Música y folclor

Esa Salsa que te devuelve la vida

Johari Gautier Carmona

23/01/2023 - 05:05

 

Esa Salsa que te devuelve la vida
El periodista Johari Gautier y su esposa en Valledupar / Foto: archivo personal del autor

 

No sabría decir cuántas veces la Salsa me devolvió la vida -porque desde muy temprano, quizás desde que nací, estoy en contacto con ella-, pero recuerdo la vez que la hice mía por completo y la integré para siempre en mi modo de vida. Fue en el mercadillo de Montreuil (“Les puces de Montreuil”), en ese París cosmopolita del año 1997. Allí andaba curioseando con un amigo, mirando las mesas llenas de cds, dvds y todo tipo de objetos coleccionables. En algún momento, me topé con un vendedor de música tropical y le expresé mi interés por las sonoridades latinas y en especial los ritmos cubanos. El hombre era músico. Me escuchó con calma y supo interpretar a la perfección lo que andaba buscando: algo joven, pero virtuoso. Algo musicalmente magistral, pero bailable y relativamente fácil de escuchar (para el que ya ha emprendido un camino por los lares del Son y la Salsa). Entonces, me tendió el CD "Hey You, loca" de La Charanga Habanera con un certero: "Te va a gustar ".

La Charanga Habanera llevaba unos años revolucionando los escenarios de la música en Cuba, pero apenas hacía sus primeros pasos en Francia. El vendedor -que sabía de jazz y de armonías caribeñas- anticipó increíblemente bien mi reacción, pero nunca se imaginó el terremoto que supuso para mi vida. Yo, joven estudiante en busca de ritmos y letras que rompieran con el pesimismo imperante del hip hop de los 90, y deseoso de encontrar melodías que se emparejaran con mis raíces antillana y española, quedé subyugado por completo por la originalidad y la expresividad de la banda cubana.

Ya antes había hurgado en distintas recopilaciones un tanto envejecidas de éxitos cubanos, también había disfrutado con el ingenio de salseros de gran impacto como el colombiano Yuri Buenaventura, quien consiguió ubicarse en lo alto de la ola “latina” de París, o la famosa Gloria Estefán que, con su álbum “Mi tierra” (1993), se había hecho un lugar reverencial en el mapa salsero universal. Pero la salsa cubana me llegó con un sabor diferente: una sonoridad fresca, una estética renovadora, una estructura cambiante, llena de explosiones rítmicas y transiciones melódicas, y sobre todo una jocosidad (o frivolidad) en sus letras que realzaba la genialidad de los instrumentistas.

Descubrir a la Charanga Habanera fue como iniciar una nueva vida. Con ella experimenté el primer milagro salsero. La música de David Calzado me acompañó en los túneles laberínticos del metro parisino, los revistió de color, de sensaciones y movimiento, también llenó de alegría mis paseos interminables a la Universidad de Saint Denis con canciones como “Para el llanto”; “Concéntrate en mí” y “Tremenda atmósfera”, todas ellas de una calidad asombrosa.

De repente, me percataba que, en alguna parte del planeta, la juventud andaba creando música viva y consistente, igual de rebelde que muchas otras de la época, pero construida sobre la base de un virtuosismo musical y una esencia hispana y antillana. Y así fue como París me pareció menos vacía. Con David Calzado entendí que yo estaba perdiendo tiempo (y vida) escuchando a raperos estadounidenses como Snoop Dogg, 2Pac o Notorious Big, dedicados a recrear algo exageradamente falso y material. Las canciones de La Charanga me hicieron entrar en un universo en el que todo se impregnaba de una cierta soltura, y con la que podía identificarme plenamente. La brillantez y la elasticidad del idioma español, y la explosividad de la música cubana eran, sin duda, los elementos que más influían en ese delirio musical.   

