Ocio y sociedad

Ese poderoso integrador de culturas llamado fútbol

María Ruth Mosquera

07/08/2015 - 06:00

 

Foto: Daniel Bolívar Uriana

En la cancha no hay wayucos, bonetes, sombreros, alpargatas, mochilas ni sombreros; no hay elementos distintivos de un pueblo u otro, pues ahí la cosmovisión tiene su centro en un balón; en ese mágico factor integrador de mundos, constructor de sociedades, inspirador de paz que se llama fútbol.

Hace poco regresaron de Chile, felices, trayendo preñado su imaginario, con ganancias como un subcampeonato con sabor a primer lugar, una lista de nuevos amigos más allá de las fronteras territoriales, unos sueños que se agigantan con cada nuevo pase o gambeta, la certeza de saberse talentosos, diferentes y únicos en sus individualidades, pero hermanados en una comunidad deportiva que le apuesta a la construcción de paz desde las canchas, que representa a las culturas originarias de un territorio: La Selección Colombia Indígena.

Fue la primera convocatoria de los pueblos Wayúu, Embera Chamí, Zenú, Nasa, Pijao, U’wa, Sikuani y Kokama para participar en un campeonato internacional. Por eso fue tan significativa la experiencia vivida en la Primera Copa América Indígena de Fútbol, que organizo la Conmebol a finales de julio pasado en Chile, a donde confluyeron selecciones aborígenes de ocho países y Colombia fue subcampeón, superada por el seleccionado de Paraguay en goles, más no en desempeño, ya que los colombianos tuvieron la aceptación desde el primer pitazo.

“Todo el mundo lo dijo: la mejor selección del campeonato fue la Selección Colombia.  Decían que los campeones éramos nosotros, pero quedar de segundos entre tantas, es genial”, dice Daniel Bolívar Uriana, capitán del equipo, quien lamenta dos bajas sensibles que tuvieron para la final, en la que Paraguay se alzó con el título. Pero lo más lindo, resalta, fue la interacción con representantes de tantos pueblos indígenas de otros países.

“Lo más lindo de este proceso fue compartir con tanta gente. Al final los muchachos se regalaban su vestuario típico, manillas, sombreros”, dijo y agradeció por la manilla y el sobrero vueltiao que le obsequió un Zenú, por la camiseta y más manillas de su nuevo amigo amazona, al que elogió por hablar varias lenguas. “Gracias a Dios, a Juan Pablo (Gutiérrez – coordinador), al Pibe (Valderrama – seleccionador), y al Pocillo (Jairo Valencia) porque quedé sorprendido que me nombraran como capitán, por mi edad y porque había jugadores con más experiencia”.

Daniel es wayúu, tiene veinte años y desde niño está jugando fútbol. Lo hacía en los partidos de barriada en Barrancas, donde reside o en el Resguardo Provincial al que pertenece, asentado en zona rural de ese municipio guajiro. En el fútbol proyecta su presente y su futuro y espera que en este semestre se le puedan abrir puertas que lo conduzcan a su sueño de ir escalando en equipos representativos, “Ahora solo estoy mentalizado en el futbol. Si de aquí a diciembre no se me dan las cosas, ahí sí no me iría a la universidad a estudiar algo que tenga que ver con el deporte. Estoy emocionado por esta carrera sé que tengo las capacidades de hacerlo bien”.  

Las palabras de Daniel traducen el sentir de sus compañeros de selección y, en síntesis, de los cientos de indígenas que están hoy apostándole al deporte y a nuevas alternativas innovadoras de inclusión y paz, en el marco de la estrategia ‘Más allá del balón’, liderada por la Organización Indígena de Colombia – ONIC, como ruta conducente a un mejor futuro para los jóvenes, blanco de reclutamiento forzado y otras expresiones de la guerra.

Juan Pablo Gutiérrez, coordinador de la selección Colombia indígena de fútbol, hace énfasis en la importancia de este proceso, por cuanto se evidencia el deporte, en este caso el fútbol, como constructor de sociedades, que permite mostrar que en la juventud de indígenas hay talento, más allá de lo folclórico que se les quiera mostrar.

"Más allá del balón" es un proceso deportivo que se está llevando a cabo desde el año 2013 y que desarrolló el campeonato nacional del que surgió la selección Colombia. Precisó Juan Pablo que para las justas nacionales participaron 82 pueblos indígenas, de los 102 que existen en el país, más del 70 por ciento, entre los 17 y los 21 años, y añadió que se trata de jóvenes común y corriente, que juegan fútbol los domingos en sus barrios, que tienen el deporte como pasión y opción para surgir. Por eso ponderó el exitoso paso por la Copa América como la oportunidad para que muestren todo lo que saben, para que hagan aportes positivos, para que tengan la oportunidad de cumplir sus sueños, para que sean convocados por otras selecciones y para que en el futuro no existan las diferencias de campeonatos de indígenas y no indígenas, sino que puedan todos participar sin diferencias étnicas, hermanados por el poder integrador que tiene el futbol.

Daniel por su parte llama a mirar el deporte como una opción de paz no solo para él y sus colegas, sino para un país entero que se integra en esa gran comunidad amante del deporte, de las representaciones patrias, que desde diversos puntos de la geografía se unen para crear un campo de energía positiva y enviársela a los que más allá de la frontera los representan, dando así testimonio de integración social a través del fútbol.

 

María Ruth Mosquera

@sherowiya

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