Ocio y sociedad

El hombre que silba por la paz de Colombia

Johari Gautier Carmona

01/07/2016 - 06:00

 

Jorge Eliécer Visbal Malo

Mirada penetrante y frente reflexiva. Detrás de sus anteojos, Jorge Eliécer Visbal Malo observa detenidamente el mundo de colores que se antepone ante él. La exposición artística a la que acude -Los espejos de América- son motivo para la reflexión, pero él ve algo más: razones para reunirse, discutir y compartir.

En el reverso de su guayabera, relumbra la estampa de una frase colorida: “Silbidos vallenatos por  la paz”. El hombre es un pacifista. Un alma que pregona sentimientos de concordia, y cuando le preguntamos de dónde viene ese lema que acompaña su foto en su espalda, Jorge Eliécer sonríe, concentra la mirada, y luego explica la noticia que disimuladamente trata de esparcir a los cuatro vientos: él es silbador, un auténtico, de aquellos que nacieron silbando y nunca dejaron de hacerlo, y al decirlo, se le cambia la cara. Del rostro serio y pensativo que exponía ante unos cuadros que enarbolan el misticismo de la cultura arhuaca, pasamos a un semblante elástico y contagiosamente risueño.

Su voz es un testimonio de calidez. Profesor jubilado de educación física en Codazzi (Cesar), de origen samaria, Jorge Eliécer colecciona las alegrías. Silba desde muchacho, nos manifiesta, siendo éste el mayor de los orgullos, y además tiene el privilegio de dirigir una banda cívica en la costa Caribe de Colombia, una de las pocas con acordeón y liras.

“La persona que silba, dicen algunos estudios, es apacible por naturaleza, es sensible, es una persona calmada”, sostiene el profesor y, al mismo tiempo, se auto-retrata con parsimonia, como si se hallara en frente de un espejo real –escondido entre los espejos de América- que le devuelve su apariencia. “A mí particularmente, silbar me relaja, me entretiene, me transporta al mundo que estoy silbando, que en este caso son vallenatos”, argumenta Jorge antes de retratar un panorama desesperanzador donde el silbido brilla por su ausencia. “Ahora los muchachos no silban, pendientes de Internet, pendientes del teléfono móvil, y se perdió esa costumbre, pero vamos a ver cómo la rescatamos y, sobre todo, cómo la rescatamos para la música tradicional”.

Durante el segundo semestre del año 2015, movido por el deseo de contribuir a la construcción de la paz y un postconflicto libre de rencores en la ciudad de Valledupar, Jorge Eliécer Visbal se inscribió como alumno de la Escuela Vallenata de Paz. Ahí asumió un protagonismo notable, participó en un gran número de conferencias y se destacó en la clausura del evento con una flamante interpretación silbada de la canción “Canta conmigo” de Hernando Marín Lacouture. “Transformamos el verso final diciendo “Canten con gestores de paz”, ya que todo el auditorio se graduaba ese día. Sé que le gustó a los compañeros de la escuela, y tuve la oportunidad de mostrarme en ese día”, explica Jorge Eliécer. Sus silbidos pacíficos fueron aclamados con viva emoción.   

Sin embargo, el pacifismo de Jorge Eliécer y su deseo de que Colombia supere el lenguaje de las balas ya se había ilustrado mucho tiempo antes. En realidad, es muy probable que surgiera al mismo tiempo que sus primeros silbidos. “Yo soy un convencido de que si Colombia silbara ya estaríamos en paz, por las características que denota el silbido en las personas que lo practican”.

Emprendedor y recursivo, Jorge Eliécer demostraba en 2006 su compromiso con el silbido creando en Agustín-Codazzi (Cesar, Colombia) un festival que este año cumple su undécimo aniversario y donde el silbido es rey. Con el tiempo, este evento le valdría el título de “Juglar que se hizo silbando” (El Tiempo). En marzo-abril del 2015, grabó el CD “Silbidos vallenatos por la paz”, un canto de felicidad en clave de vallenato silbado. En realidad, un viaje a través de grandes canciones que marcaron la infancia de muchas generaciones: desde “La Gota fría” de Emiliano Zuleta hasta “Tres canciones” de Diomedes Díaz o “El mochuelo” de Adolfo Pacheco.

Más que una producción musical, Jorge Eliécer Visbal se aventuró en un proyecto que lo ayudó a fortalecer su don y disfrutar de esas grandes melodías que alumbran las mañanas. “Todas las canciones clásicas se prestan para silbar”, explica. “Yo me imagino en la canción “Dime pajarito” [de Octavio de Jesús Daza] cuán bonito silban los pajaritos, y me transporto a una montaña cuando lo estoy silbando. Y en el caso de “Ausencia sentimental”, que es el himno del festival, me pongo en los zapatos de Rafael Manjarres, que estando en Bogotá no podía venir al Festival Vallenato porque el medio de su papá no daba para darle los pasajes. Indudablemente una gran canción. Mira cómo son las cosas, él que no tuvo para venir –motivo de esa canción-, hoy es el dueño del himno del festival”.

Silbar para renacer y experimentar. Silbar para despojarse de los artificios y de las complicaciones. Silbar para sentirse parte de la naturaleza, para sentir la alegría de un pájaro cantando sobre la rama de un árbol. Silbar para difundir y preservar la memoria de algunos aires clásicos de la música vallenata. La anécdota tiene su peso porque Jorge Eliécer se lo toma en serio: quiere hacer del silbido un verdadero monumento a la memoria del folclor vallenato. “Yo voy a reclamar para el silbido el espacio que se merece porque el silbido es el factor primogénito de la música vallenata, y yo agrego: de pronto es parte de la piedra angular de la música vallenata porque los juglares todos silbaban y de ahí nació el Vallenato”.

Jorge Eliécer Visbal Malo es otro soñador nacido en las tierras cálidas de la Costa Caribe. Un hombre que ha hecho de las pequeñas cosas de la vida cotidiana las mejores herramientas para la concordia y la paz.

 

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier 

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