Los bárbules de Juan Segundo Solaez

Tenerife a orillas del Río Magdalena / Foto: Luis Felipe del Portillo Anaya
Me comentaba mi amigo Juan Segundo Solaez que una noche fue conminado por su señor padre, que en paz descanse y quien tenía su mismo nombre, para realizar una faena de pesca.
—¿A estas horas papá? preguntó Juan Segundo.
—Sí señor, coge el canalete, la atarraya, el cuchillo de esbuchar, y una panela que vi por ahí, que nos vamos ahora mismo porque aquí no hay nada de “salao” para mañana— contestó de manera firme su padre.
Tarde en la noche, en la ribera del Rio que da para el departamento de Bolívar, la jornada pesquera no pintaba nada bien, a esas horas solo un escuálido “comelón” había sido el resultado de incontables lances con la atarraya.
—La vaina está maluca — expresó el señor Juan.
—Vamos a tirarnos para la otra orilla del río cerca del pueblo a ver—
En esas, y debido quizás a la ingesta excesiva de panela, Juan hijo fue sorprendido por unos retortijones estomacales que lo obligaron a invocar el anclaje de la canoa por los lados de “La Peñita”, en busca de alivio a su inaplazable necesidad.
—¡Arrime papá!, ¡arrime! ... fue su angustioso llamado.
Asegurada la canoa, se acomodó en cuclillas sobre una de las gigantescas peñas que en época de verano afloran en ese sector y con sus partes íntimas expuestas a la corriente dejó fluir su urgencia.
La abundante defecación dibujó una serpenteante estela amarillenta que alborotó a un cardumen de bárbules coprófagos, variedad íctica tropical que cual enjambre de sombras voraces se arremolinaba en la corriente.
—¡Mire papá! — exclamó Juan entusiasmado —¡tíreles un atarrayazo!
—¡No señor! — exclamó cortante el señor Juan —¡ese es puro bárbul mierdero!
En un descuido de su padre, Juan tiró un atarrayazo; el peso de la red le hizo presagiar el éxito de su lance, alborozado, exclamó:
—¡Engorre!
Al arribar al puerto de las canoas de Tenerife, fueron rodeados por varios compradores, entre ellos un connotado dirigente político local que, con presuntuosa voz, manifestó:
—Buenos días, muchachos, ¿qué hay de pescado bueno por ahí? Ustedes saben que a mí me gusta lo fino… nada de pacora ni comelón—
—¡Buenos días, se le tiene! —contestó Juan Segundo animosamente—. Le tenemos unos bárbules, ¡una especialidad! — remató con orgullo.
—Bueno, denme unas cuatro manos— replicó el político local.
Juan aceleró la desbuchada y recibió la paga, pero su padre al igual que las ventas siguientes, se la arrebató con un refunfuño:
—Esa es plata mal habida…
De ahí, y una vez asegurada la canoa, se fueron hasta su casa, donde Juan hizo su entrada triunfal:
—¡Mamá, mamá, ya trajimos la liga pa’l almuerzo!
—¡Ay, mijo, gracias a Dios!… lo malo es que no hay ni un poquito de arroz —comentó su madre, doña Julia Lucila Díaz.
—No le dé mente, viejita querida, ahorita solucionamos —animó Juan.
—La pobreza vacía la despensa, pero nunca el alma de quien sabe esperar —sentenció.
En busca de un segundo aire para tramar la estrategia que le permitiera convencer a su padre de soltar el dinero para el arroz, Juan salió a dar una vuelta. Al pasar por la casa del dirigente político que le había comprado los bárbules, lo indagó:
—¿Cómo le fue con los bárbules?
—Excelente, mijo, estaban deli-cio-sos —respondió con contundencia.
—Ah, bueno, me alegro —suspiró Juan.
—Es más, te iba a pedir cinco manos para mañana, y ojalá sean de los mismos lados de “La Peñita”, de donde cogiste los de anoche. Tienen un sabor es-pe-cial —remató.
