Música y folclor

El getsemanicense y el barrio de Getsemaní en Cartagena

Enrique Luis Muñoz Vélez

08/01/2024 - 01:15

 

El getsemanicense y el barrio de Getsemaní en Cartagena

 

Getsemaní es el barrio legendario y asiento fundacional en gran parte de la cultura popular cartagenera. La referencia histórica lo rotula como extramuros en el período colonial, todo parece indicar que el nombre se debe al Deán de la Catedral de Cartagena, el músico Juan Pérez de Materano, de él da noticias Juan de Castellano, cronista y escribano de Pedro de Heredia y discípulo musical de Pérez Materano, en “Elegías de Varones Ilustres[1]”.

Getsemaní en la cultura hebrea significa “molino de olivo” y es un referente religioso dentro del discurso teológico. La religiosidad popular ha propiciado innúmeras fiestas y expresiones musicales. Las celebraciones populares articulan imaginarios religiosos, tales como: La Virgen de la Candelaria de la Popa [2 de febrero], La Virgen del Carmen [17 de julio] y La Virgen de la Inmaculada Concepción [víspera del 7 de diciembre y el día 8 del mismo mes].

La romería popular pregona las bondades y bendiciones recibidas, el florilegio de sus milagros. En el Getsemaní colonial, España deja cinco iglesias: Tercera Orden, La Veracruz, Santísima Trinidad y San Roque y un convento con su respectiva capilla: San Francisco. El imaginario religioso es abundante, se vocea de boca en boca, sin embargo, no existe un estudio sobre este tópico en Cartagena. Quizás la más cercana aproximación sea el libro del padre Jesuita Tulio Aristizabal Giraldo.

Saber cultural

El barrio Getsemaní tiene una larga tradición como hervidero de la cultura popular, que puede considerarse la riqueza de la comunidad, el manantial, el ojo de agua donde brotan: músicos de destacada celebridad, entre ellos, Manuel Antonio Gómez [El Negro Viroli], Betsabé Caraballo Olascoaga [artesano fabricante de guitarras], Nicolás Castro [baterista y artesano], la familia de los Velásquez, Juan Pérez [director de orquesta], Enrique Bonfante [percusionista], Julián Navas [directos de banda], Sebastián Herrera Ibarra [guitarrista], Isidro Carriazo [percusionista], Mercedes Vargas [cantante y madre de Juan Carlos Coronel], Bonifacio Mejía [cantante], Gilberto y Marco León [cantantes] y el poeta Jorge Artel, cantor del puerto. Además, los Zapatas Olivella con su arsenal de tambores y comparsas hicieron del barrio parte de la ciudad vestida de fiesta carnavalesca.

El Getsemanicense, un son-pregón de Lucho Pérez, es un himno popular del barrio y por extensión de la ciudad de Cartagena. La cultura popular tiene en la pieza musical citada una síntesis emotiva que canta desde la individualidad la historia de vida del Getsemaní y sus personajes que nombra y con ellos, involucra sin proponérselo, a quienes no menciona en el texto, pero de por sí, están implícitos en el mismo.

Lucho Pérez tuvo el palito de la sabrosura musical para componer como Blandón, Práxedes y Natalia Mozo para cocinar en la Cartagena del ayer. Por algo, el término latino sápere[2] significa sabor y saber, y los anteriores personajes previamente citados lo intuyeron hasta la saciedad. Su saber es dejar constancia de la significación popular donde él nació, hace de notario público y de pregonero.

