Música y folclor

Sergio Moya Molina, el experto contrabandista de la mujer celosa

Eddie José Dániels García

25/10/2022 - 05:05

 

Sergio Moya Molina, el experto contrabandista de la mujer celosa
En 1998, Sergio Moya Molina participó en el Concurso de la Canción Inédita y ganó con Recuerdos de viejos tiempos / Foto: créditos a su autor

 

Cuando Sergio Moya Molina hizo su entrada triunfal a la música vallenata en 1973 con la publicación de “El contrabandista”, grabado magistralmente por el conjunto de los Hermanos López y Jorge Oñate, el departamento del Cesar llevaba cumplidos seis años de vida jurídica y el Festival de la Leyenda Vallenata había alcanzado cierta madurez, pues ya se habían coronado seis Reyes Vallenatos, que honraban el folclor y le rendían muchos méritos a la música de Francisco “El Hombre”.  Inicialmente, se pensó que la letra del disco se refería en verdad a algún contrabandista de artículos electrodomésticos, de bebidas alcohólicas extranjeras o de marihuana, que era la droga narcótica que se consumía y se traficaba en esos momentos. Sin embargo, muy pronto, la fanaticada se percató del contenido del tema y pudo darse cuenta de que se trataba, nada más y nada menos, que de un hermoso paseo romántico, con una letra llamativa, que muy pronto terminó ganando aplausos y conquistando el corazón de todos los vallenatófilos. A los pocos días, el disco se tornó inmancable en las fiestas familiares, en las parrandas callejeras y, lógicamente, en las casetas populares.

“El contrabandista” figuró en el álbum “El cantor de Fonseca”, que fue lanzado a finales de 1973 y que ha sido considerado por la crítica especializada en vallanatología, si no el mejor, uno de los mejores trabajos discográficos de los Hermanos López con Jorge Oñate. Además, éste fue el long play que sirvió de plataforma para el descubrimiento de otros grandes compositores, que, aunque ya habían realizado grabaciones con otros conjuntos menores, permanecían inadvertidos, pues no habían alcanzado, siquiera, un reconocimiento regional. Y, precisamente, fue con este álbum que la música vallenata se proyecta a una nueva dimensión, pues la gente comenzó a apreciar con mayor objetividad y entusiasmo los temas de las canciones. Asimismo, fueron determinantes en este proceso, el nuevo estilo impuesto por Miguel López en el manejo del acordeón, sobre todo, en los bajos, y, sobra decirlo, la voz transparente y agradable de Jorge Oñate, que desde un comienzo gozó de mucha admiración. “El cantor de Fonseca” fue un trabajo genial, donde también aparecieron temas de Emiro Zuleta, Santander Durán Escalona, Carlos Huertas Gómez y Armando Zabaleta Guevara.

El recurso poético de Sergio Moya Molina para demostrarle sus sentimientos a una mujer, concretamente, a una “negra linda”, está inspirado en un contrabando, que simboliza el gran amor que siente por ella. La canción está estructurada en tres estrofas temáticas de cuatro versos eneasílabos, separadas por la estrofa que sirve de coro, diseñada en dos versos de seis y dos de ocho sílabas.   El tema es manejado con mucha sencillez a través de la metáfora: “Vengo desde la alta Guajira / burlando guardias hasta aquí / porque yo traigo negra linda / un contrabando para ti”. El recorrido desde la alta Guajira hasta Valledupar es un signo para demostrar la magnitud del amor. En la estrofa del coro, se enfatiza la intención amorosa: “Por eso te traigo / con mucha pasión / un amor de contrabando / dentro de mi corazón”. Estos versos se repiten en pares, para buscar la belleza melódica. En la estrofa siguiente, el enamorado alude al contrabando, intentando desafiar con ello la actitud de los opositores al noviazgo, posiblemente los padres de la mujer: “Sé que te están aconsejando / para que olvides mi querer / pero, aunque sea de contrabando / siempre te quiero a ti mujer”.

En los versos finales, el autor recurre a una actitud de inconformismo motivada por el tiempo perdido en la posible conquista amorosa, y culmina manifestando una expresión adversativa a manera de sentencia: “Mucho dinero yo he perdido / desde que comencé a viajar / pero si pierdo tu cariño / no volveré a contrabandear”. El verso final es desafiante: “si no consigue el amor no seguirá insistiendo”. Esto, es lo que ocurre generalmente cuando luchamos por un amor imposible o que presenta dificultades, pues el interesado termina desilusionándose. También, sobre el ritmo de esta canción, siempre ha existido la duda, si es paseo o es merengue. Y las opiniones se muestran encontradas. A pesar de que en el disco original figura que es un paseo, la entrada rápida de las notas de Miguel López, y todo el desarrollo, bajo el mismo efecto, lo identifican en el acto como ritmo de merengue. Es, entonces, un paseo rápido. De todas maneras, ajenos a la razón del aire verdadero, no tenemos dudas al afirmar   que “El contrabandista” es una canción magnífica, porque, tanto la letra como la melodía, presentan el tono perfecto para satisfacer con toda plenitud la sensibilidad de los oyentes.