Entonces, llegó la necesidad de conocer más y así se formó la avalancha de artistas cubanos que moldearon mi panorama musical. Primero Manolito Simonet y su famoso Trabuco, que, con temas como “Todavía no”, “El Águila” o “Llegó la música cubana”, se convirtió en mi referente absoluto. Acudía a sus conciertos en la sala del New Morning, en el distrito 11 de París, como el más devoto de los seguidores. Me ubicaba en los primeros puestos e incluso aprovechaba los descansos para tomarme algunas fotos con el maestro del piano -de hecho, era la primera vez que sentía la necesidad de llevarme un recuerdo de aquellas noches -. Compartí muchos de esos momentos con mi padre, que al igual que yo, disfrutaba viendo la nueva generación cubana en acción y recibía cada “tumbao” endiablado como si de agua bendita se tratara. Así es como Manolito Simonet y sus cantantes (el Gallo y el Indio) terminaron siendo testigos de mis primeras grandes fiestas caseras y me ayudaron también a superar las primeras grandes desilusiones amorosas (aquellas que se digieren y se olvidan tragando grandes dosis de vida). En aquella época, ya tenía claro que no hay cosa más poderosa que los vientos de la música cubana. También hice mía la idea de que los “tumbaos” interpretados en el piano son grandes multiplicadores de la auténtica felicidad.

Llegó el momento de irme a estudiar a Inglaterra (en la ciudad de Derby) y lo hice colocando en mi maleta los cds de Elio Revé y su Charangón, Paulito FG, NG La Banda y otras referencias de Puerto Rico (como El Gran Combo). Con un amigo angoleño que apenas se adentraba en el mundo de la Salsa –pero que enseguida se dio cuenta de su poder de atracción–, empezamos a organizar las más bellas fiestas que recuerdo. Estudiantes de todas partes del mundo, se encontraban para bailar siguiendo el ritmo de la clave cubana y así fuimos explorando el lenguaje de la seducción: saludar, invitar, esbozar unos pasos, iniciar un breve diálogo, posar la mano sobre la espalda de la pareja, intercambiar miradas y sonrisas, y así romper el hielo que cualquier otra música mantendría mucho tiempo más.

La Salsa es un gran catalizador de emociones. Una fuente de vida que ayuda a que los seres se suelten y se acerquen sin necesidad de grandes excusas. Además, transmite una buena energía. Una energía natural, genuina, que renueva, que te hace más joven, así como dice el famoso estribillo de Elio Revé:

“Si me preguntas cómo estoy,

Solamente te diré

Estoy más viejo que ayer

Más joven que mañana”.

A la ciudad de Barcelona me trasladé en el año 2002. Allí, en la tierra donde nació mi madre, me llevé la Salsa en una maleta más pesada y voluminosa, y, allí también, como cosa del destino, me hice escritor. La escritura no relegó la música a otro sitio, sino que me invitó a mirarla con más profundidad, a abrazarla, a renovarme con ella y apreciar el estilo de cada banda con más intensidad. Extrañamente, los conciertos de música cubana no eran tan numerosos como en París, pero, a diferencia de la capital francesa, Barcelona mantenía una escena dinámica y talentosa, constante y primorosa. La bohemia de los años 2000 permitía que los músicos tocaran en una casa abandonada de Vallcarca, o que músicos se rotaran en el Jazz Sí Club, cerca del Mercado de Sant Antoni. En una de esas “fiestas clandestinas”, descubrí el amor de mi vida, y en el Club de músicos –que todavía sigue abierto–, conocí al Indio de la Orquesta Revé. En ese local lo vi interpretar “Mi salsa tiene sandunga”, un tema maravilloso. Mi oído maduró escuchando a Los Van Van, recorriendo sus ricas mezclas (“Llegó Van Van”, “Esto te pone la cabeza mala”, “Chapeando” y “Tim pop”) y, luego, empecé a aventurarme por el Jazz Latino de Irakere, Michel Camilo o Arturo Sandoval. Pero la Salsa seguía primando. Y sigue primando, al fin y al cabo. Cada reencuentro con ella es motivo de una profunda felicidad y una sensación de que la vida no pudo ser mejor de lo que es. 

En el 2005, concreté mi sueño de viajar a Cuba y recorrí la isla con un amigo en busca de las melodías que llevaba escuchando desde hacía casi una década. En La Habana, tuve el honor de presenciar un recital jazzístico del pianista Roberto Fonseca, me encontré por casualidad en el funeral de Ibrahim Ferrer –miembro estrella del Buenavista Social Club–, y, pasando por Matanzas, disfruté de un extraordinario concierto de Klimax y de Manolito y su Trabuco, junto a unas amistades que se volvieron familia y con quienes todavía mantengo contacto. En Santa Clara, conocí a unas bailarinas hermosas de mirada brillante, expertas en el dominó. Ellas me reafirmaron la idea de que la Salsa (y la vida) se disfruta bailando.   

