Música y folclor

La historia del Festival de la Leyenda Vallenata, entre dimes y diretes

Álvaro Rojano Osorio

16/04/2024 - 04:55

 

La historia del Festival de la Leyenda Vallenata, entre dimes y diretes
Alejo Durán en el Primer Festival de la Leyenda Vallenata / Foto: créditos a su autor

 

Los años sesenta fueron los de la aparición de importantes festivales musicales del país, entre ellos el Festival de la Leyenda Vallenata, organizado por Consuelo Araujo, el maestro Escalona, los hermanos Pavajeau, y con el respaldo del gobernador Alfonso López Michelsen. El primero, celebrado en 1968, solo fue de acordeoneros que estaban obligados a interpretar dos géneros musicales: el paseo y el merengue. Al año siguiente comenzó el concurso de la canción inédita ganado por Gustavo Gutiérrez, posteriormente los de rey vallenato aficionado, juvenil, infantil, y la piquería, así como otros eventos.

Pero, además del proceso de surgimiento de festivales folclóricos en el país, otro interés impulsó a los organizadores a crearlo: hacer de él una ventana turística del naciente departamento del César y de su capital. A fe que lo consiguieron, porque es el evento de mayor importancia de esa ciudad y uno de los organizados en el país.  Lo lograron haciendo del vallenato la música identitaria de esa localidad; echando mano de distintos argumentos como lo canta Adolfo Pacheco en la canción de su autoría El Engaño mencionando que se valieron de Alfonso López Michelsen, de la prensa nacional, para demostrar que el folclor típico y muy regional, legendario y bullanguero, era el de Valledupar.

La importancia del Festival fue de la mano con otro factor, la vallenatización de la música del Caribe colombiano, convirtiéndose, incluso, según, Luis Carlos Ramírez[1], en la dominante en el mercado colombiano de la música. Proceso que debe su origen a factores como el interés de la industria discográfica nacional e internacional por este producto musical, especialmente después de la aparición de los grupos modernos vallenatos dado en los años 70.

Año tras año, este certamen se fue consolidando musicalmente con la participación de grandes exponentes del acordeón; lo hacían, casi que obligatoriamente, por la oportunidad de acreditarse un título que le iba a dar mayor importancia a su carrera musical. Algunos se presentaron varias veces y no ganaron, otros una sola vez y lo lograron. Varios fueron reiterativos en sus presentaciones y se coronaron como reyes de la Leyenda Vallenata.

Con la importancia del Festival llegaron las polémicas por los fallos, especialmente cuando el público tomó partido a favor de un acordeonero que resultó perdedor. Sucedió cuando eligieron a Colacho Mendoza como rey de la versión de 1969. Lisandro Meza fue considerado por el público como el ganador, hecho que lo llevó a componer la canción El rey sin Corona, que en uno de los versos señala: “Para todos soy el primero, oigan las notas de mi acordeón. “Oigan al rey sin corona, bautizado por los vallenatos”. Este, en entrevista que años después dio, señaló que como protesta por lo sucedido no volvió a grabar ningún género de los agrupados en el conjunto que han denominado como vallenato.

También pasó en 1971, tras la derrota de Luis Enrique Martínez, esta vez los reclamos fueron dirigidos hacia el jurado, a Consuelo Araujo, al maestro Escalona, sustentados en una aparente inquina de estos hacia el Pollo vallenato. Así lo señala Armando Zabaleta en la canción Festival, indicando que este evento se estaba cayendo y con el tiempo lo dejarían de hacer porque para que gane un músico bueno, tenía que estar de acuerdo con Rafael. “Este año Enrique no ganó el premio porque Escalona no gusta de él”. Pero no solo este compositor dejó sentada posición con respecto al maestro, también lo hizo Luis Enrique, en la canción Relatos de Macondo, grabada en 1973, año en el que resultó ganador del Festival, en la que dice: “Porque el sobrino del obispo todas las cosas las echó a perder, ya los relatos de Macondo todos los días desaparecían, así fue como Rafael acabó con los Buendía, cogió las cosas para él, Macondo quedó sin vida.”

Pero el triunfo de Pacheco generó otro tipo de controversia: ¿Cómo era posible que un barranquillero ganara el Festival?

No obstante la polémica, es la escuela de Martínez Argote la que prima en este Festival, pues quienes participan echan mano de sus rutinas y pases, convirtiendo sus aportes al vallenato en el núcleo musicológico que todos acogieron como modelo a seguir en los espacios de los festivales, como lo señala Emmanuel Pachón Mora[2]. Tanto lo es que Alfredo Gutiérrez, el único ganador en tres oportunidades de este certamen, admitió que para ganar fue necesario acogerse al estilo vallenato de Luis Enrique[3].