Para encontrar un camino expedito a la reconstrucción lúdica de los personajes del “Getsemanicense” de Lucho Pérez[3], tuve que acudir a algunos de ellos, como: Remberto y Ramón Bru; Pello Malo; Coreto; Canoles y a viejos habitantes del barrio, entre otros: Néstor Redondo, Luis Felipe Alvear Quintana, Ángel Salazar Babilonia[4] y de manera ineludible, refugiarme en las lecturas de tres obras: “Getsemaní. Historia, Patrimonio y Bienestar Social en Cartagena” [Rosa A. Díaz de Paniagua y Raúl Paniagua Bedoya]; “Getsemaní. El último cono donde desembocan los vientos” [María Clara Lemaitre y Tatiana Palmeth] y “Getsemaní. Oralidad en Atrios y Pretiles” [Jorge Valdelamar Meza y Juan V. Gutiérrez Magallanes]. Y evocar tras viaje por los recovecos de la memoria con mis familiares mayores; mi bisabuela materna Julia López Narvaez [calle Larga] y mi bisabuelo paterno: Manuel Muñoz Garrido [calle de Las Tortugas] Habían nacido en el barrio a mediado del siglo XIX y el nexo orgánico de alguna manera, era un hilo conductor en descifrar a cada uno de los personajes.

El canto

[Coro]      

Soy orgulloso de ser getsemanicense

Ah...ah... ay...Yo soy getsemanicense

Barrio de bravos Leones

Sincero de corazones

Y amables en el tratar

Nací en la calle San Juan

Hijo de Nau y Manuela

Y en el Pasaje Luján donde quedó la burrera

Yo me iba pa’ l platanal para jugar con Micaela

Lindo Cartagena

Soy orgulloso de ser getsemanicense

Que dicha grande ser nacido en Cartagena

                 

Ah...ah...ay ...jepa                 

Las calles del Pedregal, Lomba y Espíritu Santo

Callejón Angosto y Ancho que a mí me vieron pelear

No es que me quiera alabar, pero vencí a los mejores

Al gran Titina, Canoles

A Fermín y a Coreto

Al turco, a Quintín a Maqueco

Al bravo de Ripindao

A Pello Malo a Pecho Quemao

A Pelota El Cantantín

A ese le partí la boca

Peleando por un balín

Je je jepa

 

[Coro]

Soy orgulloso de ser getsemanicense

Que dicha grande ser nacido en Cartagena

                            

Ah...ah...ah...ay barrio del Getsemaní

Con tus grandes deportistas

Boxeadores, beisbolistas

Cantantes y pregoneros

Que lo sepa el mundo entero

Que aquí en la Plaza del Pozo

Fue que un cubano Glorioso

Dio el grito de Independencia

Aquí nació la insurgencia

Del pueblo cartagenero

Para que los chapetones

Se fueran de nuestro suelo

Ja ja ja...agua

 

[Coro]

Orgulloso

Maní, maní

 

[Coro]

Getsemanicense

A chivo la bolsa gritaba Lucho Pérez

 

[Coro]

Orgulloso

Chance, chance el Perro, el Perro paga

El Perro paga caballero

El Perro paga

 

[Coro]

Getsemanicense

Muévete Caraqueña

 

[Coro]

Orgulloso

Venga y lo toma

 

[Coro]

Getsemanicense

Así gritaba El Pie Hinchao

Venga y lo toma.

Desgranando la mazorca

Ahora, poner a flote los secretos que se revelan, contarlos y relacionar sus personajes en la construcción letrística que realiza Lucho Pérez. La introducción a cargo del coro, la hace una voz femenina, que pregona en primera persona, la procedencia de ser getsemanicense; luego, la voz líder de Lucho Pérez, entra con una interjección, expresando de manera sentida y orgullosa cantarle al barrio y lo asume en primera persona con el pronombre y el verbo, en una expresión inequívoca de ser él y no otro, eso lo deja bien claro. La línea que sigue de manera afirmativa dice de los bravos Leones, aquí hace mención a la familia de los León, beisbolistas, atletas, cantantes y artesanos. Entonces habla en segunda persona para reconocer la sinceridad en los corazones de los getsemanicense. Retoma hablar en primera persona para decir que nace en la Calle San Juan y al rompe, amarra su filiación afectiva, hijo de Nau [Naúsicrates Pérez Ricardo] y Manuela Cedrón Añez.

Recalca que en el Pasaje Luján quedó la burrera. Invoca la imagen de la infancia y de manera elusiva realiza un guiño a la calle de La Sierpe, donde estaba ubicado el Pasaje del turco Luján, al lado en un lote enmontado una especie de corralón pastaban los burros que cargaban el agua y luego repartían en algunos lugares de la ciudad. Remata la primera parte para hablar nuevamente de su infancia, pero con la pícara alusión a Micaela, quizás el primer acercamiento a los secretos del cuerpo de la hembra deseada.

