Ocio y sociedad
Robinson Curcio Reales: Tenerife, un libro abierto

En el firmamento cultural tenerifano, brillaron con luz propia dos ilustres maestros: Robinson Curcio Reales y Pedro Dede Ordóñez. Dos soles en la misma constelación de folcloristas, dos docentes que enarbolaron la misma tiza.
Hoy, gracias a la colaboración de su hijo, Jorge Curcio Sandoval —asentado en las lejanas y frías tierras madrileñas, pero con el corazón anclado en el calor de Tenerife, Magdalena—, dedicamos unas notas al primero, al profe Robinson, y en tanto nos confirman unos datos, anunciamos la exaltación del segundo, el profesor Pedro Dede.
Robinson Antonio Curcio Reales, nacido el 23 de octubre de 1943 en la Villa de San Sebastián de Tenerife, Magdalena, hijo de Silverio Curcio Villamizar y Juana Reales Toro, se casó con Adelita Sandoval Quintana, fosforo de palito, que solo prende en la caja. Tuvo cuatro hijos: Juan Carlos, Grelis Libeth, Jorge Luis y Alis Zenith, “arajo, profe, vale más el cabo que el hacha” diría su abuela materna Carmen Quintana.
Sus primeras letras las aprendió donde se aprende a ser tenerifano: en la Escuela Urbana de Varones de nuestra tierra natal, la de pizarrón y tiza, del “reglazo” por no hacer bien las tareas y de los castigos bajo el sol canicular. De allí saltó al Liceo Celedón de Santa Marta —cuatro años de bachillerato clásico, de claustro republicano— y a la Normal Superior de la misma ciudad —dos años más—, donde se le otorgó el honroso título de Maestro Superior. Título que no fue cartón sino destino. Luego, la Universidad del Atlántico lo graduó como Licenciado en Español y Literatura, para que la palabra fuera su herramienta y su arma.
Este ilustre educador ejerció durante 43 años como docente en la Escuela Nelson Miranda Portillo —como aparece en los registros de la Secretaría departamental de educación— o del Portillo, como nos ungió una tía, su segunda casa, y 20 años en el Simón Bolívar. Sesenta y tres años en total sumando jornadas, sin contar los recreos. Toda una vida de tiza, de borrador y de corregir cuadernos a la luz de una lámpara. No enseñó materias: enseñó a ser gente.
El profesor Robinson era vivaz, dicharachero, alegre, acelerado, cliente asiduo de interminables tardes de dominó frente a la casa del señor Mingo Peña, de donde sacó parte de sus innumerables anécdotas. Le encantaba un sancocho de gallina criolla, eso sí —¡caliente!, ¡que queme la lengua!—
Fue, además, un estudioso acucioso del folclor de su región. De ahí que escribiera cuentos, ensayos, poesías y libros que todavía conservan —injustamente— su calidad de inéditos a la espera de ser publicados. Dentro de su producción literaria se cuentan:
Su obra mayor
Fragmentos Históricos y Culturales de mi Pueblo, donde recoge, como quien recoge agua en totuma, todas las facetas sociales, culturales, políticas, económicas y religiosas de Tenerife.
Sus cuentos, con sabor a caña y olor a monte
- La Canilla del Muerto
- Un viaje con olor, sabor y dolor
- Un dolor folclórico
- De que sale el diablo, sale
Sus ensayos, de rigor casi monacal
Relato Histórico-Religioso de la Iglesia Colonial de la Villa de San Sebastián de Tenerife, La Población de Plato, Tradición Oral, La sexualidad, Recuerdos de una vida, Con un Bello Amanecer y Mi Lamentable Atardecer, Conmemoración de la Semana Mayor - Tenerife - Magdalena y La Danza del Gallego.
Y su vena lírica: un libro de poesías titulado “Sol y Agua” —Tenerife entero en dos palabras—, y otros de Preguntas y Respuestas, Anécdotas, A un Educador y Juegos de Mi Raza, éste último escrito e interpretado a cuatro manos con la Lic. Gloria Miranda del Toro. Los dibujos ilustrativos de los juegos, los hizo Jorge Curcio, siendo todavía un niño, se avizoraba su talento para dibujar.
El profesor Robinson no solo escribía: también organizaba. Fue cofundador de la Casa de la Cultura "Antonio Curcio Altamar", faro de su estirpe. Fundador del primer centro de Preescolar que existió en Tenerife: el Hogar Infantil “Los Amiguitos”, del cual fue su director general. Coordinador de la I.E.D.T. “Simón Bolívar”, en el bloque “Nelson Miranda Portillo”, Jornada de la Tarde. Corresponsal especial de El Informador de Santa Marta. Compositor con cuatro canciones grabadas. Coordinador de radio y televisión en Tenerife. Es decir: un hombre-orquesta, pero sin vanidad, con acrecentada convicción por la preservación de nuestras raíces folclóricas y culturales.
Falleció en la ciudad de Barranquilla, una tarde del día 3 de mayo de 2014. Fue sepultado en su Tenerife, y el municipio decretó tres días de duelo como reconocimiento a su labor investigativa y en el difícil —y sagrado— arte de enseñar.
Fueron tres días de silencio para quien nos enseñó a hablar.
Enoc Adolfo Guzmán






