Música y folclor

El día que usurparon la identidad de Hernando Marín en Barrancabermeja

Luis Carlos Guerra Ávila

03/10/2023 - 00:15

 

El día que usurparon la identidad de Hernando Marín en Barrancabermeja
La ciudad de Barrancabermeja fue testigo de una insólita historia con Hernando Marín

 

He oído historias de personas que se hacen pasar por otras. Llegan a un pueblo y se presentan con el nombre de un personaje importante, y al no tener referencias claras del forastero, muchas veces caen por inocentes, lo que ocasiona una estafa o engaño. Aprovechándose de la gentileza y hospitalidad de todo un pueblo. Ocurrió en una emisora de Barranquilla, con algún acordeonista que se hacía pasar por Francisco el Hombre, suplantando a Pacho Rada por la fama que el juglar tenía.

También a Alejo Durán. Era tanta su fama que conocían su música, pero muchas personas no lo conocían personalmente. Esto pasó en el año 68, cuando Alejo Durán se dirigía a concursar en el primer Festival Vallenato. Pasando por Bosconia Cesar, llegó a una mesa de fritos, colocó el acordeón junto a la silla y la señora le preguntó: '¿Usted para dónde va?' A lo que el maestro le contestó: 'Voy a concursar en el Festival Vallenato'. La señora lo observó de arriba a abajo y le dijo: 'Vea, perdóneme mi atrevimiento, han pasado muchos acordeonistas, pero el que va a ganar es Alejo Durán. Mejor devuélvase pa' su casa."

En el Festival de Acordeones del Río Grande de la Magdalena, en Barrancabermeja (Santander), donde la Cultura anfibia se respira por los poros, donde el sonar de las tamboras y las cumbias se encuentran en el ADN de sus moradores, y donde la población se deja acariciar por las majestuosas aguas del río, como si el Magdalena arrullara a sus pobladores, fundiéndose entre pescadores, comerciantes, campesinos y obreros de las compañías petroleras.

Allí, en esa región, a finales de la década de los ochenta, sucedió que en una mañana fresca llegó un personaje a la población. Dicen que desembarcó por el río, otros opinaban que lo habían visto bajarse de un bus que venía de la costa.

Lucía un sombrero Wayú, originario de La Guajira, una mochila arhuaca y una camisa bastante colorida, despertaba curiosidad la forma de hablar. Tenía acento guajiro y una personalidad jocosa.

Se presentó en el parque infantil, donde hacían el festival. Allí causó la admiración de un destacado periodista, quien inmediatamente lo abordó para entrevistarlo y hacer una nota con el primer visitante. Le preguntó: “Para los oyentes de esta emisora, ¿cómo se llama usted, por favor, si puede decirnos?' 'Claro, mi nombre es Hernando Marín'.

El locutor quedó impávido, casi no daba para mediar palabras.

Inmediatamente le colocó la mano en el hombro y lo invitó a que lo acompañara, que le iba a presentar al presidente del Festival y a la Junta Directiva. El compositor se dejó seducir por el periodista y lo acompañó a dónde estaba el dirigente. “Jefe", le dijo el periodista, "tengo el gusto de presentarle a Hernando Marín Lacouture, el famoso compositor de La Guajira, amigo mío."

El presidente del festival no podía dejar pasar por alto tan honorable visita, lo saludó y le presentó a toda la junta directiva y dio la orden de atenderlo como huésped honorable del Festival.

Lo hospedaron en el mejor hotel de Barrancabermeja, hotel “Pipatón" donde llegaban hijos ilustres e invitados especiales del alto gobierno. Le hicieron un abono de quinientos mil pesos para gastos ocasionales, con la promesa de entregarle otro abono más adelante en el transcurso del festival.

Las atenciones y las invitaciones no se hicieron esperar y le pusieron una hermosa dama para que lo acompañara en todos los actos a los que asistiera. Los presentadores de los actos protocolarios respiraban emoción al nombrar a tan grande compositor como el invitado especial del festival. “Señoras y señores, en este festival contamos con la presencia del compositor Hernando Marín Lacouture, para lo cual solicitamos un caluroso aplauso”.

