Ocio y sociedad

Recuerdos de un colegio legendario

Lolita Acosta

28/09/2012 - 10:55

 

En su discurso realizado el pasado miércoles 26 de septiembre durante el acto protocolario de celebración del septuagésimo aniversario del Colegio Nacional Loperena, el médico ortopedista-traumatólogo José Enrique Mendiola narró episodios de la historia no oficial de los primeros años de la institución. En las líneas que siguen les ofrecemos parte de ese discurso memorable:

““¡Oh Loperena! ¿qué habría sido de nosotros si no nos hubierais permitido abrevar en el pozo de conocimientos que fuiste para todos los estudiantes vallenatos y los que veníamos de las diferentes poblaciones vecinas a calmar nuestra sed intelectual, me refiero a poblaciones como Atánquez, Patillal, Codazzi, Gamarra, Villanueva, San Juan del Cesar, Barrancas, Fonseca, El Molino y muchas otras. Sois el gestor de nuestros triunfos.

Recuerdo con infinita gratitud a quienes guiaron nuestras vidas y orientaron nuestros destinos dentro de su apostolado profesoral. Enrique Pupo Martínez, Francisco Molina Sánchez, Hernando García Lopez, Guillermo Hundeck, Gustavo Maldonado, Remberto Teherán León y Jorge Perez Álvarez fueron, entre muchísimos más que todos recordamos con agradecimiento, pilares insustituibles de nuestra formación integral como gentes de bien, caballeros de honor y ciudadanos de avanzada. Loor a su memoria.

Fundado en 1942 por gestión de nuestro ilustre parlamentario doctor Pedro Castro Monsalvo, durante la presidencia del doctor Alfonso López Pumarejo, catorce años más tarde, en 1956, fecha en que hacíamos cuarto de bachillerato, el colegio no tenía aprobación oficial para quinto y sexto. Había que ir a otros colegios como el San Simón de Ibagué, el Miguel Antonio Caro de Ocaña o el Fray Cristóbal de Torres de Bogotá para terminar el bachillerato.

Ante esta circunstancia y nuestra difícil situación económica para ir a esas instituciones educativas, solicitamos respetuosamente al ministerio de Educación Nacional la solución a este problema, y en vista de que no nos respondían, acudimos en bloque al Liceo Celedón de Santa Marta que si nos aceptaba. Tuvimos la fortuna de que estando en esta histórica ciudad, llegó allí procedente de Bogotá la comisión del ministerio de Educación Nacional que esperábamos para la aprobación de los últimos grados pendientes, con ellos nos regresamos y logramos resolver tan difícil situación.

A finales del sexto año y para coordinar la fecha y las actividades de la graduación solicitamos la colaboración de nuestro alcalde, el eminente médico doctor Antonio José Sierra, y con su concurso decidido y entusiasta invitamos al señor gobernador del Magdalena, Teniente Coronel Millán Vargas, quien de manera formal y atenta nos prometió asistir personalmente. Con esa promesa y la coordinación de nuestro rector, el señor Gustavo Rey Torres, conseguimos que don Jorge Dangond Daza, que estaba terminando de adecuar el Teatro San Jorge, nos permitiera estrenarlo con nuestra graduación y gracias a su nobilísimo gesto así se hizo.

En acto solemne, el 18 de noviembre de 1957, con la presencia del cuerpo de profesores, del señor alcalde y su gabinete, el señor gobernador del departamento del Magdalena nos hizo el honor de acompañarnos con su equipo de gobierno y además, como si fuera poco, con una brillantísima comisión de directivos de la Universidad Nacional de Colombia que estaba de visita en Santa Marta, integrada por nadie menos que el doctor Abel Naranjo Villegas, decano de la facultad de Derecho y por el doctor Arturo Villegas Giraldo, decano de la facultad de Filosofía y Letras, orador eminentísimo. En mi condición de bachiller con las notas más altas, dentro del organigrama previsto en dicha celebración, me correspondió la dignidad de llevar la palabra después de lo cual el señor gobernador Teniente Coronel Millán Vargas, el doctor Abel Naranjo Villegas y el doctor Arturo Villegas Giraldo extasiaron a la concurrencia con piezas oratorias de tanta belleza que habrían hecho vibrar de emoción a Virgilio, Demóstenes, Sófocles y a los clásicos más exigentes de la literatura greco-romana.

Gracias, gracias, gracias, Colegio Loperena. Te llevamos en el corazón y en nuestra alma. Que los egresados de tu claustro nos unamos como una fraternidad grande que te cuide, te consienta, te proteja y dentro de compañas cívicas altruistas de restauración y embellecimiento arquitectónicos, como el Ave Fénix te levantes soberbio, sacudas tus cenizas vetustas y te permita llegar por las alturas como el cóndor andino del inmortal Julio Flórez, a las rubias pestañas de los astros””.

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