Ocio y sociedad

La importancia de un hombre humilde

Diógenes Armando Pino Ávila

03/05/2019 - 07:45

 

La importancia de un hombre humilde
Chico Gómez en Tamalameque / Foto: Diógenes Armando Pino Ávila

A Chico Gómez lo conozco desde que yo era un niño y él un hombre joven, vivía en una casa de paredes de barro al lado de la casa de mi abuela, era un hombre de tez negra, de una estatura elevada, un hombre erguido de andar ágil y cuerpo musculoso sin un solo gramo de grasa. Siempre me ha parecido descendiente de algún príncipe bantú de esos miles de africanos de Camerún que fueron apresados, secuestrados en sus territorios y esclavizados en nuestra América y, que, andando el tiempo, mostraron su coraje y su estirpe libertaria y se adentraron monte adentro a la orilla de ríos formando los Palenques.

Chico Gómez trabajó en las fincas paneleras que había a los alrededores de Tamalameque, sembrando y cortando caña, cuando no, atendiendo el proceso de hacer las panelas, cortando leña o atizando el fuego donde burbujeaba la miel para hacerlas. También fue pescador y trabajador de oficios varios. Me cuenta que, cuando nuestros campesinos empezaron a migrar hacia Venezuela, él tuvo la intención de correr esa aventura, pero desafortunadamente murió su mujer y desistió de irse pues tomó la decisión de quedarse al lado de sus pequeños hijos porque, si iban a pasar hambre sin su presencia, era mejor que la pasaran a su lado, de lo cual estaba seguro no sucedería porque Dios le socorrería dándole fuerzas para trabajar y proveerles de lo necesario.

A este descendiente de príncipe bantú le veían en carnavales tocando la flauta en la danza de Indio Manso o portando la bandera de cuya asta pendían las cintas de colores que tejerían los indios o tocando el tambor al lado de otro negro fornido conocido como Casimbo, quien era un virtuoso en el toque del currulao nuestra música ancestral la Tambora. A Chico Gómez desde hace más de cuarenta años lo veo en el oficio de cortar y vender las hojas de bijao con las que se envuelven los bollos y tamales en mi pueblo, recuerdo verlo pasar por las tardes cargando en sus espaldas cientos de hojas de bijao amarradas con majagua en paquetes compactos, recuerdo que siempre que pasaba por la esquina de nuestro barrio los pelaos de la cuadra le mamábamos gallo preguntándole que a cómo vendía el periódico y el siempre con una sonrisa nos daba un precio diferente.

Hoy lo fui a visitar a su casa, me recibió con mucho cariño, hablé largo rato con él, me contó su vida, me dijo que tenía ochenta y siete años y que todavía se internaba en los montes de Tamalameque, recorriendo largas distancia en busca del bijao que le daba el sustento y que cargaba en su espalda setecientas hojas de bijao, que era un peso considerable que pocos machos podían subirse encima y caminar la distancia que él caminaba con su carga. Me dijo que salía en busca del bijao dos o tres veces por semana y que ganaba setenta mil pesos más o menos por cada corte, de eso vive.

La hoja de la planta de bijao es utilizada para envolver el bollo limpio y los tamalales o pasteles como le llamamos en la Depresión Momposina. El bollo limpio de maíz es un alimento típico en la ribera del Magdalena, en el caso de mi pueblo, es costumbre desayunar con bollo limpio y queso acompañado de un humeante y aromático café negro servido en taza grande. Tamalamequero que se considere como tal prefiere este desayuno a cualquier otro manjar, y es que el bollo limpio envuelto en hojas de bijao adquiere un sabor, un buqué especial que hace de nuestro bollo algo especial para nosotros.

Personalmente soy un asiduo consumidor de este alimento y pienso que está tan metido en nuestras costumbres y cultura que sería una pérdida enorme el día en que desaparezcan las matronas que preparan nuestro bollo limpio. Pienso además que Chico Goméz con sus ochenta y siete años, muy pronto dejará esta pesada actividad, en ese caso se pondría en peligro de extinción algo de nuestra cultura culinaria, alimento básico de Tamalameque y nuestra cultura sería mutilada por siempre.

Algunos no lo entenderán así, pues algunas personas envuelven los bollos limpios en hojas de mazorca, para mí su sabor no es igual, le hace falta el buqué que da la hoja de bijao, creo que el día que Chico Gómez deje su oficio, yo terminaré dejando de comer el bollo limpio y mi pueblo pierde parte importante de su cultura culinaria y una de sus costumbres ancestrales. Hay que ver lo importante que es el oficio de un hombre humilde y las profundas raíces dentro de un grupo humano como el nuestro. Dios de salud y larga vida a Chico Gómez.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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1 Comentarios


Rubby cabrales 03-05-2019 09:31 PM

Me encanta como escribe Armando Pino a quien no conozco personalmente, más, si por lo que escribe con esa esencia regional de la depresión momposina que nos hace especiales e incluyentes. Gracias maestro

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