La aclamación de Sergio Moya Molina como un compositor de perrenque alcanzó su punto culminante, cuando los Hermanos Zuleta le grabaron “La celosa”, un paseo que figuró en el long play “Rio crecido”, lanzado a comienzos de 1974. Los once temas restantes del álbum fueron extraordinarios: “El indio Manuel María” de Emilianito Zuleta, “Juana Bautista” de Tobías Enrique Pumarejo, “Mi Rosalbita” de Álvaro Cabas, “La muerte del buen amigo” de Julio Oñate Martínez, “Candelaria” de Abel Antonio Villa, “Mi salvación” de Poncho Zuleta, “Nostalgia de Poncho” de Rafael Escalona, “Sabor a primavera” de Rafael Sánchez Molina, “Reminiscencias” de Antonio Serrano Zúñiga, “Protesta parrandera” de Nicolás Bolaño Calderón y “Río crecido”, la canción que bautizó el elepé, de Julio Fontalvo Caro. En relación con este lanzamiento, son muchísimos los que opinan, inclusive la crítica ortodoxa, que, con este álbum, los Hermanos Zuleta alcanzaron la máxima expresión de la fama nacional. También se dice que éste, junto con “Río seco”, lanzado a finales del mismo año, han sido los dos mejores trabajos discográficos de toda su historia musical.

“La celosa” es un paseo costumbrista que presenta un cuadro vivo de lo que es la vida matrimonial, estropeada por la conducta parrandera del marido y los celos enfermizos de la mujer.  Con un lenguaje sencillo, sin recursos poéticos, el autor narra, en cuatro estrofas de metro irregular, un episodio cotidiano de los hogares caribeños: “Cuando salga de mi casa / y me demore por la calle / no te preocupes Juanita / porque tú muy bien los sabes / que me gusta la parranda / y tengo muchas amistades/ y si acaso no regreso por la tarde / volveré al siguiente día en la mañanita”. En la estrofa siguiente, el autor, deliberadamente, incentiva los celos de la mujer, anunciado su posible encuentro con otra: “Si me encuentro alguna amiga / que me brinda su cariño/ yo le digo que la quiero/ pero no es con toda el alma / y solamente yo le presto/ el corazón por un ratico/ todos esos son amores pasajeros / y a mi casa vuelvo siempre completico”. En los versos del coro, el parrandero, le pide a la mujer que se aparte de los celos y sea más complaciente, al tiempo que la motiva con sus canciones: “Negra, no me celes tanto / déjame gozar la vida / Tú conmigo vives resentida / pero yo te alegro con mi canto”.

El propósito de incentivar los celos continúa en la estrofa siguiente, siempre enfatizando en el carácter parrandero, el encuentro con otras mujeres, pero destacando la grandeza de su amor   para neutralizar la actitud de la mujer: “Cuando salgo de parranda/ muchas veces me distraigo/ con algunas amiguitas/ pero yo nunca te olvido/ porque nuestros corazones/ ya no pueden separarse/ lo que pasa es que yo quiero que descanses/ pa tenerte siempre bien conservadita”. En la estrofa del cierre, la posición del parrandero es aún más exigente: le pide a la mujer que le perdone las llegadas tarde, se muestre cariñosa con él y en caso de no hacerlo, le da un ultimátum: irse otra vez de parranda: “Como tú ya me conoces/ te agradezco me perdones/ si regreso un poco tarde/ cuando llegue yo a mi casa/ quiero verte muy alegre/ cariñosa y complaciente/ pero nunca me recibas con desaires/ porque así tendré que irme nuevamente”. Esta descripción es un retrato perfecto de la sicología e idiosincrasia del hombre caribeño, siempre asistido por su espíritu parrandero. Treinta años después, “La celosa” fue grabada por Carlos Vives, pero no logró superar la simpatía que tuvo la versión original.

