Ocio y sociedad

La descomunal fortuna de don Pepe Sierra

Eddie José Dániels García

08/08/2017 - 06:45

 

José María Sierra Sierra (más conocido como Don Pepe Sierra) / Fotos: Banrep

 

Con toda seguridad, son escasas las personas en el país -y concretamente en la Costa Atlántica- que tienen algún conocimiento sobre la existencia de don Pepe Sierra, el habilidoso campesino analfabeto que con una consagración ejemplar y un esfuerzo inquebrantable logró consolidar una inmensa fortuna y convertirse en el hombre más rico e influyente de Colombia a comienzos del siglo pasado.

Conocido también como “El Becerro de Oro” o “El Campesino Millonario”, don Pepe constituye, al lado de otros labriegos de condiciones similares, el selecto grupo de personajes que ha dado vida al mítico prototipo del campesino antioqueño: pragmático en sus inversiones, ahorrativo en sus gastos e ingenioso para producir dinero.

La sagacidad y la especulación fueron las armas que le sirvieron para engordar su descomunal riqueza que alcanzó a superar, en ese entonces,  los veinte millones de pesos y llegó a ser —caso único en la historia nacional— más solvente que todos los gobiernos de su época. Por esta razón, la manera sencilla como un campesino de origen humilde y rústicos conocimientos escolares acumuló, engrandeció y administró uno de los mayores capitales del siglo XIX y comienzos del XX han convertido a don Pepe en un personaje de leyenda y le han merecido un rincón destacado en las célebres páginas de la historia colombiana. Por eso a finales del siglo pasado, don Pepe fue seleccionado por varios órganos informativos y periodísticos como uno de los personajes del siglo XX. 

José María Sierra -su nombre completo- nació en el histórico municipio de Girardota, bellísima e industrial población situada al norte de Medellín y famosa en su tiempo por sus trapiches de cañas, el aguardiente de contrabando y los gallos de peleas. Su educación fue limitada y no sobrepasó la cartilla de cartón, la suma y la resta y la escritura garrapatosa.

Escasamente sabía firmar, y su rúbrica era un trazo indescifrable. A un escribiente, que en la vejez pretendió enseñarle la ortografía de la palabra “hacienda”, lo remató en el acto: “Mire, joven, yo tengo setenta “aciendas” sin hache, ¿y usted, cuántas tiene con h?” Inició la acumulación de su fortuna a los catorce años cuando tuvo su primera parcela que heredó de la repartición de la finca de sus padres entre siete hermanos, y a los veinte ya su patrimonio originaba comentarios.   

Era infatigable: trabajaba sin descanso de día y de noche, dedicado a la cría de ganado, siembra de caña y fabricación de panela. Los sábados y domingo era arriero. En su madurez se dedicó al remate de las rentas estatales y a la inversión de bienes raíces. La expansión de su patrimonio fue visible en terrenos de Antioquia, Valle del Cauca, el viejo Caldas  y Cundinamarca,  donde llegó a tener setenta “aciendas” ganaderas muy bien organizadas. En Bogotá ejerció su poderío a lo largo de la Calle Real -actualmente Carrera Séptima- hasta la hacienda Hatogrande en el corazón de la sabana -hoy casa de los Presidentes-. Don Pepe siempre tuvo claro que en una economía débil e inflacionaria como la colombiana “lo único que engordaban eran los lotes de terreno y el ganado que pastaba en ellos”.

Diferente a las costumbres de los grandes ricos y potentados de la historia, don Pepe no era amante de los viajes, jamás salió de Colombia, odiaba las comodidades, detestaba los banquetes y vivía de manera franciscana: nada de lujos ni cosas superfluas. Se vestía con pantalones bastos, camisas fuleras y jamás usaba zapatos.  Como caso curioso,  su acentuada fama de mujeriego -tuvo alrededor de veinte hijos-  iba acompañada con la de miserable y tacaño, pues consideraba “el ahorro como el valor fundamental”.

A finales del siglo XIX cuando se fue a vivir en Bogotá no aumentó en lo más mínimo los gastos de representación social de su familia. De gallero y apostador en los bajos fondos de San Victorino terminó viviendo en la Calle Real, en medio de los bancos y los opulentos, en una casa modesta con escasos enseres y ausencia de adornos.

Al ensanchar su poder económico, muy pronto desapareció su timidez de campesino, convencido de ser el único capaz de sacar de apuros a los paupérrimos gobiernos de la época. Los presidentes Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro, José M. Marroquín, Jorge Holguín, Rafael Reyes, Ramón González Valencia, Carlos E. Restrepo, José Vicente Concha y Marco Fidel Suárez figuraron entre su lista de clientes. A todos les hacía préstamos personales. Casó a su hija Clara con un hijo del presidente Rafael Reyes y pisaba con frecuencia las alfombras del Palacio de San Carlos, siempre calzando cotizas.  En 1916 retornó a Medellín y allí murió cinco años después, atacado por crisis nerviosas y fuerte arterioesclerosis, acompañadas de su crónico desinterés por los negocios. Hoy, la fortuna que amasó hace más cien años, a pesar de las múltiples subdivisiones, sigue siendo sólida.

 

Eddie José Daniels García

eddiejose2@gmail.com

 

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario

Le puede interesar

Joselyn Del Villar: “Me gané el título pero todas somos ganadoras”

Joselyn Del Villar: “Me gané el título pero todas somos ganadoras”

El pasado mes de abril pudimos conocer las ganadoras del primer certamen de belleza Sirena Vallenata organizado en la capital del Cesar...

Si peca en Carnaval y reza en Cuaresma, ¿empata?

Si peca en Carnaval y reza en Cuaresma, ¿empata?

  ‘El que peca y reza, empata’, dice un refrán popular que bien podría aplicarse al momento actual, cuando muchos carnavalero...

La cultura del modelaje y la belleza en el Cesar

La cultura del modelaje y la belleza en el Cesar

En los últimos años, el departamento del Cesar y Colombia en general han visto crecer las ofertas de modelaje. Los concursos de pasar...

La moda del Harlem Shake se instala en Valledupar

La moda del Harlem Shake se instala en Valledupar

Algunas modas resultan difíciles de entender, o por lo menos, imposibles de anticipar. Sobre todo en la actualidad, cuando Youtube y l...

10 formas de engañar al votante en plena campaña electoral

10 formas de engañar al votante en plena campaña electoral

Con el inicio de las campañas políticas, ya vuelve en primera línea el protagonismo interesado del político oportunista: ese que ...

Lo más leído

Síguenos

facebook twitter youtube