Ocio y sociedad

Tiempo, ¿Cuáles perros rabiosos te persiguen que vas tan de prisa?

Fabio Fernando Meza

17/11/2015 - 03:50

 

San Fernando / Foto: Bashir Yacub

Es increíble cómo pasa el tiempo. Apenas le da a uno la oportunidad de respirar, y eso, a veces. Por ejemplo, no más ayer en San Fernando, Magdalena, se veían ir y venir a las personas encargadas del ritual sagrado del ordeño, en sus burros. El primero era el tío Negro, le seguía el señor José Ruiz y don Pedro Mejía, entre los más madrugadores. Hoy quizás lo continúen haciendo pero en otra clase de transportes.

Con razón el señor Juan Pablo Cortina, a quien tuve la oportunidad de conocer hace poco, me decía muerto de risa: “Fabito, hay que hacer una colecta para comprarle una moto a Jeremías Carreño y a Blacho Carreño, porque no es posible que sean los únicos sanfernanderos que vayan al monte en burro…”.

Hace una semana era el primer puente del año, y va corriendo tan rápido este endiablado tiempo, que ya hay que volver a alistarse para parrandear con Iván Carreño en su cumpleaños. ¡Es impresionante cómo le rinde!
Yo recuerdo que fue el sábado pasado no más que me quité el bigote y la barba, cuando mi amigo David Ruiz Aguilera me dijo que “mi cara parecía la pared del cementerio llena de goleros”. Eso para mí fue ayer. Sí, ayer, cuando andábamos por ahí, felices e indocumentados enderezando las calles y tomando de noche avenas donde la señora Carmen Nieto. 

Pero es que todo pasa tan raudo que volteo para atrás y veo a Luz Carime Álvarez jugando piedra volte’á en el pretil de mi abuela Rebeca. No le ganaba nadie. Y todavía se escucha el grito de la señora Hernita, su mamá, diciéndole que se apure con el cuarto de manteca que es para fritar el pescado del almuerzo. ¿Eso no fue hace unos segundos?

Un amigo me decía que para él hacía una semana que no se sentaba en la mesa a almorzar con su familia por sus múltiples ocupaciones, y el domingo que lo hizo se encontró con un par de jóvenes y cuando les preguntó quiénes eran le respondieron: ¡tus hijos! Su esposa dice que hacía años no se sentaba a comer con la familia. Yo le concedo la razón cuando dice que la culpa es del tiempo.

Yo cierro los ojos y vuelvo a vivir la eternidad que había antes desde los Carnavales hasta la Semana Santa. Hoy uno no pude espabilar porque se encuentra después con que es Viernes Santo. ¿Qué vaina es esa? ¿Y eso a qué horas pasó?

Parece que al bendito tiempo en San Fernando lo estuvieran persiguiendo los perros rabiosos y asesinos de Rito, aquel siniestro personaje que alguna vez llegó a San Fernando y acabó con todo animal de monte, incluso, con el que ni siquiera había nacido. Porque eso es mucho correr…

San Fernando era el pueblo donde todo transcurría con una lentitud insólita. Había que ver cuánto demoraban en volver los sanfernanderos que salían a trabajar para La Guajira o para Venezuela con una grabadora y un paquete de cigarrillos Kent en el bolsillo junto a casetes de música vallenata y llenos de billetes de a 100 pesos o de bolívares para gastárselos en el billar de El Mono Suárez. Hoy todo ha cambiado.

El doctor Édgar Ruiz me decía que “hasta el desayuno ahora hay que comérselo rápido, porque no se ha sentado uno muy bien a la mesa cuando ya la mamá de uno está atizando la sopa del almuerzo”. Todo transcurre así, ahora, con una velocidad que da miedo.

El miércoles de una semana pasada cualquiera San Fernando tenía las calles repletas de arena y nos sentíamos orgullosos de ello. Hoy sus calles parecen cadáveres: peladas y malolientes en algunos sectores. Hace unos minutos en mi tiempo, la dinámica comercial en el pueblo era enorme: alcanzadores de naranja, recolectores de fríjol, de maíz, arrancadores de yuca, desmontadores de maleza, limpiadores de rosas, en fin. Tan así era ayer, hipotético lector de esta crónica, que el reputado agricultor Cástulo Yepez, se quejaba alguna vez en el camino del monte que su rosa se le estaba perdiendo en la maleza porque todos los que se dedicaban a ese noble arte estaban ocupados. Eso apenas fue el lunes pero parece que ha pasado una eternidad porque ya nada de eso se vive en el pueblo. Qué tristeza. La gente no encuentra qué hacer.