Enoc Adolfo Guzmán
19 Comentarios
Jajajaja q se valla buscando otra panelita x hay
La foto tomada esta muy hermosa, pero esta historia estuvo mucho mejor, me imagino el sabor de esos barbules mierderos jajajaja????????????????\n
Jajajaja que vaina buena los barbules mierderos ése cuento sí está excelente , felicidades mi compa un fuerte abrazo
Excelente escrito dr guzman nos remonta a epocas epicas de juvetud y q esaa epocas solo la generacion de nodotros puede entender la magnitud de lo q es vivir la vida
Ese muchacho está perdido dinero, deberia montar un empresa de piscicultura, se ahorra todo los gastos de concentrado, un producto sin hormonas. Una empresa amigable con el medio ambiente de economia circular
\"¡Excelente narrativa! Una escena muy fluida que combina la sabiduría frente a la escasez con la chispa del negocio propio. Juan demostró que el buen trabajo (y la buena calidad de esos bárbules de \'La Peñita\') siempre abre puertas. ¡Atrapante de principio a fin! ????\"
Una verdadera joya de crónica. Dr Enoc, logra fundir con maestría la sencillez de la vida cotidiana en el Caribe con una lírica profunda que rescata el alma de nuestro territorio. Convertir la pesca y la preparación de los barbules en un acto de resistencia cultural y memoria colectiva es un acierto brillante. Personajes como Juan Segundo Solaez son los verdaderos guardianes de nuestra historia viva. Una lectura deliciosa, nostálgica y profundamente necesaria para entender de dónde venimos. ¡Felicitaciones por este texto tan lúcido y conmovedor!
Esta crónica nos envuelve en aquellos tiempos bien vividos, pues nuestra tierra era escenario de muchas anécdotas a diario, pero quiero destacar aquí la capacidad y estilo narrativo del autor para hacerle un reconocimiento a nuestro querido, respetado y admirado profesor Hernando Guzmán Rivera q.p d. quien combinaba los temas en las clases con anécdotas. Hoy queda claro que su legado sigue de la mano de mi compadre Enoc Adolfo Guzmán Del Portillo. Éxitos!.Fort Lauderdale, Florida, 06-24-2026
Excelente narrativa, me hace recordar varias historias que escuchaba en mi niñez y juventud. Felicitaciones Dr Enoc Guzmán.
Gracias a mi amigo Juan Solaez Diaz, inspirador de esta crónica, y quien me dice en Facebook, \"la realidad plasmada con la magia de un escritor.\" 6/24/2026; y gracias a todos los que han sacado parte de su valioso tiempo para comentar,
Excelente Dr Enoc. Casas increíbles de la la vida pero ciertas que nos identificam con nuestras costumbres y tradiciones propias de nuestros pieblos Caribeños..
Sin dudas, fue algo inusitado en esa escena de pesca, protagonizada por mi paisano y amigo, Juan solaez Díaz. Cuentan que desde entonces, los barbules de la peñita, lo tienen bien recomendado, ante los pachitos del caño plateño y los chivos de la ciénaga grande. Je Je
Doctor Enoc, qué gusto leer estas letras suyas. Ese textico, tan cortico como es, lo transporta a uno enseguida a la puerta de la casa, a una buena plática de las de nosotros. Lo felicito un abrazo fuerte
Un buen anécdota Compa propia de nuestra idiosincrasia del pueblo, y con el debido respeto de no mencionar quien era el político mierdero... jajaja
Barbules Mi…… jajajaja, será que sigo comiendo? No son de la peñita, pero ricos si son jajaja, excelente Dr Enoc, atenta a la próxima escritura.\nBendiciones ????????
Definitivamente, “el que no sabe es como el que no ve”. Que anécdota jajaja
Excelente relati de situaciones tipicas de las costumbres de nuestro pueblo, ademas editado con una fotografia que expresa la belleza paisajista de Teneriife.