Ocio y sociedad

Arbey Méndez: un artesano de por vida

María Ruth Mosquera

07/07/2015 - 07:12

 

Arbey Méndez / Foto: María Ruth Mosquera

Que la vida útil de un huevo trasciende las tortillas del desayuno o cualquier otro uso gastronómico que pueda dársele, que el arte va íntimamente ligado a la delicadeza, la perseverancia y la paciencia, y que a la hora de crear, la mente no tiene límites son axiomas de la cotidianidad de un hombre, en cuya vivienda es un templo de artesanías elaboradas con sus manos, en obediencia al arte que lo posee y lo inspira para hacer las más asombrosas creaciones.

La vida pública de Arbey Méndez está asociada a libros, tableros, marcadores, con los que desempeña su quehacer como profesor, licenciado en educación; también a luces, cámaras, grabadoras y micrófonos, herramientas con las que desempeña su otra pasión, como periodista, licenciado en audiovisual, fotógrafo y perpetuador de momentos.

“Esto es de mucha paciencia”, dice, sosteniendo en su regazo una cajita rectangular, con divisiones internas, a modo de pequeños nidos, cubiertos con algodón, en los que reposan huevos de diversos tamaños y en distintas etapas de su proceso creativo: Algunos son verdaderas obras de arte, con figuras talladas en la cáscara, perforaciones simétricas y acabados perfectos. “Los huevos de gallina son más delicados porque tienen la cáscara más sencillita”, precisa, al tiempo que explica el proceso que cumple con huevos de distintas aves como ganso, pavo, gallina e incluso los pequeñísimos huevos de codorniz, con los que hace estructuras de lámparas y otros elementos.

“Es la demostración de la tranquilidad espiritual y corporal”, responde, a la pregunta ¿cómo es posible lograr esos productos, a partir de una cáscara de huevo, sin que se rompa? Y añade que “es imposible hacerlo, si no estás tranquilo. Cada nuevo huevo es un reto”.

Un reto que tiene su inspiración en cosas que ve en su día a día, aunque su arte está fuertemente influenciado por los tribales maoríes, en Nueva Zelanda, pioneros en técnicas de tatuajes, populares en el mundo entero.

El espíritu artesano despertó en Arbey desde sus primeros años, viviendo con su familia en una casa humilde de Armenia, Quindío, a orillas de la carrilera. “Éramos muy pobres”, recuerda. Su tía Cleotilde era una comerciante que viajaba por los pueblos vendiendo mercancía. “Una vez llevó unas cosas de madera, collares, pulseras… Yo me quedé mirando y dije: Yo soy capaz de hacer eso”. Esa sentencia del niño, de no más de trece años, desencadenó una metamorfosis en la vida de la familia entera, a la que poco después se le vio viajando por los pueblos con bolsos, pulseras, collares, maromeros y la más variada lista de productos hechos en madera.   

Es por eso quien entra a su casa del barrio La Granja, en Valledupar, se encuentra con trozos de madera, que son la materia prima de su arte y que recoge por las calles, las riberas de los ríos, las fincas que visita o cualquier otro lugar donde vea el insumo, por lo general desechado por otros, y su mente de inmediato dibuje una figura. Es su hogar una galería de figuras elaboradas por él: Pies, llaveros, lagartijas y hasta figuras mitológicas como espíritus del bosque.

Hay además en su casa mochilas tipo arhuacas tejidas por él mientras ve un partido de fútbol en televisión o recibe la brisa fresca dela tarde en su balcón. De niño aprendió también el arte de coser, por lo que también, con pantalones, camisas, faldas, vestidos y otras prendas que hizo en la máquina de coser, de esas de manivela, que tenía su madre, vistió a su familia en su época de artesanos viajeros.  

Las actividades manuales menguaron en la cotidianidad de Arbey cuando ingresó a cursar sus estudios en una institución normalista, de donde pasó a la Universidad del Quindío, comenzó a trabajar, se casó, tuvo hijos y dejó su patria chica para mudarse a Valledupar. De eso hace más de tres décadas. Pero nunca se ha desligado de su arte y lo ejerce cuando sale de una clase, termina un nuevo recorrido de los que hace en sus trabajos audiovisuales ‘Desde el cielo’ y Desde el suelo’ mostrando la riqueza natural y paisajística de este lugar, y también en salas de espera o cualquier lugar que sea propicio para sacar de su mochila una navaja y un pedacito de madera.

Hoy, Arbey se despedirá de Valledupar, donde deja toda una historia, en la que se cuentan páginas de transformaciones determinantes en los inicios del canal regional Telecaribe, en emisoras como Radio Guatapurí, La Voz del Cañaguate y Maravilla Stereo; en instituciones educativas, administraciones departamentales y municipales; en instituciones de educación media y superior y en los municipios del Cesar.  

El profesor artesano se apresta a regresar a tierra. Ha comprado una casa en la orilla de la carretera y construirás un cuarto que será el lugar de sus creaciones. En las tardes – ha anunciado – se sentará debajo de unos árboles de guayacán que resguardan su casa y con el amarillo de sus flores que mantendrán presente la imagen de un tiempo vivido aquí, en Valledupar, tierra de los cañaguates. 

 

María Ruth Mosquera

@sherowiya

3 Comentarios


Mercedes Rios 07-07-2015 01:20 PM

Que hermosa descripción. Parte de una vida atesorada desde el corazón.

francisco Rojas pinto 07-07-2015 02:53 PM

Muy buena definicion para conocer tan poco ti pera deja ver lo maravilloso de la narrativa costena. Frp

Luz mariela mendez 07-07-2015 03:30 PM

> Es una bella descripción de la vida de Arbey. > Soy su hermana y me conmovieron los comentarios tan reales > Me placer mucho. Querida periodista felicitaciones

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