Ocio y sociedad

Las intrépidas aventuras de dos expedicionarias del Caribe

María Ruth Mosquera

18/03/2016 - 06:40

 

Alejandra Murgas y Tayanne Bonivento

El suyo no es un cuento infantil, ni de princesas en castillos encantados. Ellas protagonizaron una película de aventuras extremas que las llevó a descubrirse fuertes, osadas, intrépidas, incansables y exploradoras, pero también sensibles, con una enorme capacidad de asombro ante la inmensa belleza natural y la bondad humana que existe en Colombia.

Alejandra Murgas y Tayanne Bonivento. La una, comunicadora social – periodista, barranquillera, apasionada por el arte de contar historias desde la escritura y lo audiovisual. La otra, ingeniera ambiental en formación, wayúu, perteneciente a la comunidad indígena de Mayapo en La Guajira, amante del senderismo y todo lo que tenga que ver con la naturaleza. Ellas son las intrépidas aventureras que representaron a la Región Caribe en la Expedición Cóndor de los Andes, que comenzó a emitirse hace poco por Señal Colombia.

De manera independiente se enteraron de la convocatoria que buscaba en el país a nueve aventureros, que no fueran deportistas consagrados, pero que estuvieran dispuestos a salirse de sus rutinas para lanzarse a vivir nuevas experiencias, mientras conocían otras culturas, al tiempo que le iban contando al mundo sus descubrimientos y sensaciones.

“Yo nunca me había animado a hacer deporte extremo. Luifer (el novio) y yo siempre estamos pendientes de las convocatorias de Señal Colombia; ese día estábamos revisando y encontramos esa convocatoria, no para realizar un audiovisual sino para hacer parte de él y dijimos ¿por qué no?”, cuenta Aleja. La entusiasmaba la idea de viajar para poder hablar con conocimiento de causa de “toda esa riqueza que tiene nuestro país, que es diverso a nivel cultural, natural, en la gastronomía, en fin. El tema de poder uno llenarse de argumentos, sentir o incrementar ese sentido de pertenencia por el país también me enamoró”. Hicieron el video requerido por la convocatoria, lo enviaron y activaron su fe.

A Tayanne le llegó la noticia de la convocatoria por boca de un amigo que la inyectó las ganas de participar en la que pintaba como una aventura superior a todas las que hasta el momento había vivido. “Me dijo que me animara, que enviara el video; le comenté a los compañeros y ellos me apoyaron, me ayudaron con la parte de logística; hicimos el video en la universidad Popular del Cesar”, relata esta joven, quien a sus 19 años ya se encontraba enamorada del mundo natural y la alimentaba la idea de conocer toda esa biodiversidad que existe a lo largo y ancho del país.

En total fueron 410 personas que enviaron sus videos, con el anhelo de alcanzar uno de los tan solo nueve cupos necesarios para integrar el grupo de expedicionarios de la cultura, el medio ambiente y los deportes extremos que promueve la Expedición, cuyos orígenes datan del año 2004, cuando un grupo de aventureros y amigos del ecosistema pensaron que esta sería una idea genial para promover a Colombia como “destino turístico de aventura, con una riqueza cultural, natural y paisajística incomparable”.

 

Seis cupos los seleccionó directamente el Canal, en los cuales estuvo Tayanne. Los tres restantes debían ganar su entrada a partir de votaciones que hicieran las personas en la página web; aquí le correspondió a Alejandra apuntarle a hallar gracia ante los colombianos para acumular el puntaje suficiente, tal como sucedió. “Afortunadamente en Valledupar todos mis colegas me colaboraron para que la gente votara”, agradece hoy.

Pese a que la una es barranquillera y la otra guajira, con el wayuunaiki como lengua originaria, ambas fueron a la Expedición Cóndor representando a Valledupar, dado que para el momento de la selección era esa su ciudad de residencia, hasta la cual llegó el equipo de producción para comunicarles la buena noticia: ¡Se irían de expedición por Colombia!

En un lapso de tres meses, la Expedición Cóndor de los Andes recorrió 113 departamentos, practicando 17 deportes extremos, viajando por carretera, saltando de Bungee Jumping, escalando montañas agrestes, encarnando a personajes de otras culturas, probando la gastronomía diversa del país, conociendo especies de flora y fauna, asombrándose con los paisajes que iban descubriendo a medida que sumaban kilómetros a sus recorridos. “Yo me sentía como Cristobal Colón descubriendo el territorio colombiano, me sentía como una conquistadora. Creo que fue una oportunidad muy bonita lo que vivimos y sin duda es recomendable para todo el que tenga la oportunidad de recorrer el territorio e interactuar con otras culturas”, relata Aleja y añade: “Mira, hay un lugar fascinante que a todo el mundo le hablo de él; no lo tenía referenciado. Me habían hablado de Caño Cristales, pero lastimosamente por la sequía nos decían que no estaba apto para maravillarse con él. Cambiamos de plan y nos fuimos a Lejanías, Meta, donde hay un río azul. Yo quede fascinada, ese deseo de bañarse uno enseguida. Es un lugar de ensueño, el agua azulita, es divino ese lugar”.

Para Tayanne fueron experiencias únicas las que vivió, por ejemplo bailar salsa ‘del puente para allá’ en Juanchito (Cali). “En naturaleza, llegamos a Juanchaco y conocimos las ballenas y la historia de viaje que ellas realizan para llegar al océano pacífico”, cuenta maravillada, refrendando ese gusto que encontró en lo natural hace un poco más de dos años cuando empezó con sus compañeros de universidad a practicar senderismo, a adentrarse en las montañas, a maravillarse contemplando la gran variedad de fauna que hoy habita el Ecoparque Los Besotes, en Valledupar, a descubrir la importancia del oxígeno puro, de un medio ambiente sano, a ratificar esas ganas que tiene siempre de agarrar una mochila, meter ahí sus sueños y emprender un nueva aventura.

Fue la oportunidad también para conocerse entre ellos y entenderse como seres tan distintos como los lugares que descubrieron, pero todos como parte de un universo en armonía, a enamorarse aún más de su Patria y de su gente maravillosa. “A veces me ha tocado pasar por cosas en las que yo siento que desconfío de la humanidad, pero en ese viaje siento que volví a creer en la humanidad, en que también hay gente buena que piensa en hacer el bien, que se desvive por atenderlo a uno y de esa gente también aprendí mucho”, enfatiza Aleja y reitera la invitación a “que conozcan su país. No todo es lo que está en las noticias. Hay cosas muy bonitas”.

Grandes aprendizajes que hoy las tienen enamoradas de la riqueza de su país y convertidas en dos promotoras más de la hermosura del territorio colombiano; pero son – por encima de todo eso – dos mujeres valientes, que se desafiaron en sus propios límites, pusieron a prueba su fuerza arrasadora, elevaron su confianza en lo que son capaces de hacer y vencieron los miedos que en ocasiones se agazapan en las esquinas de la vida para impedirle a las personas atreverse o avanzar hacia la meta de sus sueños

“Cambió mi vida en ciertas cosas porque uno dice si me quiero tirar de tanta altura lo puedo hacer, pero cuando uno lo vive es distinto, cuando estás frente al reto tomas la decisión para bien o para mal, es como la vida, uno toma las decisiones cuando está frente a ellas”, expresó Tayanne.

“Hacer deporte extremo me sirvió para sacar del todo el dolor por la muerte de mi mamá. Tanta descarga de adrenalina me permitió liberarme de muchas cosas. Desde que volví de la expedición no he vuelto a llorar por ella. Ahora la recuerdo con alegría”, manifestó Aleja.

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya 

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