Ocio y sociedad

El viejo amigo de los años

María Ruth Mosquera

31/03/2017 - 06:40

 

 

Que los años no vienen solos y que pesan como un bulto en la espalda, que cuando se pasa del ‘sexto piso’ se comienza a respirar aire extra y se vive como en un mundo prestado y que el paso de los años siempre trae consigo achaques y amarguras.

Todas estas son afirmaciones que Juancho Gómez está cansado de escuchar y de desvirtuar cuando se para en una pista de baile y se ‘lleva por delante’ a muchos que tienen solo la tercera parte de su edad, aunque reconoce que los años le han robado un poco de brío y ya no es tan ‘atrevido’ como en sus años mozos, “esos se quedaron en el siglo pasado”, dice.

“La parte buena de la vejez se la da uno mismo porque, según el trato que uno tenga, así es su vejez. Por ejemplo, todo el mundo en Palestina (donde reside) dice: con ese hombre se puede tratar, pero con la mujer no se puede; a la mujer mía le tienen miedo. Entonces la cuestión se la da uno mismo; aunque el tiempo cambia y uno cambia también la actuación”.

Hace poco se le vio bailar, correr, contar chistes y disfrutar como niño, junto a otros adultos mayores en una reunión de adultos. Quienes lo vieron se sorprendieron al relacionar su energía con sus años, pero así es él, “un viejo feliz que no se deja asustar por el almanaque y que sabe cómo sacarle el jugo a su vejez”, como él mismo lo dice.

A sus 74 años, cuenta con orgullo que ha disfrutado cada segundo de su vida y no le ha dado cabida a la amargura en su corazón. Esto se ha convertido en el mejor antídoto para los achaques que llegan al pasar del ‘sexto piso’ en la escalera de la edad.  

Nació en un puntico de la tierra llamado ‘Pasa Corriendo’ (en Tamalameque, Cesar) que no aparece en ningún mapa, pero eso lo tiene sin cuidado porque “no importa de dónde se venga sino lo que se haga en la vida”, y hoy, más de setenta décadas después de su nacimiento, se sienta a analizar su vida y obra y se manifiesta satisfecho con lo sentido y con lo hecho, aún con sus hijos, con los que ahora se ve poco; “yo no cuento con ellos, son malos hijos, francamente, porque yo con mi papá no fui así”.

Es un hombre con músculos firmes, de piel cobriza, fuerza prodigiosa y mirada laboriosa que hace poco se coronó campeón de natación en un encuentro de adultos mayores de su departamento, en el cual sobresalía por encima de muchos otros hombres y mujeres a quienes los años se les notan mucho más que a él.

¿Su secreto? “La alimentación. Hoy en día la comida es puro químico y eso lo que hace es joderle el organismo a uno. Yo sigo alimentándome con mi comida del campo y me gusta mucho el pescado; es lo mejor para mí”.

Yuca, plátano, malanga, naranja, maíz, gallina criolla y una gama de manjares, que no conocen proceso químico alguno, han fortalecido su organismo y eso se ha reflejado en que a sus 74 años, disfruta de una sexualidad placentera son su esposa, de la que se declara enamorado todavía. “Dormimos arrunchaditos y de aquello…  todavía; no con el mismo ímpetu de antes, pero tampoco es como dicen que los viejos ya no soplan; si una mujer que se deja acariciar bien, goza conmigo”; dice en medio de una carcajada.

El nacimiento en un entorno rural le dio a Juancho Gómez las bases para convertirse en un agricultor curtido que se conoce todos los secretos más ocultos de la tierra, se crio arriando ganado, ordeñando vacas y dedicado a los sembrados familiares y también al acordeón, a la dulzaina, la poesía, el canto y el amor.

“Cuando yo estaba nuevo tenía muchas vainas, contaba chistes y hacía orinar a las mujeres de la risa. Yo era muy chusco y a veces cantaba rancheras de aquellas que servían; ya hasta se me ha olvidado”, se apresura a aclarar que no se trata de lagunas mentales o pérdida de la memoria sino de falta de práctica porque hace rato que no las canta.

Las cualidades de poeta y músico lo hicieron todo un encantador de mujeres que lo buscaban con insistencia, “pero yo en el amor fui bobo porque era penoso, acomplejado; a mí me sacó del complejo una hembra muy hermosa, mona, de cejas encontradas, que se enloqueció por mí, siendo casada; con toda la pena del caso le pregunté: ¿usted de qué se ha enamorado de mí, un hombre tan feo como yo? y ella dijo “no le pare bolas a eso porque algo le he visto en su cuerpo o en su forma de ser que me simpatiza”. Ella me sonsacó, pero esa no era la mujer que yo andaba buscando; yo buscaba una mujer de arranque que fuera de trabajo y la encontré.

A los 35 años se enamoró de Herlinda– quien hoy tiene 62 años - y montó una ‘fábrica de pelaos’; cuatro de sus hijos nacieron en ‘Pasa Corriendo’, pero la ‘fábrica’ se trasladó a un pueblo llamado Palestina, en jurisdicción del municipio de Pailitas-Cesar, donde la ‘producción’ subió a 18 hijos.

“Ahí en ‘Paila’ cuando me conocieron, me vieron con la cuestión del acordeón y me llamaban pa’ que fuera a las fiestas y literalmente pasaban la noche conmigo”. Más por dedicación a su parcela que por falta de ganas, se ha alejado un poco de las parrandas; “además, presté el acordeón para que me lo arreglaran y no me lo han devuelto”.

“Cuando yo era nuevo, los viejos me decían: los años pesan y yo les decía que eran embusteros porque a ellos no los cargaban en mochilas y hoy sí me doy cuenta que es verdad que los años pesan porque no puedo brincar como antes que era un chivo. Había una acequia honda y yo todas las tardes me iba a brincar de orilla a orilla, pero ya hoy en día puede ser una chambita pequeña le doy la vuelta. Yo ando todo el tiempo en un burrito y antes le ponía la mano en la cabeza y volaba encima de él, hoy tengo que buscar un asiento; ese es el cambio de la vejez, pero la vejez es muy bonita después de todo”.

Según expertos, gran parte de los achaques de la vejez son sicosomáticos, precipitados por una predisposición a la llegada de una etapa que a todos les tiene que llegar algún día, la diferencia entre unos y otros está en la actitud que se asuma frente a esa realidad.

“Todos vamos a envejecer, entonces ¿yo pa’ que me voy a poner a echame a perdé el rato con aburrimientos que lo que van a hacer en poneme más viejo?; mejor vivo contento y la paso mejor. La única malura es la enfermedad que trae; el resto es bueno porque gracias a Dios y bendita sea la pureza de María santísima que cuando uno llega a esta edad, uno ya conoce el mundo”.

En su análisis retrospectivo, descubrió que muchas cosas han cambiado en la transición de su juventud a su vejez, “y no estoy hablando de mi cabello”. Hoy se esfuerza por ver el mundo que vio en su juventud y no puede hacerlo. “Todo es distinto, hasta el Padrenuestro ha cambiado, yo no me sé el que rezan ahora”.

Al sumergirse en añoranzas, dice que le gustaría que el tiempo fuera como antes, poder disfrutar con las canciones de Landero, Colacho y Don Toba, “pero ahora ponen un poco de cosas que yo no sé eso qué es”.

Se declara un hombre feliz y por eso vive cantando, como ejemplo palpable de lo que expertos llaman ‘envejecimiento psicosocial exitoso’ que incluye conceptos como satisfacción, energía, arrojo y fortaleza, felicidad, autoestima, humor, bienestar y equilibrio entre lo deseado y lo alcanzado.

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya

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