Música y folclor

Manuel Medina Moscote, el olvidado compositor de Santa Marta tiene tren

Álvaro Rojano Osorio

07/10/2022 - 05:05

 

Manuel Medina Moscote, el olvidado compositor de Santa Marta tiene tren
La oralidad ha servido para reconstruir la vida de Manuel Medina Moscote, el autor de la canción Santa Marta tiene tren

 

Escribir sobre Manuel Medina Moscote, a quien se le conoce como el autor de la canción Santa Marta tiene tren, se ha constituido en una labor difícil para quienes hemos indagado sobre este acordeonero y compositor magdalenense, debido a la escasa información que sobre él existe. La tradición oral ha sido la única fuente para reconstruir algunos hechos fragmentarios relacionados con este personaje. En ellos se han basado algunos investigadores para escribir unos pocos artículos periodísticos o menciones.

Uno de los que ha escrito sobre este personaje es Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa. En el preámbulo del libro “Abel Antonio Villa, el padre del acordeón”, señala que había nacido en Bálsamo, localidad situada en la zona de influencia de la ciénaga de Zapayán. Mientras que en un texto de su autoría [1], además de ubicarlo en la primera generación de acordeoneros, es decir, nacidos entre 1840 y 1890, recoge un testimonio de Pacho Rada en el que indica que, en su niñez, ya se oía tocar a Manuel Medina, quien, además, interpretaba la múcura, el millo y el tambor.

Otro es Julio Oñate Martínez (2021), quien indica que es creíble que viera sus primeras luces cerca del año 1870, fecha en que nació su hermana materna, Clotilde Guette Medina (no es cierto que lo sea), quien hace algunos años tuvo gran popularidad por la visita que, a su pueblo, Punta de Piedra, le hizo el cantante Poncho Zuleta cuando ella tenía 119 años de edad.

Por su parte, Raúl Ospino Rangel lo caracteriza como poseedor de la voz más potente de la región, tanto que cuando la elevaba desvestía los árboles. Fuerza en la voz a la que hacía referencia el acordeonero Chema Martínez, anotando, además, que, cuando cantaba, todo el que lo escuchaba se asombraba por su timbre. Raúl le atribuye esa fuerza a razones como la potencia de sus músculos de acero, así como a poderes sobrenaturales provenientes de pactos con el diablo, lo cual se reflejaba en su “Niño en Cruz”, insertado, como generalmente sucedía, en la piel de la muñeca derecha.  

A Medina lo imagino yendo a pie de Punta de Piedra hasta la Zona Bananera, como lo hicieron a principios del siglo XX algunos habitantes de la zona baja del río Magdalena. Eran hombres que vieron en esta zona un espacio donde laborar como jornaleros, por lo que fue usual que se desplazaran en grupos hacia esa región. Quienes iban desde las costas de la ciénaga de Zapayán, traficaban por lo general tres o más días por los municipios de El Piñón, Pivijay y Aracataca. 

Era la misma ruta que empleaba otro acordeonero de la región de Zapayán, Gilberto Bermúdez, quien, contrario a Medina, regresó para quedarse a su pueblo natal, Piedras de Moler. Porque, según la tradición oral, éste no volvió al lugar donde nació, alejamiento que explicaría la razón por la que, en Punta de Piedra, no lo recuerdan, en lo que, también, debió contribuir el que los Medina Moscote se mudaron para la Zona Bananera. 

A quien aún mencionan en Punta de Piedra es a Bernardino Medina, acordeonero rodeado de unas historias extraordinarias y carentes de una explicación lógica, de ser ciertas. “Ese hombre convertía un pañuelo en acordeón y le sacaba sonido. Machacaba una majagua y la hacía sonar como acordeón. También desarmaba el instrumento y tocaba con los pitos. Ni qué decir de quitarle el cuero al tambor para reemplazarlo con un sombrero que daba un mejor sonido. Eso me contaba mi papá cuando yo era un pelao”. Quien lo afirma es Víctor Clemente De León Rodríguez, octogenario habitante de esa localidad. 

Clemente, como es conocido, asegura que jamás había escuchado hablar de Manuel Medina Moscote, pese a tener la fama de saber de todas las historias de esa población, pero sí de la canción Santa Marta tiene tren. Pero, a pesar de que ésta sea la manera de recordarlo, su autoría ha sido puesta en entredicho, tanto que, según Julio Oñate, Chema Martínez, le dijo que la compañía Unite Fruit ofreció la suma de cinco mil dólares para quien demostrara ser el autor. Corría el año 1947, y era un éxito nacional. Se presentaron Medina y Chico Bolaño a reclamar el dinero y, al no ponerse de acuerdo en esto, la compañía declinó la oferta. Para entonces, según este investigador y escritor, la edad del primero promediaba los ochenta años

En cuanto a la edad que tenía Medina existe la información ofrecida por Tomás Darío Gutiérrez (1992) que indica que esté en 1925 se hallaba retirado del arte musical a causa de una parálisis de sus manos originada, según decía, de una hechicería hecha por un adversario del cual resultó derrotado.

