Ocio y sociedad

Solterona por elección, no por ‘quedada’

María Ruth Mosquera

05/07/2016 - 05:40

 

La publicación cayó en sus manos y -literalmente- le salvó la vida a Brenda, quien por años había cargado con el estigma aquel que cargan las mujeres cuando, contraviniendo requisitos sociales, optan por estar solteras o permanecer sin casarse.

“Al menos tenga un hijo”, fue lo último que le imploró su madre cuando cumplió los 36, sin asomo de la intención de formar un hogar ni tener descendencia. “Los hijos son lo que le queda a uno cuando está viejo”, le aconsejaba su madre, poniéndole como ejemplo su propia historia de nueve hijos paridos, criados y educados, y una vida entera dedicada a ellos. “Yo no me pinto ese panorama para mí, a mí me convocan otras cosas”, respondía Brenda, agradeciendo a su madre por su dedicación. 

Y no es que Brenda hubiera cerrado con candado la puerta de las relaciones sentimentales; por el contrario, era una mujer que amaba profundamente, que se enamoraba hasta los huesos, que había puesto fin a algunos romances y que también había debido alejarse nadando en el mar de sus propias lágrimas, sorteando con dolor la desventura de juntar los pedacitos de su corazón hecho trizas por los finales indeseados por ella. Pero cumplido el duelo, se había recuperado y estado lista para amar otra vez.

Aprendió a no prestarle atención a las típicas expresiones de quienes la hostigaban por estar “tan mayorcita y soltera”, preguntándole que “¿para cuándo el niño?” o los amigos que entre chanzas le insinuaban que la estaba dejando el tren, que se estaba quedando para vestir santos, que se estaba convirtiendo en una solterona. “Pero es que si no te gusta el matrimonio, no te cases, pero al menos forma un hogar con alguien y ten un hijo”, le dijo su amiga, madre de tres hermosos niños y en proceso de separación de su segundo marido. “¿No puedo cambiar todo eso por muchos viajes?”, solía responder ella entre risas, mordiéndose los labios para no hacer la lista de casadas y aburridas o separadas que tenía alrededor. Aunque siempre reconoce que ha visto matrimonios y parejas que son ejemplo de amor, respeto y convivencia, lo cual le parece admirable.

A medida que añejaba, Brenda iba logrando liberarse de los estereotipos que situaban a la mujer como madre o esposa y había elegido ser lo que su corazón le dictaba que fuera, respetando profundamente la libertad de cada persona de casarse o no; sólo que ella no lo contemplaba, al menos en su presente.

Por eso cuando llegó a sus manos el libro ‘Solteronas, la construcción de una vida propia’ sintió alrededor de sí un coro de ángeles que le susurraba “no estás sola, no eres la única, hay muchas que como tú están solteras por elección y no porque les esté pitando el tren”. Se internó en la lectura y la disfrutó palabra por palabra, pero se interesó aún más en conocer los motivos que tuvo la autora para escribir la reveladora obra literaria.

Conoció entonces la historia de Kate Bolick, autora del libro, periodista y escritora, quien creció con la firme idea de casarse a los 28 años, tiempo en el cual ya habría estudiado y resuelto su vida profesional, pero cuando cumplió los 30 se dio cuenta que la idea del matrimonio había desaparecido; más, cuando estaba entrando por la puerta de una década de nuevas oportunidades de realización profesional en la que no visualizaba espacio para un marido.

Se sumergió en el mundo de las letras, fungiendo como editora de las revistas, autora invitada de entrevistas literarias, colaboradora notoria en proyectos editoriales, destacada en las principales revistas, periódicos y canales de televisión norteamericanos; pero también leyendo mucho a otras mujeres como Edna St.Vincent Millay, Maeve Brennan, Edith Wharthon, Neith Boyce y Charlotte Perkins Gillman, a las que situó en el papel de ‘despertadoras’, que la inspiraron para construir su identidad a partir de sus propias convicciones; a buscar dentro de ella y no en los demás.