A partir de la grabación de “El contrabandista” y “La celosa”, las canciones de Sergio Moya Molina fueron constantes, casi durante una década, en los éxitos discográficos de los grandes conjuntos vallenatos. Jorge Oñate con los Hermanos López lo enaltecieron con el “El compositor”, un hermoso paseo festivo incluido en el elepé “Fuera de concurso” lanzado en 1974. Ese mismo año apareció el tema “Secretos del alma” en el álbum “Rosa jardinera”. En 1975, los méritos fueron para “Tu enamorado” que figuró en “Canto a mi tierra”, el último long play de esta genial agrupación. En el álbum “La parranda y la mujer”, de Jorge Oñate y Emilianito Zuleta, lanzado a mediados de 1975, se incluyó el paseo “La disgustada”, donde se refiere a los problemas que tuvo con Juanita a causa de haber compuesto “La celosa”. Finalmente, de la unión de Jorge Oñate con Colacho Mendoza, quedaron los temas “Canto triste” del   álbum “Los dos amigos”, en 1975, y “Qué parranda” del long play “El campesino parrandero”, en 1976. Los Hermanos López y Freddy Peralta le grabaron el merengue “Cultivo de amores” que apareció en el álbum “Con toda el alma”, lanzado también en 1976.

“Cultivo de amores” es un título metafórico utilizado por el autor para referirse a los distintos romances que él ha tenido. Este tema junto con “Mi dolor de cabeza” de Diomedes Díaz fueron los más aplaudido del long. Se estructura en cinco estrofas de versos decasílabos con rima perfecta alternada. En cada apartado se repiten los dos versos finales. La entrada presenta el título de la canción: “Voy a hacer un cultivo de amores/ pa’ alegrar un poquito mi vida/ sembraré toda clase de flores/ pero yo cogeré la más linda”. La segunda estrofa presenta el nombre de las flores: “Empecé a cultivar margaritas/ esa flor me dio buen resultado/ y ahora estoy cultivando rositas/ y me tienen muy entusiasmado”. La tercera entrada expresa la satisfacción por el cultivo: “Ahora estoy dedicado a mi cultivo/ y me siento bastante enamorado/ porque en todas las flores que he sembrado/ he encontrado el amor que yo he querido”. Y siguen las estrofas finales: “Una vez me encontraba solito/ empecé a cultivar a Maritza/ desde que cultivé a María Luisa/ mi jardín se puso muy bonito”. Y finaliza: “Yo también cultivé a Carmen Celia/ una flor perfumada y bonita/ pero más me gustado Juanita/ y por eso me quedo con ella”.

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En el elepé “Una voz y un acordeón”, grabado por la fabulosa y fugaz unión de Poncho Zuleta con Colacho Mendoza a mediados de 1975, se incluyó el tema “Fortuna y desdicha”, un título paradójico donde analiza las dos circunstancias desde el punto de vista amoroso. Esta canción, junto con “Despertar de un acordeón” de Antonio Serrano Zúñiga y “La herida de mi alma” de Mario Zuleta Díaz, fueron los éxitos más aclamados del long play. “Fortuna y desdicha” se estructura en seis estrofas de versos mayores heterométricos con rima parcial alternada. La canción contrasta la fortuna de un hombre cuando es correspondido en el amor y la desdicha cuando es despreciado. La entrada presenta el primer caso: “Qué fortuna la del hombre enamorado / cuando vive apasionado de un amor correspondido / es dichoso entre amigos y parrandas / tiene música en el alma y alegría en el corazón”. La segunda estrofa amplía la fortuna del hombre, ocasionada por el amor conseguido, y la inspiración que este le produce: “Vive momentos de gran emoción / que no se pueden echar al olvido / porque se quedad del alma prendidos / y el sentimiento se vuelve canción”. En esta estrofa los versos se repiten en pares para darle más armonía a la interpretación”.

En la tercera entrada comenta la segunda situación y explica los sufrimientos que vive la persona cuando no es correspondida en el amor: “Qué desdicha la del hombre enamorado / cuando ha sido despreciado de un amor que ha perseguido / siempre sueña una dicha que no alcanza / abrigando una esperanza que ilumine su pasión”. En la cuarta entrada amplía los sufrimientos y frustraciones que vive y las consecuencias que ellos originan: “Vive sufriendo una gran decepción / todos sus sueños se quedan perdidos / se entrega al vicio buscando el olvido / y solo consigue aumentar su dolor”. En la quinta estrofa el autor utilizando el “yo” habla de su actitud, de su procedimiento y de las experiencias que ha tenido frente a una desdicha: “Es por eso que yo vivo con paciencia / a través de la experiencia que la vida me ha enseñado / hago versos pa’ expresar mis sentimientos / sin dejar que el sufrimiento me lastime el corazón”. En la estrofa del cierre introduce un consejo o punto de vista para que sea tenido en cuenta cuando se viva una situación similar: “Y cuando llega una desilusión / es preferible sufrirla callado/ a veces uno se siente inspirado / y el sentimiento se vuelve canción”.

