Ocio y sociedad

Carlos Guevara, el conductor de la cultura

José Atuesta Mindiola

19/10/2016 - 08:00

 

Entre los años 1982 y 1986 era común ver en los pueblos del Cesar un bus cargado de libros, conducido por un señor de estatura mediada y de afable trato, Carlos Guevara Támara. Pronto su nombre se hizo popular en niños y jóvenes. El carro tenía dos distintivos: bibliobús y la sigla I.C.T.C. (Instituto de cultura y turismo del Cesar).

La misión de Carlos Guevara Támara era despertar en los niños y jóvenes el interés por la lectura, acercarlos a la fascinación de la poesía, la narración y la tradición oral. Rescatar los juegos y las rondas infantiles. Nunca viajaba solo, siempre iban en el bibliobús o en otro carro instructores de teatro, danza, pintura y de creación literaria. Fueron épocas inolvidables de creación, promoción y difusión cultural, que durante las administraciones de Simón Martínez y Fanny Dangond se desarrollaron en el extinto I.C.T.C. 

Por falta de presupuesto para su mantenimiento (excusa frecuente de la inoperancia administrativa) el bibliobús dejó de cumplir su misión de biblioteca viajera. Pero Carlos Guevara, hombre de corazón lúdico y con alma de niño, continúa su labor de promotor cultural y organiza festivales de pintura, cuento, rondas infantiles, trompo y cometas.  Su condición de estudioso del folclor musical, de la gastronomía, la tradición oral y los juegos infantiles, le permiten asesorar tesis de grado de docentes de preescolar y básica primaria

¿De dónde vino Carlos Guevara Támara? Este "peregrino del bosque", como un día lo llamó el poeta Luis Mizar, nació en Sincelejo, en el hogar de Pedro Guevara y Ana Cristina Támara. Fue siempre fiel a sus orígenes, a su tierra y a la vida.  Era el quinto entre siete hermanos. Por sus limitaciones económicas no pudo terminar sus estudios de bachillerato. Con un vecino aprende el oficio de radio técnico. Desde muy joven ingresa a la defensa civil donde empieza su labor social; y hace parte de la Liga de fútbol del municipio.  Formaliza hogar con Carmen Gómez (no la fonsequera a quien el maestro Rafael Escalona le compuso una canción), tuvo cuatro hijos, entre ellos el pintor Edgar Guevara Gómez.

A finales de 1970, Carlos viaja a Maicao y trabaja como radio técnico, y allí conoce a Maria “Mayo” Armenta Deluque, modista vallenata, y establece su nuevo hogar. En 1978 se vienen para Valledupar, viven en el barrio “La Guajira”, ambos ejercen sus oficios, y ponen un aviso en la pared: “Tecni-Carlos y Mayo-moda”.  Aquí nacen las hijas: Doris, trabajadora social, y Claudia, enfermera superior. Los vecinos de barrio lo recuerdan por su labor social y pedagógica en apoyar a los niños y jóvenes en prácticas deportivas, en la lectura y en los juegos de rondas, trompos y cometas.  Un amigo poeta lo describe así: “Carlos Guevara el amigo de la sonrisa infantil/ como la aurora de abril en las espigas de trigo/. Valledupar es testigo de su amorosa aventura/ de promover la lectura con los talleres viajeros/ siempre será el pregonero, conductor de la cultura”. 

Su nieto, de trece años, Carlos Aguilar Guevara, dijo para despedirlo el pasado 5 de octubre: “Dios nos prepara la habitación mientras nosotros estamos en la tierra. Cuando Dios acaba la habitación nos llama para entrar en su Reino”.   

 

José Atuesta Mindiola 

 

Sobre el autor

José Atuesta Mindiola

José Atuesta Mindiola

El tinajero

José Atuesta Mindiola (Mariangola, Cesar). Poeta y profesor de biología. Ganó en el año 2003 el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y es autor de libros como “Dulce arena del musengue” (1991), “Estación de los cuerpos” (1996), “Décimas Vallenatas” (2006), “La décima es como el río” (2008) y “Sonetos Vallenatos” (2011).

Su columna “El Tinajero” aborda los capítulos más variados de la actualidad y la cultura del Cesar.

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