¿Quién es Micaela? Un invento, o tal vez, una hermosa joven que él coteja galanteando paso y decisión de conquistador, de sentir apetencia por quien complementa orgánicamente su armónica existencia. El lugar amoroso y lúdico donde él se iba el platanal. Luis Felipe Alvear Quintana, getsemanicense como él se aventura a conjeturar que lo más probable, es que Micaela sea un pariente de Emiliano Blanco Pautt. Con respeto al platanal, otro getsemanicense de cuna y bautizo como Ángel Salazar Babilonia sostiene que era un lote donde había un cultivo de plátanos conocidos como el corralón Franco en la calle La Sierpe y colindaba con los teatros Rialto y Padilla.

La primera parte del texto la hace el coro. Una doble nombradía al orgullo de ser getsemanicense y a la enorme dicha de ser nacido en Cartagena. Imagen de doble estimativo por el lugar de procedencia: un solar que identifica el barrio y otro más amplio, la ciudad como contexto de su destino y de su historia. Al fin de cuentas, el barrio viene a ser la parte viva de la ciudad, en él se palpa el alma de lo popular por ser la piel de la misma.

La segunda parte presenta el interior del barrio, pero al mismo tiempo, él como eje narrativo reinventa su comunidad, la hace visible en su cancionística. Después de las interjecciones que facilitan desde lo emocional, rememora las calles de sus trajines: Pedregal, Lomba y Espíritu Santo; callejón Angosto y Ancho, y en referencia a los habitantes expresa que  a él lo vieron pelear. Hablando de sí mismo – dice – no es que me quiera alabar, pero vencí a los mejores. Él es un ganador tanto en la canción como en la vida. Los enumera a sus contrincantes [ficción, era de buen carácter y juguetón]. Al gran Titina [Dagoberto Díaz Batista, maestro de construcción, reside en San Andrés o residía si no ha muerto], Canoles [Roberto Ramírez Yati, marinero de siete mares y hombre de buen vestir, zapatos de caprichos, con su carga de años y quiñando soledades pasaba las tardes en el Parque Centenario].

Relata en ese mismo orden de ideas, sus peleas con Fermín [Fermín Julio, el mayor propietario de las casas de Getsemaní, pintadas de rojo, y persona mucho mayor que Lucho Pérez] y Coreto [Jorge Díaz Alzamora, beisbolista y pensionado de la Industria Licorera de Bolívar, por mucho tiempo con Nicolás Miranda (El Chilo), dirigieron el equipo de beisbol de Getsemaní] ya idos de este mundo. Según, Alvear Quintana (también fallecido), El Turco era un muchacho pobre de Getsemaní que lo apodaba así, era pescador y vivía en la calle Larga; sin embargo, Salazar Babilonia sostiene, que era un sobrino del turco Luján. Quintín [Quintín Romero, vendedor de lotería, que más tarde va a vivir en Colón Panamá y allá muere, comentaba Alvear Quintana. Y Maqueco [Ramón Bru Maciá, vendedor ambulante en las Playas de Bocagrande, fallecido]. Con la escritora e investigadora Ladys Posso realizamos algunas entrevistas, de manera preferente a Alvear Quintana.

Continúa con su lúcida nómina de contrincantes y nombra al bravo de Ripindao [Guillermo Acevedo Medrano, artesano, que trabajando con el hierro a fuego incandescente en un descuido se quema en el taller de fundición, y de ahí proviene el apodo]; A Pello Malo [Pedro Malo Rodríguez, tercera base del equipo de béisbol Getsemaní y hoy pensionado de Colpuerto, fallecido] y a Pecho Quemao[5],  que no se ha podido saber su nombre, de apellido Prada fue un personaje del callejón Angosto, se cree que sea familiar de Felicia  León González a quien apodaban La Manca, informó Alvear Quintana. Y a Pelota El Cantantín a quien Lucho Pérez le partió la boca peleando por un balín. Lo diferencia de José Gabriel Cantillo Lastra [El Pelota, consumado peleador y hombre de hercúlea fuerza]. Pelota El Cantantín no fue otro, que Remberto Bru Maciá, cantante de la Orquesta de Emisora Fuentes y la Orquesta de Pacho Galán, químico farmaceuta y hermano de Ramón, el popular Maqueco, ellos residieron al salir de Getsemaní en Manga. El coro hace el cierre.

