Ocio y sociedad

Cien años de amorosa dedicación

Alberto Muñoz Peñaloza

17/11/2025 - 05:15

 

Cien años de amorosa dedicación
Elsa Reales de Socarrás junto a su hijo, el ex-alcalde de Valledupar, Fredys Socarras / Foto: créditos a su autor

 

Cien años constituyen un caudal de amor cuyos frutos tocan varias generaciones. El siglo de las luces, lunas llenas con cuartos, menguante y creciente, alternantes, épocas de 'vacas flacas' y de gordas también. Recado histórico de cada centenario anterior, oportunidad para edificar, superar y legar conquistas, desventuras, inventiva y modos de ser mejor.

El 16 de noviembre

Sigue en su puesto: día tricentésimo vigésimo cada año, precisamente en 1493, "en el Mar Caribe, Cristóbal Colón llegó a la isla de Puerto Rico, 287 años después "en Cuzco (Perú), el líder revolucionario inca Tupac Amaru II proclama la abolición de la esclavitud por vez primera en América. 

El 16 de noviembre de 1925, fue lunes, aquella noche oscura, el azul del firmamento resplandecía en gracia de la luna nueva que promovía el retozo sostenido de conejos mientras las lechuzas, al pasar por el cielo vallenato se escuchaba el trepidar de puertas, mesas o ventanas, todos a una, 'tocaban madera' para alejar la mala hora. La prole vallenata fue bendecida con el nacimiento de aquella bebecita, tierna y lloroncita cuando de avisar la hora alimentaria se trataba, a quien llamaron Elsa, nombre femenino de origen hebreo, procedente de eli y zabad o saba, que significa: "Dios ha jurado, Dios es abundancia, consagrada a Dios". Elsa es el hipocorístico de Elisabeth en Suecia, Alemania, Inglaterra y otros países. Procede del nombre bíblico femenino "elisaba" adaptado en latín como Elisabeth o Elizabeth. En la Biblia aparecen dos mujeres con este nombre: una en el Antiguo Testamento, la mujer de Aarón y cuñada de Moises, y otra en el Nuevo Testamento, la esposa de Zacarías y madre de san Juan Bautista, cuyo nombre en las traducciones españolas aparece en la forma Isabel. Cuatro personajes para destacar, por ahora, con ese nombre bendito, Elsa Morante, escritora italiana (1912-1985), las actrices españolas Elsa Anka (1965), Elsa Pataki (1976), y la infatigable Elsa Reales de Socarrás, mientras que el santoral del nombre, Santa Elsa, se celebra el 4 de enero.

Dignidad cañaguatera 

Se amontonan en mi mente los recuerdos de infancia, feliz, austera, cargada de historias y música, que en mi caso me remite al barrio Cañaguate, ese espacio territorial vallenato en el que la fuerza interior, el trabajo diario, el carácter y la resignación temporal, seguros de que vendrían tiempos mejores, se les notaba a los cañaguateros en su forma de ser, de hacer y de tener. Me iba desde la avenida PCastro, cuando todavía, geográfica y políticamente, éramos del Magdalena Grande, a la casa de la inolvidable Dálida Galindo, avistando patios a través de las cercas donde primaban la laboriosidad, siempre un anafe humeante, tacanes ansiosos por abrasar peroles y la magia señorial de amas de casa, abnegadas, a cargo de la prole. El gran Nicolás 'Colacho' Maestre, resumió el diario trajinar, común a madres como la de él, de las cuales vivimos orgullosos, en la canción La Casita, llevada al disco por los Hermanos López y Jorge Oñate, en 1972:

En Valledupar hay una casita en el Cañaguate

que por ser chiquita en ella el amor se esparce y se sale

todas las mañanas cuando los lirios dan sus aromas

sale una Viejita a rezarle a Dios frente aquella aurora;

ora por sus hijos, ora por sus nietos

y por el Viejito su gran compañero

sus cabellos blancos testigos del tiempo

dicen en silencio que la Vieja es Santa.

Las arrugas surcan aquella cara y aquella frente

la Vieja comprende que más y más se acerca la muerte

pero no le importa mucho ha vivido la dulce anciana

supo criá a sus hijos con gran trabajo pero con alma;

linda Viejecita yo nunca quisiera

que tú te murieras bella Madrecita

que prosiga el tiempo que nunca te alejes

y que viva siempre hasta que yo muera.

Seis años después, el apacible, Santander Socarrás, cuya alma labriega, de servicio al prójimo,  y emprendedor nato, atendió el llamado ineludible de Dios, con obediencia dolorosa al tener que partir cuando el menorcito de los ajustaba los catorce años de vida, lejos estaba de pensar que esa dolorosa circunstancia forjaba la reciedumbre de quien durante el cuatrienio 2012-2015, lideró la obra de gobierno que le devolvió a Valledupar la transformación como vía inexpugnable para salir del atolladero financiero en que se encontraba el municipio, posibilitar el progreso y revivir el respeto de lo público, pese a voces contumaces que 'llaman lo que es como si no fuera', pero la historia es justa, certera y en el tiempo correcto.