De regreso a Europa, me casé en el Castell de Mediona, en las afueras de Barcelona, y la canción que abrió el baile de mi boda se titula “Suave” de Manolito Simonet, un chachachá-balada que dice: “Creo que encontré la forma de bailar contigo, suave, suavecito”. A partir de ese periodo me abrí a la música de otros grandes artistas salseros como Alexander Abreu –autor de canciones admirables como “Pasaporte” y “Tres días”– y seguí explorando las moradas del Jazz Latino. Para contrarrestar los periodos de melancolía o las súbitas preocupaciones, mi esposa entendió muy tempranamente que el mejor remedio era poner un Cd de Manolito Simonet y tocar alguno de sus grandes éxitos. Y no lo niego: funciona instantáneamente. Hoy todavía, cuando me ve un poco callado o apesadumbrado, se acerca sigilosamente y, como sin querer, me lanza un “Deberías ponerte algo de Salsa…”.

Con mi traslado a la ciudad de Valledupar (en Colombia), experimenté quizás el cambio más abrupto en términos musicales. Pese a ser una ciudad caribeña, de encontrarse mucho más cerca del “epicentro salsero” y pertenecer a un país de gran tradición rumbera, descubrí que Valledupar es diferente y que no todo el Caribe es Salsa. En la “Capital Mundial del Vallenato”, las canciones de Alejo Durán, Gustavo Gutiérrez y Silvestre Dangond son la norma. Así pues, me adapté y disfruté conociendo a los compositores de la región. Presencié parrandas calurosas y concursos de acordeón memorables. Sin embargo, la ausencia de los escenarios de música salsera es innegable. Por eso, desarrollé sin quererlo un sexto sentido que me permite detectar a mucha distancia un bajo “salsero” o la clave del “dos más tres”. Al mismo tiempo, mi casa se convirtió en un refugio donde Polo Montañez, Candido Fabré, Manolito, Revé y Los Van Van pueden encontrarse sin problema, charlan conmigo y disfrutan del mejor ponche mientras en el fondo suena “Fin de semana es la cita” de Adalberto Álvarez. Paralelamente, descubrí que, en las redes sociales (y especialmente en Twitter), existen cuentas –como las de @QuillaSalsa, @SalsaChevere, @don_alirio, @Salsanamasalsa o @Salsajazz– que recrean el universo de la Salsa a su manera y comparten sus intereses apasionadamente. Se asemejan a pequeñas guaridas coloridas, llenas de ilusión y de nostalgias, que reivindican sus artistas favoritos con todo tipo de datos y curiosidades. Gracias a ellas me he acercado a la Salsa de otros artistas que ya conocía pero que no escuchaba habitualmente (Ismael Miranda, Francky Ruiz, Azuquita, Óscar d´León o Joe Arroyo), y sobre todo me he dado cuenta que la Salsa es una forma de ser (en la vida) y una razón para estar (celebrándola).

A veces me pregunto, ¿qué hubiese sido de mi vida sin la Salsa? Y en el fondo, por pura casualidad, empieza a resonar un “dos más tres” y un guaguancó envolvente…

Entonces, me respondo a mí mismo: “¡Ay, Dios! ¡Ampárame!”.

 

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier

Sobre el autor

Johari Gautier Carmona

Johari Gautier Carmona

Textos caribeños

Periodista y narrador. Dirige PanoramaCultural.com.co desde su fundación en 2012.

Parisino español (del distrito XV) de herencia antillana. Barcelonés francés (del Guinardó) con fuerte ancla africana. Y, además -como si no fuera poco-: vallenato de adopción.

Escribe sobre culturas, África, viajes, medio ambiente y literatura. Todo lo que, de alguna forma, está ahí y no se deja ver… Autor de "Cuentos históricos del pueblo africano" (Ed. Almuzara, 2010), Del sueño y sus pesadillas (Atmósfera Literaria, 2015) y "El Rey del mambo" (Ed. Irreverentes, 2009). 

@JohariGautier

2 Comentarios


Rafael Moreno 25-01-2023 03:10 PM

Genial, su majestad La Salsa, marcando siempre el ritmo de las vidas.

Berta Lucía Estrada 28-01-2023 04:19 AM

¡Qué maravilla de artículo! Lo disfruté de cabo a rabo. ¡Felicitaciones Johari Gautier Carmona!

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