En diversas publicaciones, Kate, quien se autodenomina Solterona, sin el mínimo asomo de preocupación por las connotaciones sociales de la palabra, ha hablado de las motivaciones de su obra. Relata cómo se iba haciendo mayor y no llegaba la persona apropiada para ella, incluso que llegó a pensar que ella era el problema; sólo hasta pasados los 30 asumió que tal vez no se casaría nunca, pero más que eso descubrió cuánto le gustaba su vida de soltera. Escribió el libro y una vez en venta, se convirtió en un fenómeno en Estados unidos, país en el que –según datos que revela – “entre las que no están casadas ni tienen pareja, y las que son viudas y divorciadas, la cifra de mujeres a las que ella llama solteras sobrepasa el 53%".

Aclara que su intención con esta publicación no es “representar a todas las mujeres solteras, sino explorar mi propia relación con la idea de estar sola, y esas mujeres fueron esenciales en mi proceso personal. No puedo representar a todo el mundo”, aunque precisa que muchas mujeres pasan por la situación y les cuesta asumir su soledad, sobretodo cuando no se trata de una decisión sino de circunstancias ajenas a su voluntad que las sitúa en esa condición no esperada por una sociedad, para la cual quedarse soltera es una calamidad, similar a estar ciega "quedarse ciega o sorda".

En la frontera de los 30 y tantos, Kate sentía la necesidad de aprender a estar bien consigo misma, pero no sabía cómo hacerlo y terminaba abrumada. "Es una presión real, que existe y provoca mucho estrés. También la padecen los hombres, porque el mundo está organizado en torno a la familia y a la pareja", dice y enfatiza que es más duro para el género femenino, pues si una mujer no tiene pareja muchas veces le toca lidiar con ‘gente pesada’ que la tilda de solterona, con acento peyorativo. "Todo el mundo sabe que es un término muy negativo, y aunque la gente no lo suele usar en serio, es una manera de mantener el miedo. Es una forma de decir: mira en lo que te vas a convertir si no te casas”.

La escritora vivió estas experiencias, en cierta manera. "Estuve varios años aprendiendo la manera de encontrarme bien conmigo misma. Una de las lecciones más importantes que he aprendido es que, para vivir bien sola, necesitas tener la voluntad de querer estarlo. Como cualquier tipo de vida plena necesita la intención de querer tenerla".

Tenía a su favor la claridad que había aprendido de madre, que casarse o no hacerlo, así como tener hijos o no - que son cosas distintas - son una opción propia. Las razones por las cuales la soltería no es ‘vista con buenos ojos’ y por qué muchas jovencitas se precipitan al matrimonio, renunciando a otras posibilidades de realización personas es porque “no se les han mostrado modelos positivos de mujeres no casadas que sean felices. Es así de simple. Las únicas jóvenes solteras que muestra la publicidad van de aquí para allá mientras esperan a que aparezca la pareja que buscan. Pero no hay más solteras que antes, aunque en los próximos años es inevitable que aparezcan más y más en series y anuncios. Y eso ayudará a moldear la realidad en el futuro”.

Es importante aclarar que el libro no es un tratado contra el matrimonio ni la vida en pareja; se trata de un testimonio de vida en solitario, sin que ello signifique una renuncia a una relación; incluso Kate Bolick, después de diez años de soltería, hoy tiene una pareja.

Una interesante moraleja para Brenda, quien encontró asidero para su sentir que la impulsa a vivir su aquí y su ahora disfrutando aquello que la hace sentirse plena, como viajar, leer, dejar fluir libremente sus procesos creativos; y si llega alguien que la haga reconsiderar su estado de soltería, bien sea para casarse o para establecer otro tipo de acuerdos para una relación amorosa, ¡Bienvenido sea!

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya 

1 Comentarios


Aurora Elena Montes 05-07-2016 03:55 PM

Las mujeres deben ser lo que deseen, el matrimonio y los hijos deben ser una opción, no una obligación, lamentablemente la cultura le ha impuesto unos roles a la mujer, roles que ella no debe seguir si no lo desea. No hay mejor vida que aquella que se elige sin presiones y con la convicción de lo que se quiere. !VIVAN LOS ESPÍRITUS LIBRES!

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