El público aplaudía y le hacían llegar tragos de whisky, y le saludaban con gran cariño y empatía. Entrada la noche, lo pasearon por la ribera del río Magdalena en una lancha de dos motores fuera de borda, con picada de carne y cóctel incluido, una atención del señor alcalde, quien gustosamente le mostraba la ciudad. Un fino whisky en copas de cristal de Murano en la casa del burgomaestre.

El periodista, muy engreído por haberle presentado a Hernando Marín al presidente de la fundación, se jactaba de la gran amistad que tenía con el compositor en largas noches de parrandas en La Guajira y Valledupar. Dos días tomando las mejores bebidas alcohólicas y degustando las mejores comidas de la región completaba este ilustre personaje inmerso en la alta sociedad del pueblo.

La amplificación retumbaba cada vez que lo nombraban, ya que esto le daba prestigio y realce al festival. De hecho, el festival transcurría normal con el acostumbrado éxito del primer día, buen comportamiento de la gente y excelentes agrupaciones amenizando. Llegó la final esperada por todos. La noche pintaba espectacular, una luna brillante y majestuosa, un jurado nuevo invitado para calificar.

Entre ellos César Portasi, un reconocido músico que por su recorrido con varias agrupaciones conocía a Hernando Marín Lacouture. Cuando escuchó a los presentadores nombrarlo, le dijo a un integrante de la Junta Directiva que él era amigo del compositor, que quería saludarlo y que lo llevaran allá donde él se encontraba.

Así fue, llegaron al lugar donde estaba el cantautor. El estaba en una posición reclinada de espalda con su sombrero wayúu, la mochila arhuaca y una camisa muy vistosa, cual artista consagrado. “Maestro Hernando Marín” -le dijo-. “Un amigo tuyo te quiere saludar”.

Fue volteándose lentamente hasta quedar frente a frente con César, el cual inmediatamente exclamó: ”!Eche! Este man no es ningún Hernando Marín”.

La estantería de aquel infortunado personaje se vino al suelo, a pique, como avioneta con motor apagado en vuelo. El periodista que decía conocerlo no sabía dar explicación de lo sucedido, sentía una extraña descompensación en su cuerpo. El presidente del festival tomó la decisión de callar aquel suceso para no causar burlas en la comunidad.

Llamaron al hotel y cancelaron la habitación y todo lo que había consumido. Le revisaron la mochila y portaba dos camisas coloridas, pintorescas. De los quinientos mil pesos que le habían adelantado, solo encontraron diez mil pesos. Se los dejaron para que se fuera antes del amanecer del pueblo.

Algunos moradores comentaron que vieron salir a Hernando Marín Lacouture en la madrugada. Algunos dijeron que se fue por el Río, otros que en un bus que iba para la costa norte. Nunca se supo quién fue este singular personaje que gozó y bebió a costilla del compositor Hernando Marín Lacouture.   

 

FIN

 

Agradecimientos a las fuentes: Gregorio Ortiz Epalza, presidente del festival y al folclorista Alfredo Baldovino.

 

Luis Carlos Guerra Ávila

Tachi Guerra.

 

Sobre el autor

Luis Carlos Guerra Ávila

Luis Carlos Guerra Ávila

Magiriaimo Literario

Luis Carlos "El tachi" Guerra Avila nació en Codazzi, Cesar, un 09-04-62. Escritor, compositor y poeta. Entre sus obras tiene dos producciones musicales: "Auténtico", comercial, y "Misa vallenata", cristiana. Un poemario: "Nadie sabe que soy poeta". Varios ensayos y crónicas: "Origen de la música de acordeón”, “El ultimo juglar”, y análisis literarios de Juancho Polo Valencia, Doña Petra, Hijo de José Camilo, Hígado encebollado, entre otros. Actualmente se dedica a defender el río Magiriamo en Codazzi, como presidente de la Fundación Somos Codazzi y reside en Valledupar (Cesar).

2 Comentarios


Diomar 03-10-2023 05:47 AM

Vease la película "EL EMBAJADOR DE LA INDIA"

Luis Ortiz 03-10-2023 06:29 AM

Excelente historia muy bien narrada se siente uno que la está viviendo!

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