Ocio y sociedad

Jorge Artel y Esthercita Forero: los retos de un gran amor

Álvaro Suescún Toledo

03/07/2025 - 05:10

 

Jorge Artel y Esthercita Forero: los retos de un gran amor
En 1949, Jorge Artel y Esthercita Forero iniciaron un largo recorrido de doce años por las Antillas / Foto: créditos a su autor

 

Una vez terminado el largo romance con el poeta Jorge Artel, Esthercita Forero arregló como pudo los contratos que quedaban pendientes en ciudad de Panamá, y regresó en el primer buque a Barranquilla donde se estableció en la parte más alta de la loma de El Silencio, en ese barrio estaba la casa que el Instituto de Crédito Territorial le adjudicó, y desde donde una estupenda vista le regalaba el paisaje alegre de los barrios populares.

Ahí, en una habitación especialmente decorada, guardaba todos los recuerdos de su larga trayectoria musical que la llevaron a ser considerada, sin rival alguna, como la eterna reina de los carnavales, en una pasión sin límites  fortificada en piedra en el corazón de los barranquilleros, la que solamente tambaleó ante un rival de grandes kilates: el poeta cartagenero Jorge Artel, con quien por más de dieciocho años, once de los cuales los vivieron en el extranjero, sostuvo una prolongada e inolvidable historia de amor.

Fue en septiembre de 1949 cuando Jorge Artel y Esther Forero, ante el permanente acoso a que era sometido el poeta por una insidiosa persecución política, iniciaron un largo recorrido de doce años por las Antillas, Estados Unidos y Centroamérica en el que cosecharon muchos éxitos en su vida artística y consolidaron el bello romance que entre el poeta y la cantante había surgido siete años atrás en Cartagena de Indias.

Importantes vínculos para el desarrollo de sus inquietudes culturales establecieron en las diferentes estaciones de paso que fueron para ellos Maracaibo y Caracas en Venezuela; Santo Domingo en República Dominicana, San Juan, Ponce, Santurce, Aguadilla, en Puerto Rico; La Habana y Santiago en Cuba; Nueva York en Estados Unidos; Ciudad de México, Veracruz, Oaxaca, Guanajuato, y después todo Centroamérica hasta llegar a Panamá.

Cargados de las novedades de ese mundo que se abría a sus pies, los intelectuales, los artistas, los diplomáticos se hicieron con facilidad sus amigos. Numerosas pruebas de esa admiración que crecía pródiga, y de su amistad estaban allí diseminados en el cuarto de los recuerdos de Esthercita Forero. Muy bien cuidados y en sitio especial estaban los acetatos de 45 rpm grabados bajo la dirección del maestro Rafael Hernández, uno de los más grandes directores musicales en este lado del mundo, y uno de los tres más grandes compositores del Caribe; también estaban los de los afamados arreglistas y directores Avelino Muñoz en Panamá, Mario Bauzá, Maximilano "Bimbi" Sánchez, Johny Rodríguez y René Touzet en Nueva York, Amilcar Segura, en Venezuela, Mardoqueo Girón en Guatemala, y tantos otros que, hacen compañía  a la pulcra edición de “Tambores en la Noche” hecha en Guanajuato, y las seductoras novedades que en recortes de periódicos hablan de los recitales y conferencias de Artel publicados en prestigiosos diarios y en los más acreditados centros universitarios incluidos los centros de educción superior como Columbia University, Nueva York University,  la Universidad de Puerto Rico. la de La Habana también, y las más importantes logias masónicas de las Antillas.

Corría el año de 1943 cuando se enamoraron. El periódico cartagenero, “La Patria”, que había reaparecido tras diez años de suspensión de labores, anunció un recital público en Barranquilla a cargo de Donaldo Bossa Herazo, Jorge Artel y el gran maestro de la guitarra, Adolfo Mejía.  Fue en esta ocasión cuando el poeta Artel supo de la existencia de Esthercita Forero, la celebrada “canzonetista” barranquillera, a la que no pudo ver por encontrarse ella en Panamá, en una de sus acostumbradas giras musicales. Tres meses más tarde se conocerían en Cartagena. Ella, acababa de desembarcar procedente del Istmo, se presentó a la oficina de extensión cultural de la Gobernación de Bolívar donde Aníbal Esquivia Vásquez, gran cronista y promotor artístico, era el jefe de extensión cultural. “Aníbal me recibió con mucha cordialidad –diría Esthercita relatando este encuentro- y me presentó a Jorge Artel, con frases muy elogiosas en las que resaltó que era el poeta del mar y de la angustia morena”.

Artel vivía en El Cabrero, un barrio de alcurnia a un costado de las murallas donde “de noche se oía –apaciguada por las olas- una lejana conversación de pescadores y se sentía en la brisa un olor de brea, de humo de tabacos y de mariscos”. El 27 de agosto por Radio Colonial,  con la presencia de su director Rafael Calvo Martínez y el locutor principal Sansón Vellojín, y desde la casa de Adolfo Mejía se trasmitió una “velada lírica-musical” cuyo programa incluyó un ensayo sobre la cultura popular a cargo de Aníbal Esquivia Vásquez,  un “solo de piano” del maestro Adolfo Mejía, unas canciones interpretadas por Esthercita Forero, entre ellas “La montañera”, dos temas musicales interpretados en su flauta por Víctor Turpin (Mr. Turpin), un manojo de poemas de Jorge Artel, un texto bien escrito titulado  “Elogio comparativo del consulado de la calle del Sargento Mayor y la casa de Adolfo” por el historiador Antonio del Real Torres, “El Danubio azul” y otras canciones vienesas, por Dilia Barreto, y “La Cultura a través de la radio”, conferencia leída por Antonio de J. Olier. También participaron con sus autorizados comentarios Tito de Zubiría, Luis Carlos Delgado (Tatayo, autor de la pieza que interpretó Esthercita), Evasio del Castillo, Alberto Delgado y Carlos Arbeláez.

Cuentan las crónicas que, a la noche siguiente, mientras las estrellas en el Caribe estaban quietas en su lugar, se desarrollaba una tertulia bajo la sombra espesa de una acacia florecida, en aquel patio todos se sintieron aptos para la euforia desabrochada, se destaparon las botellas, se afinaron las guitarras y en las gargantas de los más avezados saltaron las canciones. Allí, bajo el hechizo de la luna cartagenera, se selló el romance que unió dos ciudades, dos artistas, y que perduró multiplicado en los gratos recuerdos que magnificó la nostalgia.

 

Álvaro Suescún Toledo

1 Comentarios


Gustavo Adolfo Carreño 03-07-2025 04:45 PM

Barranquilla y Cartagena amancebados artística, poética, musical , geográfico (Mar y Río), además de humano. Jorge Artel y Esthercita Forero.

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