Ocio y sociedad

Toribio Melgarejo, el perseguido por la suerte

Álvaro Yaguna Nuñez

21/08/2019 - 05:55

 

Toribio Melgarejo, el perseguido por la suerte

 

Después de mucho tiempo de conocerlo, supe que era originario de Ovejas, en el departamento de Sucre, población famosa por culpa de Carlos Araque, compositor de música vallenata, narrador de la tragedia de ovejas (“Desde el siniestro de Ovejas, hasta los santos lloraron, y el recuerdo solo queda, de aquellos que se quemaron”).

Toribio Melgarejo llegó a estas tierras ubérrimas del Cesar, después de trajinar por medio país como errabundo y aventurero; su periplo se iniciaba por Puerto Valdivia, las Sabanas de Bolívar, y la Amazonia, especialmente en la sugestiva Cartagena del chairá, departamento del Caquetá. El era una persona introvertida, de 75 años bien vividos, con muchas razones para estar alerta en el mundo, acreditado ante sus familiares y allegados por un supuesto pacto con el rey de las tinieblas, el demonio.

De las tantas cosas que el hombre en todas las épocas no ha podido explicar y desentrañar suficientemente es lo relacionado con la suerte, el éxito, la fortuna y el destino; mucho se ha manifestado y escrito sobre estas variables donde doctos y expertos quizá vislumbran y concluyen que cada ser, conforme a su comportamiento férreo, tenaz y perseverante logra forjar algo de lo apetecible, de dichas florituras cotidianas.

Pero el caso excepcional de Toribio Melgarejo, el personaje hoy, con su característica habitual de nómada, sinvergüenza y despreocupado, contrasta con todo lo anterior, por cuanto la vida sin muchas afugias y aspavientos le deparó la dicha de ganarse tres (3) loterías en diferentes épocas y lugares de la geografía nacional, con el denominador común que las tres (3), así como llegaron se esfumaron y desaparecieron en los caprichos y vanidades del hombre mundano.

La versión de esa suerte azarosa y persistente, la conocí alguna vez de sus propios labios en un viaje ocasional entre Bosconia y Chiriguaná, en los inicios de la explotación del carbón en el centro del Cesar; en esa ocasión indicaba ya con su voz trémula y agrietada por los años: “La primera me la gané en Magangué, cuando trabaja como bracero en los buques de vapor, Atlántico, Medellín, nueva fidelidad y David Arango, en el rio Magdalena; de ella me quedo el gozo y triste recuerdo  de haberla compartido solo con mujeres morenas y de ojos verdes, mi debilidad . La segunda me cayó en Florencia (Caquetá), donde la despilfarre en un santiamén, en los bares, cantinas y establecimientos de juegos de azar, mi eterna pasión. La tercera y última la obtuve por los lados de Ariguaní, donde laboré mucho tiempo como jornalero y pigua de los hatos ganaderos de la región; con este último premio pensé en sentar cabeza, me casé con la mujer de mi vida, Hortencia Guette, pero cometí el error de celebrar con voladores de pólvora, llamando la atención de grupos armados y delincuencia común. Me cayeron como goleros, me quitaron la plata, me dejaron cojo de la pierna izquierda, pero la saqué barata. Quedé sin cinco, con vida, caminando en un solo pie y con las ganas de seguir contando estos episodios tristes de mi vida”.

Todas esas historias las contaba Toribio sin misterios ni remilgos a quien quisiera escucharlas, convencido quizá del contenido del refrán popular, “Al que le van a dar le guardan”; siendo imposible su separación de las convicciones y creencias propias acerca de la suerte y la fortuna, este sucreño de nacimiento llevaba desde entonces a cuestas el remoquete “El perseguido de la suerte”.

En el año 2010, en la población de la Loma de Calenturas, después de varios años tuve un reencuentro breve con Toribio Melgarejo, en un medio día ardiente y caluroso, en la plaza principal, a un costado de la iglesia; allí atendía una cola interminable de curiosos y expectantes parroquianos, que peleaban incesantemente para llegar a obtener el número ganador de la lotería y apuesta del día; tal situación era invariable a cualquier hora, independientemente de cualquier modificación meteorológica: lluvia, sol, fuertes brisas o calor asfixiante, la mayoría de las veces; Toribio, acucioso y diligente atendía a esa alocada, desquiciante y desbordada clientela, recomendándoles un numero imaginario, extractado de una misteriosa predicción, después de observar en fracción de segundos, la retina del ojo derecho del comprador. Ése era el trajín diario y la creencia ciega de una población flotante, ilusa y soñadora, que seguía creyendo en los poderes “sobrenaturales” de Melgarejo.

A los desprevenidos, insensatos y desempleados que llegaban a la población por una oportunidad de trabajo, la primera recomendación obtenida era: “Vea, si viene a este pueblo a cambiar la situación de su vida, pruebe primero con “El perseguido por la suerte”, seguro que no le falla”.

Durante los siete (7) años que permanecí laborando en dichos contornos carboníferos, jamás supe de un feliz ganador, arropado y atropellado por la fortuna recalcitrante de Toribio Melgarejo, un perseguido de la suerte.

 

Álvaro Enrique Yaguna Nuñez

1 Comentarios


jorge camargo gutierrez 21-08-2019 11:01 AM

buen relato

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