La última parte del texto mantiene el espíritu gozoso del lenguaje como juguete de expresión y vehículo de poder nominal. Lucho Pérez descubre que la palabra es fundacional, es eminentemente alumbradora de imágenes, y desde su fondo intimista sabe especular y se lanza al vacío, y en su precipitoso lance fluye el verso, su hechura y la tradición sevillana, suele decir, que “hacer verso es hacer magia” y magia es romper con el orden natural de las cosas. Maravilla es milagro, lo que no obedece a la razón humana. Y precisamente Lucho Pérez es magia que maravilla en la construcción del texto hímnico El getsemanicense.

Nombra al barrio y apunta a sus grandes deportistas: boxeadores y beisbolistas, cantantes y pregoneros, en pleno arrebato donde las emociones pelean por el espacio de las palabras. Getsemaní es historia y grita a las cuatro esquinas del mundo, que fue en la Plaza del Pozo, donde un cubano glorioso dio el grito de independencia, y de manera puntual, señala el lugar donde nació la insurgencia para que el pueblo cartagenero, echara a los chapetones de nuestro suelo. Los documentos históricos registran como el punto de partida para la revuelta novembrina la Plaza de San Francisco [hoy, Plaza de la Independencia, donde salió Pedro Romero con las huestes de Lanceros de Getsemaní].

El coro alternativamente con la voz líder van intercalando frases que aluden el orgullo por el barrio y la lindura de las cosas simples, pregona maní, maní y dice que la bolsa a chivo. Y que El Perro paga [Jesús María Villalobos Luna], chance El Perro, de soslayo menciona a partir de un movimiento a la caraqueña, mujer anónima para darle entrada al “Pie Hinchao", venga y lo tomo, es el modo de promocionar la venta el “Pie Hinchao”, otro personaje perdido en la tupida jungla de lo popular.

Lucho Pérez contribuye con su composición a ver el barrio de Getsemaní desde ángulos diferentes, sin dejarse atrapar en la maraña artificiosa de elevar a la categoría de héroe popular a funestas figuras del hampa criolla nacidas en su mismo solar, más bien, evade el episodio trágico del mundo del delito y lo deja con lúcida conciencia, a los cronistas de la página roja de la prensa local.

Cabe señalar el estudio histórico del doctor en Historia de Sergio Paolo Solano de Aguas quien deja una investigación donde expone que Pedro Romero, el artesano era cartagenero. Tema candente para propiciar una discusión académica interesante que hace un giro de 180° en la historiografía de Cartagena.

 

Enrique Luis Muñoz Vélez

 

[1] MUÑOZ Vélez, Enrique Luis. Adolfo Mejía La Musicalia de Cartagena. Medellín: Editorial Lealón, 1994, pp. 9 – 10.

[2] MUÑOZ Vélez, Enrique Luis. Paloteando A Fuego Lento Se Cocina una Canción. Ensayo publicado parcialmente en el Magazín Solar en El Periódico de Cartagena, sin más datos.

[3] Entrevistas con Luis Guillermo Pérez Cedrón [nombre artístico Lucho Argaín, para no ser confundido con un cantante mexicano del mismo nombre; 20 de diciembre de 1985 y 8 de febrero de 1992.

[4] Fuente oral. Cartagena, 19 de agosto del 2006. Los informantes [*], personas mayores de 60 años y menores de 70 años; los otros mayores de 70 años.

[5] No confundirlo con  Andrés “Andian” Alarcón (Pecho de Hierro, receptor del equipo Getsemaní).

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