Ocio y sociedad
Los patacones del Chapú

A raíz de los negocios de su padre en Plato, mi compadre Argemiro Herrera se enamoró de una hermosa plateña de ojos miel y cabello dorado, hija única de un reconocido comerciante a quien para no herir susceptibilidades llamaremos “La Mona”, y cuya belleza iba de la mano con su altivez.
Entusiasmado, invocó la solidaridad del combo para invitarla a las fiestas patronales del Real del Obispo, que estaban en su esplendor.
—Compa, nosotros te vamos a hacer dos porque somos tus llaves, pero ojo, esa vieja tiene fama de remilgosa. Yo conozco mi gente —advirtió Iván Roncallo.
Después de incesantes ruegos, logramos que nuestra querida madre nos facilitara el Land Rover de la familia, a quien en el pueblo apodaban “El Canato” por su incesante entrar y salir, con el compromiso de no beber tanto y regresar temprano.
Llegamos a Plato y ahí empezaron nuestras vicisitudes. Apenas mi hermano Omar, que oficiaba de conductor, se había parqueado frente a la amplia residencia de los padres de "La Mona", regresó Argemiro todo azarado diciendo:
—¡Compa, compa! ¡Corra al carro un poco más adelante! Lo dice "La Mona". Porque de pronto el papá lo ve y no la va a dejar ir con nosotros.
—¡Ay! ¡mi canatico!, ya lo calumniaron —se lamentó Omar.
—Ajá, ¿y qué tiene el canato? —ripostó Iván.
—No, es que yo le había dicho que la iba a recoger en el Toyota nuevo carpado y con aire de mi papá —se excusó Argemiro.
—¡Joda, compa! ¡Usted sí sueña! ¿Tú crees que el viejo William te iba a soltar ese carro? —le restregó Iván.
Tras largos minutos de espera, apareció despampanante "La Mona" —enterizo de fino olán, gafas oscuras, tacones altos, pañoleta importada y un exclusivo bolso Dolce & Gabbana. Pinta totalmente inapropiada para la ocasión.
—Anja y ella qué se cree, ¿que va pa´l reinado de Cartagena? —manifestó con sorna Rafa Osorio.
“La Mona” no encontraba acomodo en la silla delantera del vehículo, por lo cual mi compadre Iván le inquirió:
—Anja y qué, ¿no cabes, mi amor?
Ella contraatacó.
—Es que estoy acostumbrado a andar en carros más cómodos.
Recogimos las otras amigas invitadas quienes como era previsible estaban con ropa deportiva, camisetas, jeans y tenis, apropiada para estos eventos.
No sé porque percibí que mi hermano Omar frenaba justo donde había más polvo en la vieja carretera y el polvillo se nos metía por la nariz hasta el alma; así llegamos todos empolvados al Real del Obispo justo a tiempo para el inicio de la tarde de corralejas.
Ahí se presentó otro inconveniente: “La Mona” decía que ella no iba a entrar junto a esa “montonera” de gente…
A lo cual Iván, rebosado, le precisó:
—Joda, Mona, eso es lo que normalmente se hace. Y nosotros no somos ninguna montonera, somos un combo de amigos.
“La Mona” persistió en su terquedad y le exigió a mi compadre Argemiro le comprara su boleto por aparte.
Antes de subir al palco, por poco "La Mona" propicia uno de esos incidentes de "usted no sabe quién soy yo", al reconocer entre los de la junta —precisamente el que recaudaba en la taquilla— a un deudor de su padre.
—Anja, ¿y usted cuándo es que le va a pagar a mi papá? —le espetó sin ningún aspaviento.
El comerciante se puso pálido y, con voz apagada, contestó: "El lunes voy por allá, señorita".
—Imprudente esa vieja —musitamos al unísono.
En el ingreso al palco, su inapropiado zapato de tacón se incrustó entre las tablas de la improvisada escalera de acceso, ocasionándolo un traspiés, seguido de una impublicable expresión.
Ya en el palco, "La Mona" empezó a cuestionar la seguridad y la rusticidad de la madera, mientras el resto del combo disfrutábamos de La Papayera, las frías y la apagada jornada taurina. Ella le exigió a mi compadre le buscara un cojín para sentarse. No sé de dónde lo consiguió, pero ella lo rechazó toscamente y en voz alta manifestó:
—Uff, llévate eso, ¡eso huele a mico!
Poco después, puso nuevamente en apuros a mi compadre Argemiro porque ella quería una Heineken, pero en botella de vidrio, porque las de lata eran antihigiénicas.
Al finalizar la deslucida tarde de toros, “La Mona” remató jactanciosa:
—Le hubieran dicho a mi papá, que tiene un sinnúmero de amigos en la sabana, y hubiera traído un bulto de toros buenos...
De regreso, las demás muchachas y nosotros compartimos fritos a la salida de la corraleja, mientras "La Mona" se comió unos cuantos patacones donde "El Chapú", que silbando y cerveza en mano los preparaba ágilmente.
No hubo forma de esperar la presentación de Silvio Brito y "El Pangue Maestre" en plaza pública, porque "La Mona" exigió perentoriamente que la lleváramos a Plato de inmediato: había prometido estar en su casa antes de las siete.
—Mi palabra vale oro.
Llegamos a Plato y nos atrincheramos, junto con las otras amigas de prestantes familias plateñas, en la plaza del “Hombre Caimán” y allí rematamos con bofe, chinchurria y unas deliciosas butifarras en tanto que “La Mona” permanecía estoicamente de píe en una esquina de la plaza.
Una vez dejamos a "La Mona" en su casa, mi compadre Iván Roncallo le notificó a Argemiro:
—Bueno, compadre, tiene de multa dos cajas de frías por la jodedera de esa vieja.
En la evaluación de la jornada y el calor de las cervezas, Rafa Osorio comentó burlonamente:
—Tan melindrosa y se pegó una hartura de patacones del “Chapú” quien con la misma mano que sacudía su miembro cuando iba al orinal les echaba la sal a los patacones…
Las risas no se hicieron esperar.
Poco tiempo después, mi compadre Argemiro tuvo la pésima idea de recrear el episodio de los patacones del “Chapú” en casa de “La Mona”, lo cual le ocasionó el reclamo airado de sus padres, la terminación del incipiente noviazgo y un acceso severo de náuseas a “La Mona” que, por poco, la manda al hospital.
Pasados los años, “La Mona” se casó con un próspero comerciante de Plato con quien tuvo tres preciosos hijos todos ellos profesionales; con ella conservo una lejana amistad y en reciente visita a Plato a atender una invitación de mi compadre Carlos Roncallo, me comentó:
—Ocasionalmente, voy a las fiestas del Real, pero eso sí, tengo buen cuidado de no comer los patacones del Chapú…
Enoc Adolfo Guzmán