En el álbum “Los maestros”, lanzado por los Hermanos Zuleta en 1976, figuró el merengue “Receta de amor”, de tono jocoso y festivo. Ese mismo año, en el elepé “Ídolos”, apareció “El serenatero”, un tremendo paseo donde enfatiza sus condiciones de parrandero y mujeriego. En 1977, el tema “Dos estrellas”, un paseo de fondo romántico, se consagró en el álbum titulado con el nombre de esta canción. Finalmente, en el elepé “El cóndor legendario”, publicado también en 1977, apareció el tema “La competencia”, un merengue folclórico, que reafirma sus dotes mujeriegos y refleja el comportamiento que asume frente a la celotipia de su mujer, buscando otra para darle más celos. Su temática inicial expresa: “Yo me he puesto a pensar con mucha paciencia / de qué modo es que una mujer se controla / me parece que es malo tener una sola / mejor es tenerlas en competencia”. Y en seguida continúa: “Por eso me ven cantando / con una y otra morena / paso mi vida gozando / y así no tengo problemas”. La segunda entrada canta: “Cuando un hombre tiene una mujer celosa / tiene que comportarse como ella quiere / si ella sabe que no tiene otras mujeres / entonces se pone más pretenciosa”. Y sigue: “Pero si la ve con otra / haciéndole competencia. / Ella con inteligencia / se pone más cariñosa”. 

Otras canciones inolvidables de Sergio Moya Molina, como “La incorregible” y “La piedrecita”, dos paseos folclóricos, fueron grabadas por Diomedes Díaz con el “Debe” López y “Juancho” Rois, en los álbumes “De frente” y “La locura”, lanzados en 1977 y 1978 respectivamente.  El tema “El dueño tuyo”, un hermoso paseo romántico, fue interpretado por Beto Zabaleta y Beto Villa en el elepé “Canciones lindas” de 1987, los paseos “Reverdecer”, “Tú”, “Lejanía” y “Amiga y mujer”, fueron magistralmente cantados por la agrupación de Otto Serge y Rafael Ricardo. El paseo “Corazón caprichoso” fue lanzado por “El Binomio de Oro” en el long play “Primer aniversario”, publicado en 1993 en memoria del cantante becerrilero asesinado en Barranquilla en junio del año anterior. El título metafórico de esta canción reafirma, una vez más, las condiciones enamoradizas del autor. Sus apartados iniciales expresan: “Tengo con mi corazón un gran problema / un problema que me tiene preocupado / porque como vive siempre enamorado / eso me está ocasionando muchas penas”. Y continúa: “Ahora que mi corazón se encuentra enfermo / tengo que ser obediente y muy sumiso / yo le sigo la corriente en sus caprichos / porque si peleo con él salgo perdiendo”.

Asimismo, se han hecho participes de sus composiciones: Alfredo Gutiérrez, quien hizo célebre “La fiesta de los pájaros”, una puya con la que participó y triunfó en los Festivales Vallenatos de 1978 y 1986, Omar Antonio Geles, quien también ejecutó la misma puya y se coronó Rey Vallenato en 1989, Juan Piña y su orquesta y “Los ocho de Colombia”. También han proclamado sus canciones las famosas agrupaciones venezolanas de Pastor López, Nelson Henríquez y Porfi Jiménez. Con este vasto repertorio, Sergio Moya Molina ha tenido una representación activa en varios de los muchos encuentros musicales que se celebran en Colombia. Entre ellos figuran: “El Concurso de Música Vallenata en Guitarra” de Codazzi, Cesar, “El Festival Bolivarense del Acordeón” de Arjona, Bolívar, “El Festival de Acordeones” de Chinú, Córdoba, “El Festival de Tambores y Expresiones Culturales” de Mahates, Bolívar, “El Festival de Música Folclórica” de Madrid, Cundinamarca, y, lógicamente, el renombrado Festival de la Leyenda Vallenata de Valledupar, donde ha sido jurado en varias oportunidades.

