Música y folclor

La música que se escuchaba en los vapores que surcaban el río Magdalena

Álvaro Rojano Osorio

16/12/2022 - 06:25

 

La música que se escuchaba en los vapores que surcaban el río Magdalena
El barco de vapor David Arango en el que llegó a viajar García Márquez por el río Magdalena / Foto: créditos a su autor

 

En los vapores que surcaban el río Magdalena fue usual que se escuchara música con el fin de hacerle ameno el viaje a los pasajeros, debido a que el tiempo para ir de Barranquilla a Honda, o de regreso, dependía del caudal de esta arteria. Los medios para hacerla sonar fueron variados, desde el piano hasta los grupos musicales; sin embargo, podría indicarse que el más empleado fue el gramófono, que permitió la utilización de acetatos y vinilos de distintas revoluciones. La presencia de este reproductor en estas embarcaciones debió darse desde finales del siglo XIX, lo que coincide con la acogida que tuvo este producto, a partir de los años 80, en Bogotá, Medellín, Barranquilla, tanto que la compañía productora de reproductores de música Brunswick se estableció en esta última ciudad.    

Fue a través de este fonógrafo que, desde el siglo XIX y hasta finales de la primera mitad del XX, se escuchó la música que predominaba en Colombia, la europea, las cuadrillas, los minués, valses, contradanzas, polkas y mazurcas. Después, la norteamericana como el foxtrot, así como algunos aires colombianos como el pasillo, el bambuco. Sin embargo, que la música se escuchara a través de gramófonos se constituyó en una limitación para los ritmos musicales colombianos de moda: el pasillo y el bambuco, pues solo hasta 1908 fue grabado el primer pasillo, Jamás, de autoría del poeta Julio Flórez.   

Desde los años 30 del siglo pasado, la música cubana fue la de mayor arraigo en el gusto de los colombianos, y, por ende, la que más sonó en los buques que iban por el río, especialmente, el bolero, el danzón y el son, aunque, también, se escuchara guarachas y rumbas, luego de que los empresarios Emigdio Velasco y Ezequiel Rosado, trajeron a Barranquilla, discos de estos ritmos musicales. Proceso en el que fue determinante la radio cubana y colombiana, que era sintonizada, incluso, en los radios que hacían parte de los planes de viaje que ofrecían las empresas navieras, y me refiero a Barranquilla, porque no podemos olvidar que casi todas las compañías de navegación estaban asentadas en esa ciudad

La canción La Paloma, de la que se asegura que está entre las más interpretadas en el mundo, fue una de las primeras en ser exitosa en la ruta de los vapores que iban por el río Magdalena. También sonaron canciones de Miguel Matamoros, como Son de las Lomas, El que siembra su maíz, Lágrimas negras, Olvido. Del Septeto Habanero, La loma de Belén, El baile del Suavecito, Rosa qué linda eres. Del Septeto Nacional de Ignacio Piñeiros se recuerda el éxito Consuélate como yo. Mientras que de la orquesta Casino de la Playa, con Miguelito Valdés, Babalú y El Manicero. Sin olvidarnos de la música de la Sonora Matancera, cuya época de oro, comprendida entre 1947 y 1959, coincide en algunos años con la presencia, de manera importante, de vapores en el curso navegable del Magdalena  

La música mexicana y argentina también sonó en los reproductores de música de los vapores, siendo el tango el ritmo más escuchado, especialmente los interpretados por Carlos Gardel y Agustín Magaldi. Mientras que, entre la mexicana, los favoritos fueron: Guti Cárdenas, que cantaba boleros, la cantada por la peruana Lucha Reyes, por El trío Calavera, Luis Pérez Meza y Jorge Negrete.  

Con la llegada de las orquestas y bandas de viento a los vapores, la música mayormente interpretada fue la norteamericana, como el fox-trots, onestep, el charlestón, que comenzó a gustar a partir de los años 20 y que impuso la orquesta The Panamá Jazz Band, sin olvidar a algunos ritmos europeos y colombianos.    

