Música y folclor

Reminiscencias de Don Toba, un alma noble al servicio de la cultura popular

Hernán De La Ossa Benítez

17/10/2025 - 06:35

 

Reminiscencias de Don Toba, un alma noble al servicio de la cultura popular
El compositor Tobías Enrique Pumarejo Gutiérrez junto a Gustavo Gutiérrez / Foto: archivo PanoramaCultural.com.co

 

No cabe duda que la visibilidad de la que hoy goza la música vallenata en el siglo XXI fue fraguada muchos años atrás por un grupo de acuciosos que, exhortados por la necesidad de conformar un folclore visible ante el mundo, alzaron la voz y rompieron la barrera de la censura para posicionar sus quimeras y dolores hechos música de acordeón.

La cultura vallenata emerge de las sombras como una excusa, en primera medida para desahogar las penas del alma, y, luego, como un motivo de fiesta y diversión. En ese cardumen en el que se contaban escritores, poetas y consagrados parranderos, se distinguió la figura de Tobías Enrique Pumarejo Gutiérrez. El proceso fue a todas luces tedioso y extenso, dadas las circunstancias sociales de los años treinta, donde la música vernácula interpretada en gaita o acordeón era sinónimo de una manifestación burda y grotesca de la herencia india ancestral (en el caso de la música de gaita) o de parranda, alcohol, vicios y promiscuidad (en el evento de la música vallenata). Es que, aunque parezca una historia macondiana, la música vallenata que reina entre los demás ritmos musicales colombianos, fue en su preludio menoscabada por la zona donde nació. Para la época de su anonimato, quienes “mandaba la parada” en las reuniones de la clase alta valduparense eran los valses, pasillos, guabinas y música clásica, como emulando la cultura de la alta sociedad bogotana.

Atribuir a una figura el comienzo de lo que hoy llamamos “folclore vallenato” es, indefectiblemente hablar de Tobías Enrique Pumarejo o “Don Toba”, quien era la clásica y primitiva representación de la rebeldía musical en aquellos primeros años donde el vallenato fue relegado los patios de las casas de los parranderos. Por herencia, don toba fue miembro de la connotada sociedad vallenata, esa que repudiaba la música de acordeón, la misma que aceptó las melodías del primer vallenato mimetizadas en las cuerdas de una guitarra y que se fue adaptando a escuchar pitos y bajos con el transcurrir del tiempo. Aun siendo hijo de la elite, Tobías Enrique Pumarejo fue un adolecente de la discriminación vallenata y desarrolló un instinto poético y musical que lo convirtió años más tarde, en el precursor del vallenato romántico-narrativo.

En su estancia estudiantil en Medellín de la mano del luego senador y gobernador del Magdalena Pedro Castro Monsalvo, conforma el grupo musical “La orquesta magdalenense” donde interpretaba valses, pasillos, boleros, rancheras y vallenatos, lo que representó un enriquecimiento musical y una visión cosmogónica del primigenio vallenato. A la postre, don toba se convertiría en un compositor singular, amante al campo, mujeriego empedernido y los caballos, a los cuales compuso varias piezas musicales como “El alazanito”. En sus letras se denota claramente la mezcla metafórica y comparativa de la naturaleza, la poesía y las mujeres, carácter que lo consagró como la directriz de los nuevos compositores.

La víspera de año nuevo” evoca con nostalgia el deceso del tiempo que se va en el año viejo y las emociones que despierta un año venidero. Grabada por Guillermo Buitrago, es su canción más escuchada en la época decembrina, que, además, se ha grabado en un sinnúmero de versiones e interpretada por artistas de talla internacional.

De su extensa obra podemos denotar “Cállate corazón”, “Flores copeyanas”, “Mírame fijamente”, “Despedida de Patillal”, entre otros temas que evocan las nostalgias y alegrías del autor y que se han proliferado a lo largo y ancho del país. Nacido en Valledupar el 8 de agosto de 1906, Pumarejo llevó una ajetreada vida entre el Valle y El copey, donde tenía su finca “El otoño”, epicentro de parrandas interminables con los más distinguidos exponentes de la música vallenata, vida que se apagó en Barranquilla el 8 de abril de 1995. Con Tobías Enrique se apagó la connotación poética que caracterizó por muchos años al vallenato auténtico, quedan en el subconsciente popular las melodías y letras que no son más que un hito marcado que merece ser rescatado por los compositores e intérpretes de la época contemporánea por la única necesidad que requiere el vallenato de volver a su época dorada donde reinaba la poesía sentimental y la metáfora que surge del amor.  

 

Hernán de La Ossa Benitez 

Sobre el autor

Hernán De La Ossa Benítez

Hernán De La Ossa Benítez

La bitácora del naufrago

Hernán Duley De La Ossa Benítez, nacido en Sincé, departamento de Sucre el 7 de agosto del 2000. Actual estudiante de la facultad de Ciencias jurídicas de la Universidad del Sinú, sede Montería. Escritor por vocación desde sus primeros años. Autor del libro “¿A dónde van las gaviotas?”, publicado por la editorial Torcaza en 2021. Asiduo lector de prensa, literatura contemporánea y amante de la poesía clásica. Poeta y columnista, refiere en sus líneas inquietudes sociales y exalta la cultura de la región sabanera con un ambiente raizal y espontáneo, sencillo y atrapante para el lector. Cursó bachillerato en el Liceo Panamericano campestre de la ciudad de Sincelejo, donde reafirmó su vocación de escritor.

1 Comentarios


Emiliano Rivera Guette 19-10-2025 10:52 PM

Buen artículo, pero, "Flores copeyanas" es de Luis Enrique Martínez, inspirada en don Toba.

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