Ocio y sociedad
A dos años de su partida, el legado eterno de “Mamá Vila” en el folclor Vallenato

Hay mujeres que trascienden el tiempo, no por la fama que alcanzaron, sino por la huella imborrable que dejaron en sus hijos, en su familia y en la memoria colectiva de un pueblo. Así fue Elvira Antonia Maestre Hinojosa, la entrañable “Mamá Vila”, cuya ausencia sigue estremeciendo el corazón del folclor vallenato dos años después de su partida.
El 14 de mayo de 2024, a los 87 años, falleció en la Clínica del Cesar de Valledupar, luego de varias semanas enfrentando complicaciones de salud. Su muerte silenció la voz de una matrona querida, pero no apagó el legado de una mujer que ayudó a construir desde la humildad una de las dinastías más importantes de la música vallenata.
Hablar de Mamá Vila es hablar de las raíces profundas de la provincia Guajira, madre de Diomedes Diaz Maestre. Nació el 30 de abril de 1937 en Carrizal, una vereda de La Junta, en el municipio de San Juan del Cesar, hija de Gregorio “Papa Goyo” Maestre y Eufemia “Mamá Pema” Hinojosa. Su historia estuvo marcada por la pobreza digna, el trabajo honrado y el amor familiar. En aquellos años, la familia sobrevivía criando chivos y ganado vacuno, cultivando maíz, yuca, frijol, patilla y melón, mientras las mujeres tejían mochilas y trabajaban el fique con manos laboriosas.
Mamá Vila solía recordar una anécdota que parecía una profecía. Contaba que, cuando nació Diomedes Díaz, pasó por Carrizal un hombre llamado Reginaldo Fragozo, con un acordeón al hombro, al observar al pequeño mover sus pies con gracia, lanzó una frase que el tiempo convirtió en verdad: “Este niño va a revolucionar a Colombia y al mundo”. Décadas después, el país entero confirmaría aquellas palabras.
Diomedes Díaz no solo transformó el vallenato; convirtió el nombre de su madre en símbolo de amor, gratitud y orgullo familiar. El “Cacique de La Junta” siempre exaltó a Mamá Vila en sus canciones y en su vida cotidiana. Ella fue el centro emocional de la familia Díaz Maestre, la columna vertebral de una dinastía musical que marcó generaciones enteras.
Pero más allá de ser la madre del más grande ídolo vallenato, Mamá Vila fue una mujer profundamente humana. Quienes la conocieron la recuerdan amable, alegre, consejera y solidaria. En San Juan del Cesar, La Junta, Carrizal y Valledupar, dejó sembrado el cariño de vecinas, amigos y familiares que siempre encontraron en ella una palabra sabia y una sonrisa sincera.
Su figura se une hoy al selecto grupo de mujeres que sostuvieron desde las sombras el esplendor del vallenato: Sara María Baquero Salas "La vieja Sara", madre de Emiliano Zuleta Baquero, Margarita Martínez Celedón, madre de Rafael Escalona, Carmen Diaz, madre de Poncho y Emiliano, Cristina Maestre madre de Rafael Orozco, Delfina Oñate, madre de Jorge Oñate, Flor Medina, madre de Silvio Brito, Clara Elisa Aponte, madre de Iván Villazón, Josefa Serrano, madre de Beto Zabaleta, Delly Corrales, madre de Silvestre Dangond, Dalia Zúñiga, madre de Juancho Rois, Juana Bautista Daza, madre de Nicolás "Colacho" Mendoza y Ana Antonia 'La Vieja Nuñe' Ospino, madre de Israel y Rosendo Romero, entre otras matronas que fueron pilares silenciosos de nuestra cultura.
Mamá Vila también fue testigo del inmenso amor de sus hijos, especialmente de Diomedes, quien asumió el liderazgo familiar y se encargó de brindarle bienestar y tranquilidad. El cantante le construyó viviendas en Carrizal y Valledupar, le regaló vehículo y procuró que nunca le faltara nada. Era la manera del hijo agradecido de devolverle a su madre todo lo que ella había sacrificado por la familia.
En los últimos años de su vida, la señora Elvira también agradecía profundamente a personas cercanas como Joaquín Guillén y el médico Armando Arredondo Daza, quienes estuvieron pendientes de su salud y bienestar. Ese afecto mutuo reflejaba el respeto que despertaba una mujer noble y querida por todos.
Hoy, cuando el vallenato sigue cantando las historias del pueblo, la memoria de Mamá Vila permanece intacta. Porque detrás de cada gran artista existe casi siempre una madre luchadora que sembró valores, amor y fortaleza. Y detrás del inmenso Diomedes Díaz, estuvo siempre ella: la mujer humilde de Carrizal que, sin imaginarlo, dio a luz a una leyenda universal del folclor colombiano.
Alcibiades Nuñez
Sobre el autor
Alcibiades Nuñez
Crónicas del profe
Contador público, magister en Gerencia Financiera, docente de la Universidad de Pamplona y docente en varias instituciones educativas de la Guajira.
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