Ocio y sociedad

Problemas comunes: narcotráfico en Colombia y México

Ángel Antonio Dávalos Escalona

11/12/2015 - 06:50

 

En México hasta hace algunos años la violencia que se presentaba en el norte del país consecuencia de los enfrentamientos entre cárteles no era muy alarmante. Las cifras de hechos sangrientos nunca habían superado las presentadas en Colombia durante el periodo conocido como el “narcoterrorismo” que protagonizó Pablo Escobar Gaviria, líder del cártel de Medellín.

En Colombia, las muertes relacionadas con los diferentes cárteles que operaban en la nación se volvió preocupante hasta que los afectados fueron personajes de la política. A partir de 1984, la ley de las armas fue la que controlaba el gobierno colombiano. Fue entonces cuando se presentaron los asesinatos de un ministro, un precandidato presidencial y el director del periódico El Espectador, Guillermo Cano.

Además, el también llamado “Zar de la cocaína” ordenó varios atentados con explosivos con el fin de quitarle la vida a políticos importantes, sin preocuparle la población civil a la que pudiera afectar. Tal como pasó en el ataque contra el vuelo 203 de Avianca el 27 de noviembre de 1989, donde resultaron muertas 107 personas.

Algunas fuentes dan cuenta que entre Pablo Escobar y Jairo Velásquez Vásquez, quien fue su principal sicario, ultimaron un aproximado de 10,000 personas durante el tiempo que estuvieron controlando el tráfico de drogas hacia los Estados Unidos.

En el caso mexicano, los años ochenta trajeron personajes claves en lo que ahora es el fenómeno del narcotráfico. Miguel Ángel Félix Gallardo y Rafael Caro Quintero fueron los líderes del cártel de Guadalajara, que se encargó de la producción de cocaína y mariguana para exportación. Además fue una de las primeras organizaciones criminales que tuvieron nexos importantes con el narco en Colombia.

En esta época e incluso tiempo después, el pueblo mexicano no se imaginaba que el problema de la violencia ejercida por la delincuencia organizada iba a tener consecuencias como las que actualmente informa la prensa nacional e internacional.

El “narcoterrorismo” colombiano parecía muy lejano respecto a la situación mexicana con los cárteles de la droga, ahora la realidad se va transformando en algo que va teniendo cada vez más similitudes con la experiencia sudamericana.

La zona norte de México ha perdido su exclusividad como ruta principal para la operación de los poderosos cárteles que en la actualidad ocupan todo el territorio nacional para negocios que al parecer ya no están solamente relacionados con drogas; el secuestro y el lavado de dinero también están dentro de sus actividades.

Con el afán de imponer su control, es evidente que las organizaciones criminales que actúan en territorio mexicano han recrudecido la barbarie con la que actúan contra sus adversarios incluyendo personajes de la política, generando terror sicológico en la población.

Lo ocurrido en la capital michoacana el 15 de septiembre de 2008 cuando una granada de fragmentación estalló en medio de la plaza donde se encontraban cientos de personas, este hecho se consideró terrorismo, pero no solamente los atentados con explosivos deben ser calificados con este término.

Es terrorismo también la forma como se llevan a cabo las ejecuciones por parte de sicarios, las decapitaciones, los levantones, la tortura de víctimas desconocidas de las que nunca se sabrá si pertenecían a algún grupo criminal o eran simples ciudadanos.

Sentirse totalmente vulnerable ante una situación de violencia donde no se sabe quién es el protector o el agresor, también genera miedo en la gente. En las zonas donde tiene presencia el ejército mexicano la situación sigue igual, los pobladores de estas entidades han sido testigos de constantes balaceras donde la presencia de personal militar es nula, posiblemente consecuencia de un acuerdo previo.

El analista José Antonio Crespo califica como desafortunado el hecho de que soldados realicen labores policiacas; el patrullaje y control militar en territorio nacional no ha tenido los resultados esperados, al contrario, han sido constantes las quejas de la población por los abusos del personal castrense.

El afán de mantener al ejército en las calles ha provocado la muerte de civiles, incluyendo niños, dándose a conocer casos de familias atacadas en retenes militares sin razón alguna, aunque en los medios se maneja que desobedecieron una orden para detenerse.

Al parecer, estamos en medio de un montaje cada vez más dramático por la forma en que se nos presentan las cosas, los servicios informativos se han encargado de ambientar las notas relacionadas con el narcotráfico mostrando a todos los detenidos con un apodo o alias con el que era conocido en la organización criminal, evidenciando así la connotación negativa que lo convierte en el enemigo público.

Lo anterior es resultado de la intención que tiene el gobierno mexicano de justificar el gasto generado en combatir al crimen organizado, recursos tomados del erario público que benefician a empresas armamentistas y de tecnología.

 

Angel Antonio Dávalos Escalona  

 

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