Ocio y sociedad
El Vía Crucis de Semana Santa que transforma a los estudiantes de una institución educativa de la Guajira

En un país donde la prisa parece imponerse sobre la reflexión, aún hay espacios para mirar hacia adentro. Uno de ellos tuvo lugar el pasado 27 de marzo en la Institución Educativa Remedios Solano, en Barrancas, donde estudiantes, docentes y directivos se dieron cita para conmemorar el Vía Crucis, una de las expresiones más profundas de la tradición católica.
Lejos de ser un simple acto litúrgico o una escenificación rutinaria, la jornada se convirtió en una experiencia pedagógica y espiritual que merece ser contada. La representación de las 14 estaciones, desde la condena de Jesús hasta su sepultura, abrió paso a la celebración de la eucaristía, presidida por el párroco José Luis Redondo, en un ambiente donde la fe y la formación se entrelazaron con naturalidad.
Cada año, durante la Semana Santa, miles de fieles en Colombia y en el mundo reviven el Vía Crucis como una forma de recordar el sacrificio de Jesucristo. Pero lo ocurrido en esta institución educativa demuestra que esta tradición no solo pertenece al ámbito religioso, sino también al educativo y cultural. Aquí, el Vía Crucis no se limita a recordar un hecho histórico; se convierte en una herramienta para formar conciencia.
La escenificación, asumida por los propios estudiantes, fue mucho más que un ejercicio teatral. Jóvenes caracterizados como Jesús, soldados romanos, discípulos, María o el Cireneo dieron vida a un relato que, pese a los siglos, sigue interpelando a la sociedad contemporánea. En cada estación se hizo evidente que el dolor, la injusticia, la solidaridad y el perdón no son conceptos del pasado, sino realidades vigentes.
Y es ahí donde el sentido pedagógico cobra fuerza. Porque mientras algunos podrían cuestionar la pertinencia de estas prácticas en contextos educativos modernos, lo cierto es que actividades como esta permiten desarrollar valores esenciales: la empatía, el respeto, la capacidad de ponerse en el lugar del otro. En tiempos donde la violencia, la indiferencia y la fragmentación social son noticia diaria, estos espacios ofrecen una narrativa distinta: la del amor que se entrega, la del sacrificio con sentido, la de la esperanza que no se extingue.
El mensaje del padre José Luis Redondo, durante la homilía, fue particularmente revelador. No habló de un Jesús lejano ni de un personaje anclado en el pasado. Habló de un Cristo vivo, presente en la cotidianidad de los estudiantes, en sus dificultades, en sus sueños y en sus decisiones. “Yo soy la resurrección y la vida”, recordó, invitando a los jóvenes a entender que la fe no es evasión, sino una forma de enfrentar la realidad con propósito.
El Vía Crucis, como bien lo entendieron en la Institución Educativa Remedios Solano, no termina en la cruz. Culmina en la resurrección, en la posibilidad de comenzar de nuevo, en la certeza de que incluso en medio de las caídas hay oportunidad de levantarse. Ese mensaje, trasladado al ámbito educativo, tiene una potencia transformadora.
No es casual que detrás de esta iniciativa haya un equipo comprometido: la rectora Zoraya Martínez, junto a los coordinadores Brigitte Bolaño y Rafael Jiménez, los docentes, Matilde Redondo, Elba Torres, Nadimis Daza y Leonor Puche, además del acompañamiento del sacerdote. Su trabajo conjunto evidencia que la educación va más allá de los contenidos académicos; también implica formar seres humanos con sentido ético y espiritual.
En un contexto donde la inmediatez domina la vida cotidiana y las nuevas generaciones crecen en medio de estímulos constantes, detenerse a recorrer simbólicamente el camino de la cruz puede parecer, para algunos, un gesto anacrónico. Sin embargo, para quienes participaron, fue todo lo contrario: un acto de resistencia espiritual, una pausa necesaria para comprender que la vida no solo se mide en resultados, sino en significado.
Porque, en el fondo, el Vía Crucis no es únicamente la historia de un hombre que cargó una cruz hace más de dos mil años. Es el espejo de las luchas humanas, de las caídas y los levantamientos, del dolor y la esperanza. Y cuando esa historia logra ser apropiada por los jóvenes, como ocurrió en Barrancas, deja de ser tradición para convertirse en experiencia viva.
En tiempos donde educar parece cada vez más complejo, iniciativas como esta recuerdan que formar también es enseñar a sentir, a reflexionar y a creer que, incluso en medio de la adversidad, siempre hay un camino hacia la luz.
Alcibiades Nuñez
Sobre el autor
Alcibiades Nuñez
Crónicas del profe
Contador público, magister en Gerencia Financiera, docente de la Universidad de Pamplona y docente en varias instituciones educativas de la Guajira.
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