Los parranderos del San Fernando de ayer bostezaban aburridos porque de un sábado a otro era como una procesión del Santo Sepulcro de Mompós, que da un paso adelante y dos para atrás, por lo lento que corría el tiempo y había que hacer fuerza para que se fuera rápido la semana y ellos ir corriendo para la Súper Bomba o Manduquito o la Ceibita, las casetas de moda del San Fernando del ayer. Los primeros que corrían era Marquitos, Carlos Arturo y Pachón, orgullosos porque eran los que se daban el lujo de trabajar en Cervecería Águila, en Barranquilla. Hoy es tanto el correr del tiempo que no se ha ido muy bien el lunes cuando el domingo está tocando las puertas.

Yo no sé a dónde vamos a parar con esta premura que tiene el tiempo, porque no se ha acostado uno muy bien cuando al segundo están cantando los gallos anunciando que llegó el amanecer. Para mí fue el viernes que acaba de pasar cuando tuve el honor de parrandear con Juancho Ruiz Meza en el pretil de la escuela y escucho horrorizado que en realidad fue en el 2000.

¿Acaso no fue el martes pasado cuando la señora “Magüi” le fue a poner las quejas a Nando Álvarez de que su hijo mayor le metía a la fuerza los burros a la sala de su casa, no más para oírla gritar rabiosa y maldecirlo con palabras de grueso calibre mientras el hijo de Nando se retorcía de la risa?.

Lo triste de todo lo que va pasando en San Fernando, de los bueno, me refiero, es que a veces no deja huella y se pierde en el mismo tiempo, en este tiempo que estoy atacando, porque no es posible, por ejemplo, que las nuevas generaciones no sepan quién fue el señor Antonio Príncipe, un magnate del comercio que parecía árabe porque hasta en el agua de lluvia veía una mina de oro que había que explotar.

Es insólito que el tiempo con su velocidad suicida desee borrar el recuerdo de por ejemplo, el turco Julio, como le decían al patriarca Sirio, Julio Yacub Waquim, a quien conocí de niño montado en una mula blanca y chueca marcada con el hierro candente que tenía una “Y” montada sobre una “J”, y luego en un tractor “International”. 

Como va el tiempo, nadie se acordará del personaje que vivió hasta hace poco frente de la casa del señor Domiciano Cantillo y que fue un referente para el pueblo.

Pero si hace poquito el pueblo se engalanaba para sus fiestas y todos participaban con entusiasmo y respeto y se las gozaban. Hoy no. Ahora todo lo domina la politiquería y la corrupción y San Fernando se desangra sin remedio. Yo me acuerdo de haber conocido a Dago, el hijo de visita con su bacanería en la sangre, al igual que a Iván Delgado, y no hace mucho. Hoy, en San Fernando, los Dagos e Ivanes se multiplican como lo hacían los majagüitos en la cieneguita y nadie dice nada ¿será por los tiempos que ahora son dizque modernos y todo es permitido?

Antes las familias respetadas y respetables de San Fernando se unían para un bien común y lo llevaban a feliz término. Ejemplo de ello es la casa donde funcionó Telecom y ahí está y quien desee la puede palpar. Al sol de hoy nada de eso ocurre porque San Fernando parece varios “San Fernanditos” y gana el que más egoísta sea. ¿Será también por culpa de los tiempos de ahora, como dicen los abuelos?

Bueno pero si llueve en marzo y hace verano en octubre, entonces todo puede pasar, y me imagino que un día de éstos mi amigo Tuco atravesará el río en su moto cargada de queso y maíz y no necesariamente por un puente sino por el lecho seco y tostado…

Anoche apenas éramos niños que estudiábamos la primaria y hoy ya nos da miedo pasarnos la mano por la cabeza porque a lo mejor no encontramos ni un solo cabello. Qué enemigo tan peligroso se ha vuelto el señor Tiempo, carajo!

¡Caramba! Con razón ya estamos a punto de alcanzarnos a nuestros padres en edad, porque ellos parecen se han estancado en su primavera, mientras nosotros vamos derechito de nalgas para el estanco y ni quien nos ataje.

 

Fabio Fernando Meza 

Sobre el autor

Fabio Fernando Meza

Fabio Fernando Meza

Folclor y color

Cronista colombiano originario de San Fernando (Santa Ana, Magdalena). En esta columna encontrar textos sobre la música vallenata, su historia y sus protagonistas, así como relatos cortos que han sido premiados a nivel nacional e internacional.

1 Comentarios


ALEX NAVARRO NAVARRO 09-11-2016 08:18 PM

aunque sean todas esas costumbres o actividades cotidianas de nuestros antepasados arrolladas por por la señora llamada imnovacion o como suela llamarse , me ciento orgulloso de haber nacido alli en ese terruño llamado SAN FERNANDO lavado por las lindas aguas de nustro rio MAGDALENA

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