Música y folclor

26 de mayo de 1957, cuando nació un héroe vallenato llamado Diomedes Díaz

Jorge Eliecer Otero Fernández

22/12/2023 - 04:30

 

26 de mayo de 1957, cuando nació un héroe vallenato llamado Diomedes Díaz

 

Se le reconoce con nombres como el Cantor Campesino, Chivato, Guajiro, Inmortal, Indio o Papá de los pollitos; sin embargo, para muchos siempre será recordado con el apelativo de “El Cacique de La Junta”, ese ser trascendente que sigue vivo, ya que muere aquel que se olvida y Diomedes está presente en cada rincón del mundo donde haya un vallenato de verdad.

Diomedes sigue en la mente y el corazón de su fanaticada, de una generación de hombres y mujeres que nacieron, crecieron, se enamoraron y deleitaron con sus letras e interpretaciones; como él mismo les decía en sus presentaciones y grabaciones: “Estos son mis seguidores”

Cuando se quiere estudiar la historia del folclor vallenato aparece un listado ilustre de personajes que engrandecieron este género musical; la música de toda una región conformada por departamentos que vieron nacer a Francisco Moscote, Alejandro Durán, Juancho Polo, Pacho Rada, Luis Enrique Martínez, Adolfo Pacheco, Andrés Landero y Alfredo Gutiérrez, por decir algunos.

A la anterior lista se suma en la segunda mitad del siglo XX unos intérpretes como Jorge Oñate, Poncho Zuleta, Beto Zabaleta y Rafael Orozco; sin embargo, respetando los gustos artísticos, el suceso que marcaría una nueva etapa del vallenato sería el nacimiento de una estrella demasiado resplandeciente, que se iba a perpetuar por los años venideros en el Olimpo del vallenato real, el hijo de Elvira Maestre y Rafael María Díaz: Diomedes “Dionisio”.

Un 26 de mayo de 1957 nace el cantor campesino, la figura que dio a conocer un pueblito desconocido para muchos llamado La Junta. Desde el natalicio de Diomedes en este corregimiento guajiro, las anécdotas se transformaron en letras para canciones sentidas. En las calles arenosas y empedradas, en sus casitas de gente humilde se escuchan las melodías del cantautor, no dejan de ser entonadas en sitios públicos sus letras impregnadas de poesía y filosofía.

Más que como un artista vallenato, para muchos el mejor de todos, hay que analizar la vida de Diomedes desde el plano social, ya que se sabe de su desprendimiento de la plata, ese altruismo lo llevaba a gastarse millones de pesos en pocos días; no sólo era pródigo en sus gustos personales y familiares, sino ayudando a amigos, conocidos y hasta personas que jamás había visto. Al artista poco le importaba el dinero.

“Las vacas pariendo y yo bebiendo”

Fue llamado y bautizado Diomedes Díaz Maestre, dos apellidos y un solo nombre al cual le acuñaron “Dionisio”, precisamente por su afinidad con el dios griego Dioniso, divinidad hijo de Zeus y Sémele, amante de las fiestas, el vino y la sexualidad.

Tanto fue el éxito de su apelativo que por años se creyó que era su segundo nombre, pero esa afirmación fue descartada años más tarde. Sin dudas que el mundo vallenato no verá surgir otro igual. Lo afirmaba frecuentemente: “Como Diomedes no hay otro, eso nunca nacería, y si nace no se cría y si se cría se vuelve loco”.

En muchos pueblos caribeños, para sus seguidores era un acto religioso esperar el 26 de mayo de cada año para ir a comprar el Long Play (LP) o el casete de su ídolo en diferentes empresas transportadoras y almacenes. Largas filas de seguidores que, desde la madrugada llegaban para adquirir el producto original. Se dice que algunos aficionados pernoctaban desde el día 25 en las afueras de los sitios de venta.

Los fanáticos con menos ingresos por lo general tenían grabadoras, ya que los equipos de sonidos con tocadiscos eran muy costosos, entonces a los pueblos llegaban muchos casetes, tanto piratas como originales. El “diomedista” de corazón no quería copias, ahorraba para tener el dinero suficiente y compraba el original.

Algunos campesinos duraban meses engordando pollos, gallinas y marranos para comprar el anhelado disco, llegaban a fines de mes y ya les tocaba adquirirlo en almacenes o chazas reconocidas.

Relata un fanático de Planeta Rica llamado Marcos Osorio que, cuando todavía era un niño vivía en el corregimiento de Arenoso y lo levantaban de madrugada para que viniera a comprar los casetes a la Coordinadora Mercantil pero la camioneta lechera llegaba a eso de las 6:30 A.M. y ya se habían acabado; entonces le tocaba comprarlos en las chazas a precios más caros.

Era tanta la euforia por el Dioniso vallenato que, la gente de los pueblos lo imitaban en su forma de caminar, gestos, vestimenta, baile y frases que se volvieron inmarcesibles. Existía una jerga diomedista llena de palabras y frases: "Si se respeta", "Con mucho gusto", "Esto es duro", y "Pá que respetei".

Pero sin dudas que el término más empleado fue "Compadre", que se empleaba para referirse al amigo sincero y leal, al pana, al llavería, el cómplice y alcahuete en las llamadas "vagabundinas".

Este amor que sentía el pueblo por el guajiro, lo llevó a vender más de 20 millones de discos en su larga carrera, convirtiéndolo en uno de los cantantes con más discos vendidos en la historia de la música colombiana. Sus seguidores fueron llamados "diomedistas", y Diomedes los llamaba "mi fanaticada". En 2010 ganó el Grammy Latino en la categoría Cumbia Vallenato.

“Para mi fanaticada”

En sus mejores años durante las décadas de los 80 y los 90, surge una fiebre apoteósica por el cantor juntero; varios fanáticos donde quiera que iban a tomarse los tragos llevaban en sus bolsillos o en mochilas muchos casetes de las grabaciones formales o en parrandas del Cacique; algunos extremistas que cargaban el caset y el LP.

Sus hinchas reales nunca pensaban en los desaciertos personales del ídolo, aunque su existencia humana imperfecta estuvo marcada por muchas polémicas, peleas verbales con periodistas, altercados con otros artistas, consumo de alcohol y drogas, accidentes, asuntos judiciales y la muerte en extrañas circunstancias de una seguidora.

En la boca del verdadero diomedista sólo habrá palabras de agradecimiento por sus canciones e interpretaciones, por animar sus vidas, ahuyentar penas amorosas, ayudar a sentir y amar con la misma pasión que él amo a la mujer, la familia, la naturaleza, la simplicidad de la vida, los amigos y a toda su fanaticada.

Diomedes no ha muerto, vive porque nunca podrá olvidarse, siempre estará presente donde haya uno o más diomedistas de corazón, en cualquier casa, kiosco, terraza, discoteca o parranda donde haya amantes del vallenato real.

 

Jorge Eliecer Otero Fernández

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