Durante cuarenta y siete años de viudez, la señora Elsa, asumió el liderazgo familiar con fe en Dios, estoicismo, prudencia, y sobre todo con acción masiva, día y noche. Se entregó sin vacilaciones a las acciones diarias, semanales y dominicales del club, se las arreglaba para disponer de tiempo, pese a la dura faena, para no faltar y ser puntual en su asistencia al Club de feligreses de Las Tres Ave Marías, cuando no fue ha sido por circunstancias ajenas a su voluntad. En cada espacio de la vida, como hija, hermana, amiga, ahijada, novia y esposa, fue siempre como después en su honrosa labor de madre, abuela, bisabuela, consejera, vecina, madrina y ama de casa. Dios la dotó del don del susurro verbal y mostramiento de ternura, con los pies en el lugar que corresponde, doblaje de rodillas únicamente ante Dios y su corte celestial. Le agradezco a mi hermano Ismael, descubridor de ese manto amoroso de familiaridad, amigo de la casa y edificador de esa gran relación. 

La señora Elsa, arriba al centenario vivencial con rutinas diarias que ennoblecen su modo de vivir, una de ellas, caminar todos los días, moverse por salud física, mental y honra a Dios. No ha variado por motivos de ambiente. En 1984, cuando su hijo Casto, fue concejal de Valledupar, secretario de obras públicas y director del proyecto que, bajo la égida del entonces alcalde, Miguel Meza Valera, se gestó y construyó la Terminal de Transportes, obra colosal, no obstante el bajo costo, preservada de malos manejos, indelicadezas vio de mediocridad. Siguió igual cuando Castico, como lo llamaba el sureño Darío Quintero Patiño, en sus tiempos de miembro de la Asamblea Departamental del Cesar, se distinguió, mientras Hernán lo volvió costumbre. La obra, silenciosa pero transparente como diligente, de José David en la caja agraria y en otros frentes, la agradece sin aspavientos. El apostolado de Damaris en el Idrec y el de Olga en la contraloría municipal, le produjeron satisfacciones que disfrutó callada. Igual en el caso de su hijo Álvaro, médico servicial, competente e invicto en el ejercicio de la profesión. Que ejemplar dedicación, con maestría prudentísima, mientras su hijo menor fue alcalde, cuando fue administrador de la clínica Ana María, como secretario de educación departamental, diputad, viceministro del trabajo, no se le vio notó ningún cambio, ha sido la misma en mañanas primaverales, en el verdor vegetal del invierno, en las dificultades veraniegas como en las soledades otoñales, siempre en su puesto, con los pies sobre la tierra y mirada al Cielo. El hecho de que Lucho ejerciera de manera prístina, como servidor público, lo agradece, más no la encumbra. Tampoco el honestísimo ejemplo de vida y los logros del bordón, Omar Contreras Socarras, que la enorgullecen tanto como la aferran a sus convicciones y a su sencillez. 

Dios la ha premiado, pero más a sus descendientes por tenerla. La línea del tiempo presenta el relevo generacional, nietos brillantes, bisnietos que crecer cerca, todo lo cual es muestra real de la grandeza de Dios, de sus bendiciones, de su obra salvífica. El barrio Cañaguate contempla con orgullo satisfaciente su ejemplo de vida, de equilibrio emocional, de triunfo ordenado sobre la adversidad, como diría el visitante afectivo del kioskito, ¡mucho pretinazo! Que los pasos críticos de Juán Bautista Morales, otro cañaguatero excepcional, que se trasladan cada Semana Santa a Valencia de Jesus, anuncien bienestar, abundancia y plenitud para la señora Elsa y su muy querida familia.

Alegría del alma

Que suene la banda, Tristeza del alma, como cuando el casamiento, en este tiempo como muestra ejemplar de la misión cumplida que ennoblece lo realizado en memoria de su esposo y compañero de vida. Canasta de parabienes a la madre comunitaria, abuela amorosa, reina de la humildad. Unamos nuestra todas las voces para cantar, ¡siglo!

 

Alberto Muñoz Peñaloza

Sobre el autor

Alberto Muñoz Peñaloza

Alberto Muñoz Peñaloza

Cosas del Valle

Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Desempeñó el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.

@albertomunozpen

3 Comentarios


Olga Socarrás Reales 17-11-2025 04:13 PM

Gracias mil gracias, esta historia es real, señor Alberto Peñaloza lindos palabras que no enorgullecen a toda ésta familia linda, abrazos y muchas bendiciones para usted.

Hugues maya 18-11-2025 11:14 AM

Excelente biografía narra con lujos de detalles vivencias gratos recuerdo

Doris Villero Pallares 01-01-2026 03:09 PM

Está un tanto enredada ésa historia...falta precisión en la narración de la vida de la protagonista. Es mi punto de vista.

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