Julio Oñate (2021) también menciona que éste murió comenzando la década de los años 50 sin haber registrado su obra, como sí lo hizo la viuda de Chico Bolaño, en 1962. Añadiendo, además, que los historiadores Edgar Caballero Elías y Guillermo Henríquez descubrieron en un baúl del maestro cienaguero Andrés Paz Barros, una correspondencia cruzada con Sayco, en la que afirmaba que el autor del porro, o son, Santa Marta, era una persona cuyo nombre no recordaba y oriundo de la región de Plato,

 Sin lugar a dudas es poco lo que se conoce de Medina como aportante a la música del Caribe colombiano, en lo que pudo contribuir la marginalidad de lo que interpretaba con un instrumento, que, pese a ser extranjero, era visto por las clases sociales dominantes como afín a músicos caracterizados como beodos, mal educados, pobres. Pobreza en la que seguro vivió porque, para entonces, y por mucho tiempo, la interpretación del aparato de fuelles era pagada con ron. Él debió morir, como casi todos los acordeonistas importantes de entonces, con un reconocimiento como músico menguado por el paso de los años. 

En su época de esplendor, lo imagino deleitándose con su rutina interpretativa a los intervinientes en los cumbiones que organizaban en los distintos poblados de la Zona Bananera. Rondas de bailes en las que debió comenzar a mostrar su destreza como acordeonero en las noches festivas de Punta de Piedra. Lo veo alegre participando en parrandas, cuando el acordeón se hizo preeminente en este tipo de reuniones, tocando los aires musicales que, después, hicieron parte de lo que se ha llamado música vallenata, así como en piquerias con los acordeoneros que llegaban de las orillas del río Magdalena, de La Guajira y del Valle. Sin olvidar que debió tener en su repertorio canciones pertenecientes a los distintos aires que tocaban las bandas de viento. 

Pero, pese a los esfuerzos de estos investigadores, de Medina no se sabe cómo interpretaba el acordeón, de las características de sus demás composiciones. No se conoce en cuál de los distintos aires musicales al tocarlo era más diestro.

Sin lugar a dudas, aparte de Santa Marta tiene tren, y de María Milé, que Abel Antonio Villa hizo suya tras rescatarla del camino de la desaparición en el tiempo, con el resto de la obra musical de Medina sucede lo que indica el novelista Javier Marías: “hasta las cosas más imborrables tienem una duración, como las que no dejan huellas o ni siquiera suceden”.

 

Álvaro Rojano Osorio   

 

Bibliografía: 

Ospino, R. (2022) Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía: origen e historia de una canción. https://panoramacultural.com.co/ 15/03/ 

Gutiérrez, T. (1992). Cultura vallenata: Origen, teoría y pruebas. Editorial Plaza y Janes. Bogotá

Oñate, J. (2021) Santa Marta tiene tren. El Pilón. https://elpilon.com.co/cronica-santa-marta-tiene-tren/

Sobre el autor

Álvaro Rojano Osorio

Álvaro Rojano Osorio

El telégrafo del río

Autor de  los libros “Municipio de Pedraza, aproximaciones historicas" (Barranquilla, 2002), “La Tambora viva, música de la depresion momposina” (Barranquilla, 2013), “La música del Bajo Magdalena, subregión río” (Barranquilla, 2017), libro ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el portafolio de estímulos 2017, “El río Magdalena y el Canal del Dique: poblamiento y desarrollo en el Bajo Magdalena” (Santa Marta, 2019), “Bandas de viento, fiestas, porros y orquestas en Bajo Magdalena” (Barranquilla, 2019), “Pedraza: fundación, poblamiento y vida cultural” (Santa Marta, 2021).

Coautor de los libros: “Cuentos de la Bahía dos” (Santa Marta, 2017). “Magdalena, territorio de paz” (Santa Marta 2018). Investigador y escritor del libro “El travestismo en el Caribe colombiano, danzas, disfraces y expresiones religiosas”, puiblicado por la editorial La Iguana Ciega de Barranquilla. Ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el Portafolio de Estímulos 2020 con la obra “Abel Antonio Villa, el padre del acordeón” (Santa Marta, 2021).

Ganador en 2021 del estímulo “Narraciones sobre el río Magdalena”, otorgado por el Ministerio de Cultura.

@o_rojano

2 Comentarios


Roberto Molinares 07-10-2022 05:52 PM

Saludos. Gracias por hacerme viajar en el tiempo y permitirme conocer personajes reales, ahora míticos, que probablemente si conocieron nuestros abuelos. Excelente artículo. Felicitaciones. Muy buena investigación y documentación

Roberto Molinares 07-10-2022 05:52 PM

Saludos. Gracias por hacerme viajar en el tiempo y permitirme conocer personajes reales, ahora míticos, que probablemente si conocieron nuestros abuelos. Excelente artículo. Felicitaciones. Muy buena investigación y documentación

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