La última polémica importante se produjo en 1991, cuando el jurado le dio el segundo lugar a Juancho Rois, al interpretar el paseo Lucero Espiritual tras abandonar la tradicionalidad y ejecutar el acordeón de la forma como se acostumbra en las presentaciones públicas, estilo que han denominado casetero o comercial. Años atrás de este hecho, Alfredo Gutiérrez, en una de sus participaciones en este certamen, al tocar un son, cantó que en este debía ejecutarse el acordeón con fundamento e interpretando la nota tradicional. Sin embargo, las voces disidentes no se han hecho esperar para mostrar su inconformidad frente a las reglas musicales de Festival, una de ellas es la de Adolfo Pacheco, quien en El Engaño señala que: “Y como en Cien Años de Soledad glorificaron a Rafael, hoy aquel que no toca el ritmo aquel, es como si no tocara nada.”

Alejandro Durán, debido a las controversias, compuso el tema La Invitación, dedicado al Festival Vallenato, donde pide a los acordeoneros que estuvieran resentidos que olvidaran el rencor y volvieran a participar en este certamen.

Pero antes de hacer de la música de Luis Enrique el modelo a utilizar, el Festival había limitado el vallenato a los cuatro géneros conocidos, impidiendo la interpretación de otros matices musicales regionales[4], como la cumbia, no podemos olvidar el éxito de la Cumbia cienaguera y el porro, que, interpretados con acordeón habían trascendido las fronteras del país. Actualmente, pese a las limitaciones, las agrupaciones musicales han echado mano al grabar de otros ritmos, algunos de ellos originarios de las orillas del río Magdalena.

Demarcación musical que generó, entre otras razones, el nacimiento de una clasificación entre música vallenata y sabanera. Los sabaneros, intérpretes con el acordeón de los más variados géneros musicales, debieron limitarse a tocar en el Festival los cuatro aires del vallenato. Hecho que también mereció una respuesta musical de Pacheco Anillo al indicar que en la capital de Cesar no quisieron la música regional sabanera, además, dejaron en la prensa nacional la información, para que la propagara con su boca de dragón, que los que tenían el mejor folclor era los del Magdalena para allá.

En 1972, uno de los más importantes ejecutantes del acordeón nacido en los Montes de María, Andrés Landero, fue derrotado por Miguel López, que era miembro de una tradicional familia musical del Cesar. Triunfo que, además de poderse interpretar como un encuentro entre las dos regiones musicales, marcó un hito en el festival: el ganador no cantó los temas con los que participó, lo hizo su guacharaquero, Jorge Oñate. Hecho que llevó a Landero a llamar, en una canción del mismo nombre, rey mudo al ganador, a asegurar que quien toca el acordeón también debe cantar. A señalar que para unir el sentimiento de la nota con su voz no se necesitan dos. Landero posteriormente fue reconocido por la organización del Festival como uno de los reyes vitalicios.

Fue la polémica regional la que llevó a Alfredo Gutiérrez, de sangre cesarense y sucreña, a retirarse del Festival en 1969, argumentando que Consuelo Araujo había pedido que no se tuviera en cuenta su participación porque su estilo era el sabanero. Este hecho llevó al locutor barranquillero Pedro Juan Meléndez a llamarlo “El rebelde del acordeón”. Sin embargo, Consuelo negó cualquier aversión y admitió que reconocía su versatilidad, además destacó que en la ejecución del vallenato había mejores acordeoneros que él.

En 1977, el escritor y periodista Alfonso Fuenmayor[5] decía del Festival, que era un hecho turístico y artístico de gran envergadura, que había traspasado su carácter de fenómeno local para transformarse en un acontecimiento que cubre el ámbito entero de la nación. Afirmación cierta que no solo era producto de su posicionamiento como certamen festivo en el contexto nacional, de la presencia de los más importantes acordeoneros, del interés económico, con predominio de lo mercantil sobre lo artístico[6]; también de otro concurso, el de la canción inédita, en el que han participado los más importantes compositores y del que han nacido canciones que han trascendido a través del tiempo convirtiéndose en clásicos del vallenato.

Tal como sucedió con el concurso de acordeonero, en este hizo carrera un modelo de canciones que denominan festivalero debido a que las letras desarrollan temas asociados con hechos como la muerte de compositores, aspectos ambientales, regionales, con el Festival, con el acordeón. Fue Gustavo Gutiérrez el primero en ganarlo y en echar manos de este tipo de temática, lo hizo en Rumores de viejas voces, recordando a los amigos del viejo Valle, evocando que ya no se escuchan las notas acordes de viejos sones de Tobías Enrique, Jaime Molina y sus versos de amores, ya quieren es irse por odios y piques. Camino festivalero por el que siguieron compositores de temas como: No voy a PatillalLa ProfecíaYo soy vallenatoVoz de acordeonesNació mi poesía, Mi acordeónAusencia sentimental, Mi pobre Valle.

La canción Ausencia sentimental, además de ser la emblemática del Festival, es de las últimas en ser galardonada, en convertirse en éxito musical, un clásico vallenato, porque las ganadoras, especialmente después de 1997 cuando Emilianito Zuleta ganó con Mi pobre valle, no han tenido importancia musical y comercial; debido a que, como lo asegura el escritor Abel Medina Sierra, carecen de expresividad emotiva porque los autores buscan cargarla de artificios que le gusten al jurado, para, de esa manera, recibir el preciado reconocimiento como rey de la canción inédita.

