Ocio y sociedad

El pregón cansado de la alegría

María Ruth Mosquera

17/05/2016 - 06:30

 

Francisca Torres Reyes / Foto: María Ruth Mosquera

A la media tarde se oye a lo lejos venir el eco: “Alegría, cocada, caballito, enyucadoooo”. Es un pregón añejo y fuerte que penetra en las casas, logrando ahuyentar en algunos la somnolencia producida por el sopor de esa hora del día y ofreciendo a otros un bocadillo redentor que les inyecta nuevos bríos para terminar sus jornadas. A medida que se acerca aquella voz, algunas personas se asoman a la puerta sosteniendo en sus manos el dinero para pagar la cuota de dulzura que con esmero se les ofrece.

Es una mujer de estatura media, delgada, adulta, con mirada penetrante y cansada. Su piel de ébano y sus pasos firmes traen a memoria duras faenas libertarias de tiempos remotos. Un trozo de textil forma el rodete que sostiene – como adherida -  la ponchera grande sobre su cabeza; ahí trae manjares de diversas formas, texturas, colores: Unos de crispetas acarameladas y compactadas en una forma cilíndrica; unos dulces que dejan ver tiritas de papaya azucarada; unos trozos de lo que parece ser una torta horneada de yuca con ingredientes de alto sabor y aroma, y unas cocadas que dejan ver el coco rallado, pero también pedazos sueltos, como al azar, en caramelo de panela o de azúcar.

Levanta los brazos y descarga la ponchera para vender dos cocadas blancas y un enyucado, pero también para hacer un alto en el camino y tomar un respiro en plena jornada itinerante, tenaz, que le demanda suficiente ímpetu para mantenerse andando, después de haber andado muchos kilómetros, bajo un sol canicular, con un peso en la cabeza y la certeza de que mañana deberá hacer la misma ruta, la ruta de su vida, de la pervivencia familiar, de la eternización de los usos y costumbres de los suyos, de su esencia palenquera, su esencia  negra.

Guarda los tres mil pesos en el bolsillo de un delantal blanco que le sirve de caja registradora y a la vez de guardador de bolsas, servilletas y otros utensilios de su trabajo; y se aleja, dejando tras ella la dulzura de su gastronomía artesanal y el eco de su pregón que arrastra cansancio y vida.

Es una vida rutinaria la de Francisca Torres Reyes o ‘Chica’ como la llaman sus cercanos. Bien temprano deja su lecho para ir al mercado a comprar los ingredientes de sus preparaciones, que tienen lugar en el patio de su casa en el barrio Villa Corelca de Valledupar. Han sido cerca de cuatro décadas aportando el toque de su ‘alegría’ a las tardes de cientos de clientes que la esperan porque saben que lo que ella les ofrece son exquisiteces de alta calidad.

En la plenitud de sus años, Chica abandonó su pueblo, San Basilio de Palenque, localizado en las faldas de Montes de María; se vino buscando nuevos horizontes o tal vez atraída por el recuerdo del hombre que le hacía temblar el alma. “Me vine sola. Antes vendía bollos y Alegría en Cartagena. Aquí empecé trabajando en casas de familia. Lo de los dulces vino después”.

Varios años antes, había salido de Palenque Maximiliano Herrera Tejedor (‘Maravilloso’ o ‘Mara’, como lo bautizaron sus amigos cesarenses, debido a su puño, semejante al del famoso boxeador), un trotamundos que recorrió pueblos y montañas, aterrizó en este valle y se topó con la muchacha que desde su adolescencia le convulsionaba los sentimientos. Unieron sus vidas y procrearon once hijos, a los que criaron a fuerza de trabajo; él como albañil y empleado de una empresa de servicios públicos, y ella como vendedora de dulces o ‘Palenquera’.

Aunque en su casa se escucha champeta y ellos mismos son evidencia de la herencia africana, hasta hace poco en la familia nadie hablaba la lengua palenquera, algunos miembros de las nuevas generaciones no conocían el pueblo y los que sí han estado allí no se adaptan a él, pues el contexto de su crianza fue distinto.

Bien entrada la tarde, Chica regresa a su casa, muy cansada, pero con el ama llena de satisfacción por el deber cumplido y de plenitud, esa que producen las bendiciones cuanto alcanzan a las personas, bendiciones que en su nombre proclaman cada uno de sus clientes satisfechos, a los que literalmente esta mujer les llena la vida de ‘alegría’.

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya 

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario Autorizo el tratamiento de mis datos según el siguiente Aviso de Privacidad.

Le puede interesar

Recordando a Toba Mendoza

Recordando a Toba Mendoza

  Nació en La Peña (Guajira) era el mayor de cinco hermanos, sus padres fueron Ángel Mendoza y María Francisca Acosta. Desde muy ...

Gobierno del Cesar y SENA amplían plazo para inscribirse al Fondo Emprender

Gobierno del Cesar y SENA amplían plazo para inscribirse al Fondo Emprender

Los emprendedores del Cesar tienen más tiempo para formalizar sus ideas de negocios, convertirlas en uno modelos a seguir y generar em...

Primeros días de confinamiento

Primeros días de confinamiento

  Este fin de semana se cumplió el primer aniversario del inicio del confinamiento en Bogotá. Al “Simulacro vital” (como lo den...

ExpoCesar 2017: un espejo del Cesar en sus 50 años

ExpoCesar 2017: un espejo del Cesar en sus 50 años

  El próximo 15 y 16 de diciembre se realizará la primera versión de ExpoCesar 2017, el evento ferial más importante del depart...

Coloquios de buseta

Coloquios de buseta

  Hablan de todo: de un sol que ‘calcina’ a las dos de la tarde, de la vecina que fue alcanzada por una bala perdida decembrina...

Lo más leído

El Porro colombiano

Jairo Tapia Tietjen | Música y folclor

Historia del teatro moderno y universal

Rolando Sifuentes | Artes escénicas

El Palo de Cañaguate

Aníbal Martínez Zuleta | Medio ambiente

Ese intruso gato azul

Guillermo Valencia Hernández | Literatura

Grandes poemas sobre la amistad

Redacción | Literatura

Los grandes poetas de la canción vallenata

José Atuesta Mindiola | Música y folclor

Tres Marías

Diego Niño | Literatura

Síguenos

facebook twitter youtube

Enlaces recomendados