Música y folclor

Hay una nueva forma de gestionar el Vallenato

Juan Cataño Bracho

13/11/2023 - 01:40

 

Hay una nueva forma de gestionar el Vallenato

 

La vida del hombre transcurre entre trabajar y celebrar y para todo ha creado las herramientas para hacerlo de la mejor manera. 

En lo que tiene que ver con el vallenato, básicamente, desde cuando empezamos a definir lo que convenimos fueran nuestros aires tradicionales (Puya, Paseo, Merengue y Son) que se me antoja puede tomarse como gran primer laboratorio a El Paso, por lo de la primera gran concentración de mano de obra que demandó la hacienda “Las Cabezas”; antes de que aparecieran los equipos electrónicos de sonido el hombre vallenato empezó a gestionar la forma de divertirse: primero con los bailes cantaos y luego con la fabricación de sus propios instrumentos para darle un mayor alcance a fruto de su jolgorio (la voz, las palmas, los golpes, etc.) y así se fueron remplazando las palmas por los tambores, por ejemplo.

Junto a eso fue surgiendo la necesidad de personas que se encargaran, especialmente, de amenizar las fiestas y se fueron juntando “Los músicos”, por la necesidad de la sonoridad y la armonía. Con ello fueron surgiendo los conjuntos y la cualificación de los ejecutantes de los instrumentos que, en poco tiempo, ya era posible distinguir y cualificar.

Con la aparición de los grupos musicales y la tendencia del hombre a celebrar y, cada vez, de la mejor manera; fueron surgiendo las contrataciones en principio a nivel de cuadrillas y patronos, familiares, sociales, parroquiales, provinciales y después masivas, en las que se mezclaron “propios y extraños”. 

Con esto surgieron velaciones, que hoy conocemos como “Las Novenas a los Santos Patronos”; las parrandas, entre familiares, amigos y conocidos. Después las verbenas o bailes populares, después las casetas, luego las fiestas públicas, donde las agrupaciones pasaron a ser pagados por las administraciones públicas, y las fiestas privadas, que son costeadas por quien las ofrece.

Así fuimos pasando de músicos voluntarios, quienes contribuían a la celebración con el aporte de sus habilidades artísticas; luego vinieron los contratos, donde los músicos alternaban sus labores, porque no se consideraba, aún que la música produjera lo que la persona necesitaba para sostener a su familia.

Cuando se fue extendiendo la fama de los músicos y surgiendo las celebraciones cotidianas, estos fueron abandonando las otras labores y se fueron dedicando exclusivamente a la música y a depender de las contrataciones, como aconteció con Alejandro Durán, por ejemplo, que abandonó su pueblo El Paso y sus labores en la hacienda “La Cabezas”, y se fue de gira hasta radicarse en Planeta Rica (Córdoba).

Con el nacimiento del Festival de la Leyenda Vallenata llegó el gran impulso para la música vallenata, porque esté se convirtió en la gran vitrina para el arte musical. Recordemos que, antes, nuestros juglares eran famosos en nuestras parroquias, en donde la comunicación era bastante incipiente. Recordemos que, en Rincón Hondo, con ocasión del Primer Festival de la Leyenda Vallenata, una señora del pueblo criticó a un negro que, hacia tránsito hacia Valledupar, quien le había manifestado su decisión de venir a concursar; a lo que la señora, por no saber con quién hablaba, le pareció iluso en sus ambiciones. 

Luego surgieron los solistas, vinieron las famosas “Casetas”, surgieron los jugosos contratos y fueron necesarias las grandes agrupaciones con mayor número de integrantes. Así surgieron los empresarios, los contratistas y todo el recurso que era necesario para llevar a cabo semejante empresa, que se convirtió en dinamizadora de nuestra economía. Con la ayuda de los medios de comunicación, nuestra música fue ampliando su mercado y, con la bonanza de la marihuana, nuestros juglares y músicos fueron aumentando su cotización.      

Surgió entonces la actividad de los músicos, de vivir, exclusivamente, de la música y a depender de los contratos. En esta misma medida, surgieron los trabajadores de la música, los que sólo vivían del arte musical, del contrato y que no se preocuparon por prepararse o hacer algo más; los mismos, que, si pasados los años no supieron administrar lo producido por los tiempos de “bonanza”, pasaron a “vivir” en la miseria.

Hasta hace poco, la música vallenata volvió a la plaza pública patrocinada por los administradores de lo público y por el auge de las fiestas patronales como medio para apreciar a los grandes artistas. Esta actividad, aunque más segura para los artistas, porque ya no dependen de la “taquilla” para asegurar su salario, ha sido muy criticada porque algunos consideran que constituyen despilfarro de lo público y una forma de sublimar el parecer de Leandro Díaz, según el cual, “los gobernantes mantienen al pueblo de fiesta en fiesta para que nunca estalle la revolución”.

Ahora estamos asistiendo a una nueva forma de gestionar, no solo al vallenato, la música en general, que ha hecho su aparición con mucha fortuna en Valledupar pero que ya Silvestre Dangond la venía mostrando en otras latitudes. Se trata de los Conciertos Auto Gestionados por las empresas musicales, que han incorporados nuevos profesionales de la Administración de Empresas y el Mercadeo, como lo certifican los conciertos programados por Silvestre Dangond, Ana del Castillo, Diego Daza y “Rafa” Pérez.

Esta es una actividad que, pese al sentimiento de los “aguafiestas” que a todo le ven el lado malo y lo sospechoso, genera empleo, dinamiza la economía y, por encima de todo, le sirve al músico para gestionar sus propios recursos.

Para mí significa un sueño hecho realidad porque, desde hace algún tiempo, venía abrigando la esperanza de que, con el fin de generar empleo, la administración pública, en su ámbito cultural, propusiera a los artistas nuestros “el impuesto a la cultura voluntario” consistente en que ellos contribuyeran, con un Concierto Gratis cada año, a la generación de empleo, ya que redundaría en la dinamización de la economía a través de todo tipo de productos y movería la industria del turismo y todo lo que ello implica. Entre todos los que se ofrezcan y se podría dar un concierto mensual. 

Estos conciertos también contribuyen, además de cualificar a los artistas que se imponen éste reto que va más allá de “pasar en palo ‘e mango”, a medir la capacidad de convocatoria y el nivel de aceptación de las empresas musicales, que representan una modalidad empresarial y no hay que desconocer que el vallenato es nuestro más productivo emprendimiento.

Bienvenidos los “Conciertos Auto Gestionados” de nuestros artistas vallenatos y que viva la creatividad y la capacidad de gestión entre nosotros. Felicitaciones a los que se atrevieron y lograron sus objetivos y suerte para los que vendrán.  Pero, es necesario que todos, incluidas las autoridades, entremos en la misma sintonía. 

 

Juan Cataño Bracho

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