Ocio y sociedad

El Tamarindazo, el equipo que convirtió el fútbol en orgullo sanjuanero

Alcibiades Nuñez

27/08/2026 - 07:20

 

El Tamarindazo, el equipo que convirtió el fútbol en orgullo sanjuanero
El Tamarindazo fue mucho más que un equipo de San Juan del Cesar: fue una expresión del alma sanjuanera / Foto: archivo particular del autor

 

En San Juan del Cesar (Guajira), donde la pasión deportiva se mezcla con la alegría, la amistad y el profundo amor por la tierra, existió un equipo de fútbol que dejó una huella especial en la memoria de quienes tuvieron la oportunidad de verlo jugar en el campo del Colegio San Juan Bautista, del profesor Carlos Ariza Molina, "Pelongo", ésta es la selección del Tamarindazo, patrocinada por Manuel Segundo Montaño, conocido cariñosamente por sus amigos como “Yundo”, este seleccionado estuvo integrado por Darío Sarmiento “Canca”, Víctor Gámez, “Ñopito”, Salvador Montaño, José Domingo Gámez “Mingo”, José Nicolás Vega, José Luis Gámez (QEPD), Wilmer Frías, Mauricio Mendoza “Yile”, José Alberto Gámez, Rafael Mendoza, “Morrocón”, y Juan Bautista Gámez “Moncada”.

No se trataba solo de un grupo de hombres que se reunía para disputar un partido. El Tamarindazo representaba una manera de sentir el fútbol y de defender la identidad de San Juan del Cesar y del barrio Félix Arias. En cada encuentro, sus jugadores salían a la cancha llevando consigo el orgullo de una comunidad que encontraba en ellos motivos para reunirse, celebrar y soñar. El equipo se distinguía por el talento y la creatividad de sus integrantes. Eran futbolistas hábiles, capaces de improvisar, sorprender al adversario y construir jugadas que despertaban la emoción de los aficionados. Su alegría era contagiosa. Disfrutaban cada partido y transmitían esa energía característica de la cultura sanjuanera, en la que el deporte, la música y la amistad forman parte de una misma celebración colectiva.

Sin embargo, la habilidad individual nunca estuvo por encima del grupo. Una de las mayores fortalezas del Tamarindazo fue el trabajo en equipo. Sus jugadores se comunicaban, se respaldaban mutuamente y anteponían los objetivos colectivos a los intereses personales. Cada triunfo pertenecía a todos, y cada derrota se convertía en una oportunidad para corregir errores, fortalecer la unidad y regresar con mayor determinación. Esa mentalidad se consolidó gracias a la disciplina. Los integrantes cumplían los horarios, respetaban las orientaciones técnicas y mantenían constancia en los entrenamientos dirigidos por sus compañeros Juan Bautista Gámez, “Moncada”, y José Luis Gámez. Ambos conocían las capacidades de los jugadores y procuraban desarrollar estrategias acordes con sus fortalezas.

La preparación física también fue determinante. Competir bajo las altas temperaturas de San Juan del Cesar, exigía resistencia, velocidad, fortaleza y carácter. El sol inclemente podía convertirse en un rival adicional, pero aquellos jugadores estaban acostumbrados a enfrentar las dificultades con valentía y perseverancia. El Tamarindazo poseía una mentalidad ganadora. Sus integrantes disputaban cada encuentro con seguridad, motivación y deseos de superación. Cuando llegaba una derrota, sabían levantarse. Esa capacidad de convertir los tropiezos en aprendizajes fue una de las mayores enseñanzas que dejaron dentro y fuera de la cancha.

También se destacaban por el respeto y el juego limpio. Reconocían las virtudes de sus adversarios, cumplían las reglas y aceptaban las decisiones arbitrales. Entendían que ganar era importante, pero que hacerlo con dignidad resultaba todavía más valioso. A su alrededor había una hinchada apasionada, alegre y comprometida que acompañaba al equipo y lo impulsaba en los momentos difíciles. Ese respaldo fortaleció los vínculos entre los jugadores y la comunidad, demostrando que el fútbol es capaz de reunir generaciones, derribar diferencias y alimentar el sentido de pertenencia.

El compromiso del Tamarindazo trascendió los resultados deportivos. El equipo comprendió la importancia de formar nuevos talentos y abrirles espacios a los niños y jóvenes de San Juan del Cesar. Su ejemplo mostraba que el deporte podía convertirse en una escuela de disciplina, convivencia, inclusión y esperanza. Con una organización responsable, planificación deportiva y manejo transparente de los escasos recursos disponibles, sus integrantes demostraron que no se necesitaban grandes presupuestos para construir un equipo competitivo. Bastaban la voluntad, el compañerismo, la solidaridad y el compromiso con un propósito común.

Recordar al Tamarindazo es rendir homenaje a una generación de sanjuaneros que jugó con pasión y defendió con orgullo los colores de su comunidad. Su mayor victoria no quedó registrada en una tabla de posiciones ni en una colección de trofeos. Permaneció en la memoria de su gente y en los valores que sembró entre quienes encontraron en el fútbol un camino de amistad, formación y esperanza.

El Tamarindazo fue mucho más que un equipo: fue una expresión del alma sanjuanera, una familia unida alrededor de un balón y un ejemplo de cómo el deporte puede ayudar a construir comunidad. Bajo el intenso sol de San Juan del Cesar, aquellos jugadores demostraron que cuando se juega con disciplina, identidad y corazón, la verdadera gloria nunca se borra.

 

Alcibiades Núñez

Sobre el autor

Alcibiades Nuñez

Alcibiades Nuñez

Crónicas del profe

Contador público, magister en Gerencia Financiera, docente de la Universidad de Pamplona y docente en varias instituciones educativas de la Guajira.

@anuma601

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