En 1998, Sergio Moya Molina participa en el Concurso de la Canción Inédita, en el que se había presentado en otras ocasiones, pero no había logrado obtener el primer puesto. Como caso curioso, este año la junta organizadora determinó que la premiación se haría en los cuatro aires vallenatos respectivos: puya, merengue, paseo y son. Se buscaba con ello equilibrar los talentos creativos para que todos los aires se mantuvieran vigentes. El jurado calificador, integrado por los destacados compositores Santander Durán Escalona y Hernando Marín Lacouture, el escritor José Atuesta Mindiola, la folclorista Sandra Padilla Preston y la senadora Piedad Zuccardi Porras, no vaciló en valorar y premiar el paseo “Recuerdos de viejos tiempos” de Sergio Moya Molina. También fueron escogidos, el merengue “Soy el cantor” de Luis Cujia, la puya “Puya del folclor” de Luis “Checa” Ramírez y el son “Yo soy el son” de Ramiro Garrido. Esta modalidad de premiación de los cuatro aires vallenatos sólo se mantuvo dos años, es decir, hasta 1999. A partir del 2000, nuevamente la escogencia se hace en una sola canción, la cual puede pertenecer a cualquiera de los aires respectivos. 

Actualmente, Sergio Moya Molina reside en Valledupar, la ciudad donde nació el 27 de abril de 1941 y acaba de cumplir ochenta y un años de edad, de los cuales ha dedicado más de medio siglo al cultivo de su pasión musical.  Según él, esta aptitud le viene directamente de su padre, Juan Moya López, quien fue un excelente repentista y cantador de décimas en las fiestas patronales de Valledupar y de los pueblos vecinos. Sus primeras andanzas musicales las inició en los albores de los años sesenta, cuando hizo parte de un grupo de serenateros, que se especializaron en cantar boleros, rancheras y algunos aires propios de la música andina, menos vallenato, porque entonces esta música gozaba de poca admiración y estaba destinada a las bebetas callejeras y a los parrandeaderos rurales. Sin embargo, con el paso de los años, se fue aficionando a la creación musical y, como ya empezaban a mostrarse algunos conjuntos más técnicos y profesionales, sintió interés por dedicarse a los ritmos propios del folclor vallenato. Esta afición la incentivó más tarde con la creación del departamento del Cesar y la inauguración del primer Festival Vallenato en 1968.

Pero, la trayectoria vital de Sergio Moya Molina no estuvo dedicada del todo a la composición musical. También le consagró muchos años al desempeño de la contabilidad en varias empresas oficiales y privadas, trabajo que le sirvió para conseguir la jubilación estatal. Su producción artística, según él estima, alcanza las doscientas canciones, de la cuales una tercera parte permanece inédita, entre ellas, el paseo “Recuerdos de viejos tiempos” tema con que ganó el Concurso de la Canción Inédita en 1998. Actualmente, su talento creativo se encuentra representado por sus hijos, Sergio y Leonidas, quienes se han encargado de interpretar y difundir su extraordinaria producción musical, y ya gozan de mucho reconocimiento en la costa Caribe. Por su parte, el audaz compositor, continúa dedicado a la creación artística y, de vez en cuando, asiste a las invitaciones parranderas que le cursan. En éstas, cuando se lo piden o movido por el entusiasmo, toca la guitarra e interpreta sus composiciones, en particular “El contrabandista” y “La celosa”, los dos temas estelares, que conquistaron el sentimiento popular y le dieron un sitio de honor en la música vallenata.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

3 Comentarios


Diego Luis Padilla Cafiel 25-10-2022 08:18 PM

MUY BIEN MI ESTIMADO AMIGO, APLAUDO SU VERSATILIDAD, AHORA LO TENEMOS COMO CRONISTA FARANDULERO EJEECICIO QUE HACE CON MUCHO DOMINIO Y ESTILO COLOQUIAL ELEGANTE.FELICITACIONES, DE PASO NOS HA TRANSPORTADO A LOS AÑOS FEBRILES DE NUESTRA ADOLESCENCIA CUANDO ERAMOS FELICES E INDOCUMENTADOS.

Fernando Afanador 26-10-2022 10:20 AM

Excelente cronica, creo que falto incorporar esa gran canción titulada "EL TIEMPO" grabada por Silvertte Dangond. Relata la verdad de lo que cada dia dejamos pasar por la cotidianidad. Un abrazo.

Hermenegildo Ospino 27-10-2022 07:50 AM

INDISCUTIBLEMENTE EL TIEMPO, ES UNA OBRA MUSICAL QUE NO SE PORQUE RAZÓN EL CRONISTA NO LA COMENTÓ, PERO QUE EN LAS POCAS OCASIONES QUE HE VISTO ALGUNOS VIDEOS DEL MAESTRO SERGIO MOYA MOLINA, LA CANTA PERO LA CANTA CON EL ALMA, QUE SE SONROJA Y SE LE TRUNCA UN POCO LA VOZ CANTANDO. LO QUE ME INDICA QUE LA VIVE Y L SIENTE.

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