Cecilia “La polla” Monsalvo recordaba que fueron funcionarios de la Corporación Nacional de Turismo quienes instaron al gobernador Alfonso López Michelsen a organizar unas fiestas de la importancia del Carnaval de Barranquilla, del once de noviembre de Cartagena, de las fiestas del Mar de Santa Marta[7]. Con tal fin organizaron nuevos eventos como los homenajes a músicos y compositores relacionados con el vallenato, los conciertos con la participación de artistas nacionales e internacionales, la competencia entre reyes.

Sin embargo, pese a que este certamen tiene resonancia nacional e internacionalmente, su excesiva comercialización, a la que García Márquez hizo mención en 1981, desde el punto de vista musical ha perdido la importancia que por años tuvo, tanto que, al día siguiente de la coronación del rey vallenato, pocos se acuerdan de su nombre, tampoco del ganador del concurso de la canción inédita. Pero, hay otros factores que han contribuido en el proceso que antes señalamos, entre estos la excesiva comercialización del vallenato impuestos por la industria de la música a través de las plataformas creadas con ese fin, la que ha llevado a la banalización de los que se compone e interpreta con el acordeón, generando una desconexión entre los resultados de los concursos del Festival con la realidad musical del país.

El Festival sigue siendo, entre los organizados en Colombia, el evento más importante relacionado con la música vallenata, el que más concita el interés de los colombianos, los que en cada certamen procuran estar presente procurando que no les suceda como a Alejandro Durán, cuando en Nostalgia Vallenata cantó: ¡Tengo en el alma un dolor, pueblo de Valledupar, será porque no voy a gozar tu Festival!

 

Álvaro Rojano Osorio

 

[1]  Ramírez, L. (2024) El vallenato y la construcción de una identidad nacional. Panorama Cultural.  https://panoramacultural.com.co/musica-y-folclor/9690/el-vallenato-y-la-construccion-de-una-identidad-regional-nacional

[2] Pachón, E. (2023). “Me llaman vallenato”: la fama postergada de Luis Enrique Martínez. Revista La Gota Fría. Riohacha. https://fondomixtodelaguajira.com/wp-content/uploads/2023/04/REVISTA-LA-GOTA-FRIA-EDICION-5-2023.pdf

[3] Oñate, J. (2023) Luis Enrique, el altar mayor de la liturgia vallenata. Revista La Gota Fría. Riohacha. https://fondomixtodelaguajira.com/boletin-de-prensa/quinta-edicion-de-la-revista-la-gota-fria-rinde-homenaje-a-el-pollo-vallenato/

[4]  Posada, C. (2002). Canción vallenata: entre la comercialización y los intereses comerciales. Estudios de Literatura colombiana Núm. 100, (enero- junio). https://doi.org.17533/udea.elc.10496

[5] Fuenmayor, A. (1977). Festival Vallenato. Diario del Caribe. Abril 29.

[6] Posada C. (2002). Canción vallenata: entre la comercialización y los intereses comerciales. Estudios de Literatura colombiana Núm. 100, (enero- junio). https://doi.org.17533/udea.elc.10496

[7] Jiménez, C.  (2023). La historia completa del Festival Vallenato: de sus inicios humildes a su reconocimiento internacional. Primera línea. Abril 23. https://primeralinea.com.co/la-historia-completa-del-festival-vallenato-de-sus-inicios-humildes-a-su-reconocimiento-internacional/

Sobre el autor

Álvaro Rojano Osorio

Álvaro Rojano Osorio

El telégrafo del río

Autor de  los libros “Municipio de Pedraza, aproximaciones historicas" (Barranquilla, 2002), “La Tambora viva, música de la depresion momposina” (Barranquilla, 2013), “La música del Bajo Magdalena, subregión río” (Barranquilla, 2017), libro ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el portafolio de estímulos 2017, “El río Magdalena y el Canal del Dique: poblamiento y desarrollo en el Bajo Magdalena” (Santa Marta, 2019), “Bandas de viento, fiestas, porros y orquestas en Bajo Magdalena” (Barranquilla, 2019), “Pedraza: fundación, poblamiento y vida cultural” (Santa Marta, 2021).

Coautor de los libros: “Cuentos de la Bahía dos” (Santa Marta, 2017). “Magdalena, territorio de paz” (Santa Marta 2018). Investigador y escritor del libro “El travestismo en el Caribe colombiano, danzas, disfraces y expresiones religiosas”, puiblicado por la editorial La Iguana Ciega de Barranquilla. Ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el Portafolio de Estímulos 2020 con la obra “Abel Antonio Villa, el padre del acordeón” (Santa Marta, 2021).

Ganador en 2021 del estímulo “Narraciones sobre el río Magdalena”, otorgado por el Ministerio de Cultura.

@o_rojano

1 Comentarios


Alvaro Negrette Nerio 23-04-2024 08:01 AM

Execelente trabajo de historia del vallenato y sus sin sabores, generaciones del recuerdo de mi infancia ya jamás las volveremos a sentir

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