Ocio y sociedad
Iniciativas privadas para la protección de la infancia
Cuando el Estado no logra llegar a todas partes, y que el bienestar de los conciudadanos está seriamente amenazado, la iniciativa privada se perfila como un regalo del cielo y una dosis de aire fresco.
Negar que en Valledupar existen focos preocupantes de pobreza sería cerrar los ojos ante lo evidente. Ciertos barrios padecen la falta de servicios básicos y muchos hogares perviven en un tenso clima de violencia.
Ante estos hechos, algunos ciudadanos concienzudos prefieren no quedarse de brazos cruzados y aportar su granito de arena para que las cosas cambien. Es el caso de Leonor Guerra, José Nelson Angulo, Elika Ropero y María del Mar Orozco, cofundadores de la Fundación Lirio del Valle, quienes, desde el año 2008, se dedican a suplir las necesidades de niños y niñas en situación muy precaria.
Todo empezó en el barrio 9 de marzo (a orillas del río Guatapurí), cuando descubrieron altos niveles de desnutrición en la juventud. “Muchos jóvenes no sabían ni siquiera el significado de palabras como almuerzo o desayuno. Sólo conocían la palabra comida”, explica José Nelson para ilustrar la escasez de alimentos.
Pero eso no es todo. Muchos niños de once años tenían el tamaño de niños de cinco. Algunos pasaban sus días enteros cuidando parqueaderos o revendiendo cualquier tipo de mercancía para comer algo, cualquier cosa, exponiéndose así a la prostitución o a las drogas.
Ese contexto les hizo reaccionar y, en la iglesia de su barrio, organizaron unos almuerzos. Poco a poco, fueron agregando cursos y actividades para ocupar a esos niños y hacerles ver que existe una vía mejor que la calle. “Era difícil convencer a los papás – comenta José Nelson Angulo–, pero terminaron cediendo y viendo los efectos positivos”.
Hoy la actividad de la Fundación Lirio del Valle consiste en suministrar comida y una formación integral a los niños para que no desperdicien su tiempo o terminen cayendo en la criminalidad. Su misión es evocadora: “transformar socialmente a sectores marginados”.
Pero, ¿cómo funciona la fundación? De momento, además de la grandísima voluntad de sus integrantes, la organización avanza gracias a las donaciones de personas y empresas que ven en ella un modo eficaz de limitar los estragos de la pobreza.
Ese modus operandi supone muchos esfuerzos, pero ya produce resultados: la organización atiende diariamente a 190 niños. En poco más de 4 años se han suplido 150.000 almuerzos y 35.000 desayunos escolares, se han organizado 8 jornadas de control de salud, 5 fiestas de Navidad donde los niños recibieron regalos y almuerzos. Sin contar las innumerables actividades pedagógicas y culturales dirigidas a las familias para entretenerlas y alejarlas del fantasma de la violencia.
Con todas las dificultades, sus fundadores se muestran confiados y optimistas. Se han puesto como meta atender a 220 niños cada día y así evitar que caigan en la indigencia. Una causa justa que merece el reconocimiento de un barrio y de una ciudad entera. Que estas iniciativas se multipliquen y, sobre todo, que sepan ser entendidas…
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