Ocio y sociedad

Nomofóbicos...

Fabio Fernando Meza

02/07/2015 - 06:10

 

Además de ser claustrofóbicos, homofóbicos, triscaidecofóbicos, y hasta “mujerofóbicos”, ahora somos Nomofóbicos.

La nomofobia es la sensación de angustia, de sentir que la vida ya no vale la pena cuando no se tiene en la mano a un teléfono celular y más si es de alta gama.

Nos lleva de cabestro este dispositivo hacia la destrucción de nuestros valores, de nuestra identidad, incluso de nuestra dignidad. Gracias al teléfono celular nos hemos vuelto perezosos, egoístas y mentirosos incluso con nosotros mismos.

¿Cómo es posible que cuando tenemos al frente a un interlocutor éste no nos ofrezca la menor disposición de escucharnos sólo por estar viendo en su teléfono celular lo que acaba de ver hace un segundo?

Hace poco, una estudiante de Medicina le estaba haciendo una exposición a su profesor en la cafetería de un Hospital, y parece que la pobre estudiante le estuviera hablando a las mesas, a las sillas y a las pocas personas que en esos momentos estábamos allí, porque dicho profesor tenía la cabeza hundida manipulando su celular sin prestarle la mínima atención a su discípula. Qué falta de respeto.

Parecemos mocos en la pared incluso cuando se comparte el sagrado ritual de comer en la mesa con toda la familia. Si se le pregunta a cualquiera de ellos qué acaba de comer no tienen idea por estar pendiente del teléfono celular.

Qué bueno que ya haya lugares que prohíben la entrada a sus recintos con los teléfonos celulares.

Hay funcionarios a quienes, desde bien de mañanita, todo le hiede y nada le huele, gritan, humillan y viven amargados simplemente porque olvidaron su teléfono celular en el baño y ya es imposible vivir sin él.

Está claro que el teléfono celular es una herramienta que facilita la comunicación pero abusamos de sus innumerables aplicaciones sin piedad.

El teléfono celular nos ha vuelto tímidos. Ya no tenemos pantalones para decirle a una mujer hermosa que nos mueve el piso: se lo decimos a través de alguna herramienta que el teléfono tiene. El único momento en el que utilizamos lapiceros es cuando tenemos que firmar algo, de resto todo lo hacemos con el bendito aparato.

Horrores ortográficos es otra de las secuelas que vemos al enviar mensajes por este dispositivo electrónico: “mama agame el fabor de benderme el otro selular su yjo que la hestima pablo”

Parecemos zombies hablando solos, gritamos, como si nuestra conversación les interesara a quienes tenemos al lado.

El tiempo ya no nos alcanza ni laboral ni personalmente porque lo mejor de él se lo dedicamos a nuestro nuevo amo y señor.

No es extraño escuchar la historia de la persona que se levanta para ir al baño y ya por instinto toma en sus manos al teléfono celular en vez del papel higiénico, y  equivocadamente lo utiliza como al papel y hasta ha sido capaz de echar al teléfono celular a la canasta destinada para el papel después que se utiliza. Dios, hasta dónde hemos llegado...

Menos mal que todavía hay personas que desconfían del teléfono celular, como el alumno de tercero de primaria que ante el reclamo de la profesora cuando en un quiz oral de matemáticas a la docente  su teléfono le dice que 2 * 3 = 5, el estudiante indignado la desafía: profe ¿usted le cree más a ese chócoro que a mí?

 

Fabio Fernando Meza 

Sobre el autor

Fabio Fernando Meza

Fabio Fernando Meza

Folclor y color

Cronista colombiano originario de San Fernando (Santa Ana, Magdalena). En esta columna encontrar textos sobre la música vallenata, su historia y sus protagonistas, así como relatos cortos que han sido premiados a nivel nacional e internacional.

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