La música del Caribe colombiano, especialmente porros, fandangos y cumbias, también fue interpretada en los vapores en la década del cuarenta. Pero, para que esto sucediera, debió darse un hecho, que, en los clubes sociales de Barranquilla, Cartagena, Bogotá, Medellín, fueran aceptados estos ritmos musicales, en lo que influyó el arreglista, compositor, clarinetistas, y director de orquesta, Lucho Bermúdez, y la existencia de un grupo importante de orquestas.  Por lo que no podemos descartar que tocaran Sebastián, rómpete el cuero, La vaca vieja, Pachito Eché, El Mochilero, Santa Marta, Tiene tren, pero no tiene tranvía, además de algunas canciones de José Barros, entre otras.   

De la música del Caribe también tenemos que destacar que, con la popularidad de Guillermo Buitrago y la difusión de su música en Colombia, éxitos como Víspera del año nuevo, debieron ser utilizados para hacer ameno el viaje de quienes se transportaban en vapores por el Magdalena.

 El cine también fue un difusor de la música que se escuchó en los vapores, especialmente cuando las películas que proyectaban eran argentinas o mexicanas, las últimas en donde utilizaban canciones y músicos cubanos como Ernesto Lecuona. Mientras que las hechas en Hollywood eran amenizadas con temas latinoamericanos y los que se escuchaban eran tangos y rancheras conocidos en Estados Unidos.  Fue en ese tiempo cuando la orquesta de Eduardo Armani grabó el éxito musical “El hombre Caimán” de autoría de José María Peñaranda, que fue llevada al cine, en 1946, en la película ``Pasiones tormentosas''.   

Gabriel García Márquez, como lo contó en Vivir para Contarla, viajando en el David Arango por el río Magdalena, rumbo a Bogotá, se relacionó con un grupo de estudiantes con los que, además de conformar un trío o un cuarteto musical, cantó boleros. Además, conoció un viajero que le pidió, cuando iban de Puerto Salgar a Bogotá en tren, que le cantara versos de algunos boleros, los que, además, copió para dedicárselos a su novia. Cuatro días después de haber coincidido en el tren, este personaje lo ayudó a inscribirse para optar una beca y, después, tras superar el examen, le aconsejó que se fuera para Tunja a estudiar. El amante del bolero era el director nacional de becas del ministerio de educación nacional. 

 

Álvaro Rojano Osorio

Sobre el autor

Álvaro Rojano Osorio

Álvaro Rojano Osorio

El telégrafo del río

Autor de  los libros “Municipio de Pedraza, aproximaciones historicas" (Barranquilla, 2002), “La Tambora viva, música de la depresion momposina” (Barranquilla, 2013), “La música del Bajo Magdalena, subregión río” (Barranquilla, 2017), libro ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el portafolio de estímulos 2017, “El río Magdalena y el Canal del Dique: poblamiento y desarrollo en el Bajo Magdalena” (Santa Marta, 2019), “Bandas de viento, fiestas, porros y orquestas en Bajo Magdalena” (Barranquilla, 2019), “Pedraza: fundación, poblamiento y vida cultural” (Santa Marta, 2021).

Coautor de los libros: “Cuentos de la Bahía dos” (Santa Marta, 2017). “Magdalena, territorio de paz” (Santa Marta 2018). Investigador y escritor del libro “El travestismo en el Caribe colombiano, danzas, disfraces y expresiones religiosas”, puiblicado por la editorial La Iguana Ciega de Barranquilla. Ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el Portafolio de Estímulos 2020 con la obra “Abel Antonio Villa, el padre del acordeón” (Santa Marta, 2021).

Ganador en 2021 del estímulo “Narraciones sobre el río Magdalena”, otorgado por el Ministerio de Cultura.

@o_rojano

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