Ocio y sociedad
Replanteando el trabajo actual: la flexibilidad, el espacio y la cultura

Hay una escena que se repite cada vez con más frecuencia en Bogotá. Una persona abre su computadora en una mesa compartida, pide un café, se pone audífonos y empieza a trabajar. No está en una oficina tradicional ni en su casa. Tampoco parece apurado. Está concentrado, cómodo y en total control de su tiempo.
Esta escena dice mucho sobre cómo está cambiando nuestra relación con el trabajo.
Durante años, trabajar significó cumplir horarios rígidos y pasar largas jornadas en un mismo lugar. Para muchas personas esa lógica perdió sentido al entender que la productividad no se basa en horas trabajadas, sino en la flexibilidad, libertad y el balance entre lo personal y laboral.
Dicho de otra forma, hoy la gente trabaja inteligentemente, no más duro.
Cuando el entorno deja de ser neutro
El lugar desde donde trabajamos influye más en la productividad de lo que solemos admitir. La luz, el ruido, la posibilidad de conversar o aislarse, incluso el trayecto para llegar, todo eso moldea la forma en que pensamos y producimos.
Por eso, no es casual que el coworking Bogotá haya crecido tanto en los últimos años. Estos espacios no solo ofrecen escritorios y conexión a internet, ofrecen una experiencia distinta del trabajo. Aquí la concentración convive con la vida social y la rutina se vuelve menos pesada.
Algo similar ocurre con los cafés para trabajar Bogotá, que dejaron de ser simples lugares de paso para convertirse en puntos de encuentro para creativos, escritores, diseñadores y equipos pequeños. Trabajar desde un café ya no es sinónimo de informalidad, sino de elegir un entorno que estimula la creatividad y permite una relación más amable con el tiempo.
En ambos casos, el espacio deja de ser un fondo neutro y pasa a ser un actor activo en la jornada laboral.
Trabajar inteligentemente, no más duro
La idea de productividad también está cambiando. Cada vez es más evidente que trabajar más horas no garantiza mejores resultados. Al contrario, muchas veces conduce al agotamiento y a la pérdida de foco.
Trabajar de forma inteligente implica saber cuándo concentrarse, cuándo colaborar y cuándo desconectarse. Implica elegir entornos que acompañen esos momentos. Un espacio compartido para intercambiar ideas. Una mesa tranquila para escribir o programar. Un café para pensar sin presión.
Esta forma de trabajar no responde a una moda, sino a una necesidad cultural. Las personas buscan equilibrar su vida personal con su vida profesional sin sentir culpa. Buscan espacios que les permitan rendir sin sacrificar bienestar.
En ese sentido, el auge de los espacios flexibles refleja un cambio más profundo. No se trata solo de dónde se trabaja, sino de cómo se vive el trabajo.
Otro aspecto clave de esta transformación es la comunidad. En los coworkings y cafés de trabajo, las personas no están aisladas. Comparten espacio con otros que también crean, piensan y producen. Esa convivencia genera intercambios espontáneos que difícilmente ocurren en una oficina cerrada o en casa.
Las ideas circulan. Las conversaciones aparecen sin agenda. Se construyen redes informales que enriquecen la experiencia laboral y cultural de la ciudad.
En este ecosistema, empiezan a surgir plataformas que organizan y conectan estos espacios.
Pluria es una de ellas. Su rol no es imponer un modelo, sino facilitar el acceso a una red curada de lugares donde trabajar se vuelve más fluido y adaptable a distintos momentos del día.
Desde coworkings hasta cafés preparados para trabajar, Pluria establece una propuesta que entiende el trabajo como algo más flexible, más humano y más conectado con la vida cotidiana.
Una ciudad que se adapta a nuevas formas de trabajar
Bogotá, como muchas ciudades culturales, siempre fue un espacio de encuentro entre disciplinas, ritmos y formas de pensar. Hoy, esa diversidad también se expresa en la manera de trabajar.
El crecimiento del coworking y de los cafés de trabajo no responde solo a una demanda laboral. Responde a una necesidad cultural de repensar el tiempo, el espacio y la forma en que nos vinculamos con lo que hacemos todos los días.
Trabajar ya no es solo cumplir tareas. Es habitar espacios, construir rutinas propias y encontrar un equilibrio posible entre producir y vivir.
Quizás por eso, cada vez más personas eligen entornos que les permitan trabajar mejor, no más. Porque al final, trabajar inteligentemente también es una forma de cuidarse y de entender el trabajo como parte de la cultura, no como algo separado de ella.
Verónica Salas
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