos me ayudaban que no pasara más trabajo por allá y yo tenía un televisor estilo grabadora, lo negocié y con esa plata me fui para Codazzi, más o menos en el año 95. Llegué donde Farit después, me mudé para el Martínez Barbosa donde una amiga, y, luego, me comuniqué con mi compadre Jorge Camargo quien tiene una parcela en Socomba, y me dijo que me fuera para allá y lo ayudara en la parcela. Así lo hice, y estando con él, averigüé sobre mi hermana que estaba en Aracataca y la fui a visitar con temor, ya que ellas veían con malos ojos el pecado de mi mamá, pero, después de estar dos meses, la sangre llama, hablé con ella y me dijo que me mudara con ellos, que cualquier cosa hacíamos. Bueno, me mudé para Aracataca y he vendido tamales, fui ciclo-taxista por cuatro años, ahora vivo solo en una invasión, vendo CDs quemados y tengo setenta años. Como cosa curiosa, la gente a veces me pregunta: “¿Si usted fue buen músico, por qué dejó la música?”. Yo les contesto: “Yo no dejé la música, ella me dejó a mí”, y reflexiono, todos los músicos comienzan de abajo hacia arriba y yo comencé arriba y terminé abajo”.

 

Autor: Luis Carlos “El Tachi” Guerra

Sobre el autor

Luis Carlos Guerra Ávila

Luis Carlos Guerra Ávila

Magiriaimo Literario

Luis Carlos "El tachi" Guerra Avila nació en Codazzi, Cesar, un 09-04-62. Escritor, compositor y poeta. Entre sus obras tiene dos producciones musicales: "Auténtico", comercial, y "Misa vallenata", cristiana. Un poemario: "Nadie sabe que soy poeta". Varios ensayos y crónicas: "Origen de la música de acordeón”, “El ultimo juglar”, y análisis literarios de Juancho Polo Valencia, Doña Petra, Hijo de José Camilo, Hígado encebollado, entre otros. Actualmente se dedica a defender el río Magiriamo en Codazzi, como presidente de la Fundación Somos Codazzi y reside en Valledupar (Cesar).

2 Comentarios


RAUL 07-09-2022 06:56 AM

Excelente historia de vida tachi buen trabajo lo felicito por sus aportes a la cultura vallenata. Un abrazo desde rionegro Santander. BALNEARIO EL CRISTALITO

Alberto Arrieta Trespalacios 07-09-2022 12:37 PM

Excelente narrativa biográfica de Andrés Ávila, felicitaciones y gracias al Dr. Luis Carlos Guerra Avila por darnos a conocer el perfil artistico y aspectos de la vida de este gran músico de nuestra región.

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