Ocio y sociedad

Volver al puerto sobre el río

Diógenes Armando Pino Ávila

09/10/2020 - 05:50

 

Volver al puerto sobre el río
El puerto de San Miguel de las Palmas de Tamalameque sobre el río Grande de la Magdalena / Foto: Diógenes Armando Pino Ávila

 

Cada vez que puedo, tomo la moto y recorro el kilómetro de carretera que conduce al puerto de San Miguel de las Palmas de Tamalameque sobre el río Grande de la Magdalena en el corregimiento de Puerto Bocas. Allí contemplo la majestuosidad de río, el paisaje y esos atardeceres hermosos que nos brinda Dios en ese sitio a la margen derecha del gran río.

Observo extasiado el discurrir de sus aguas, el agradable rumor de sus pequeñas olas al golpear las embarcaciones atracadas en sus orillas, me distraigo mirando el malecón y el ir y venir de chalupas y canoas que lo cruzan llevando carga y pasajeros. Gozo viendo como sus moradores, a pesar de haber nacido y crecido ahí, todavía contemplan maravillados ese río que les brida sustento, admiro cómo se concentran, con la mirada perdida en sus aguas turbias y miran pasar las taruyas como diminutas embarcaciones que navegan a la deriva aguas abajo buscando un puerto, una ciénaga donde aposentarse.

Me encanta llegar al puerto cuando hay poca gente, es decir las tardes de los días de semana, pues, los dominicales y festivos, el malecón está lleno de tamalamequeros que llegan a parrandear alegremente. No llego en esos días pues los ranchos donde venden licor están encima del malecón a tan corta distancia unos de otros que sus dueños suben los equipos de sonido a niveles de fastidio para que sus clientes escuchen su música y no la de los otros negocios, en un escándalo donde no hay música, sino bulla que ofende y lacera al oído.

Ayer estuve en el puerto, recorrí el malecón, tomé algunas fotos e hice un pequeño video con mi celular, luego bajé el muro de contención y visité a un viejo amigo de 92 años que lucha contra las enfermedades de la vejez y contra el olvido. Jesús Robles, conocido como Chú Robles, fue concejal de mi pueblo en su edad joven, desocupó muchas botellas de Ron Caña ya que fue un parrandero empedernido, siempre trabajó en el puerto, cortó leña en los manglares de la ciénaga del Cristo para venderla a los acaparadores que a su vez les vendían a los barcos a vapor que cruzaban el río transportando cargas y pasajeros, desde Barranquilla hasta la Dorada.

También visité otro amigo, éste de 88 años, Genaro Vanegas Ospino, al que todos sus paisanos llaman Mellón por haber nacido mello con su hermano que por ser de baja estatura le decían Mellito y a él, por ser más alto que su hermano, lo apodaron Mellón. Este amigo siempre trabajó, lo mismo que su hermano conduciendo las chalupas, embarcaciones con motor fuera de borda que llevaban los pasajeros de Tamalameque a El Banco.

Ambos, en su momento, Chú y Mellón, me contaban de las delicias de viajar de pasajero en los barcos a vapor, tan grandes dicen ellos, que tenían tres pisos y que sus viajes duraban cinco días, admirando el río y oyendo música en los picós que colgaban en cubierta donde oían rancheras y algún canto de Alejo Durán. Me cuentan que la comida a bordo era abundante y que era preparada con gusto casero de tradición costeña. Dicen que el pasajero de esos barcos no tenía ocasión de aburrirse pues siempre había alguna entretención y que, en cubierta, se trababa amistad con los otros pasajeros, algunos encontraban el amor de sus vidas al conocer pasajeras que aceptaban el piropo galante de los caballeros.

También me hablaron de embarcaciones más pequeñas, La Alicia, la Carmen Elena que viajaban de Magangué a Barrancabermeja, llevando pasajeros que recogían y dejaban en los diferentes pueblos donde atracaban. Hablan con mucha nostalgia, con tristeza diría yo, al ver como el río ha ido muriendo sin remedio. Me cuentan de una embarcación mucho más pequeña a la que llamaban El Tetero, esta llevaba pasajeros de Tamalameque al Banco, hizo su recorrido hasta que se popularizaron los fuera de borda, las chalupas que vinieron a reemplazar el transporte de pasajeros hasta que la carretera Tamalameque–El Banco–Pinto fue abierta y los pasajeros prefirieron viajar por tierra.

Mellón me dice que hubo una época en que se ganaba mucho dinero en el río, y que él y su hermano, no lo pudieron hacer, pues siempre respetaron la ley y eran temerosos de la justicia. Me cuenta que, en ese tiempo, el puerto se convirtió en un embarcadero de marihuana, la que cargaban por las noches hasta la población del Banco y Magangué y que los traficantes pagaban mucho dinero por el transporte y que muchos de sus compañeros de oficio se arriesgaban a transportar de noche la hierba. Luego el río, empezó a decaer, no había pasajeros, no había marihuana, no había nada que produjera dinero, por tanto, tuvieron que poner en tierra los fuera de borda y con el tiempo tuvieron que venderlos a precios irrisorios, ya que no eran rentables como negocios y que, en Puerto Boca y en algunos pueblos del río, subsistieron algunos, ya no como chalupas de pasajeros, sino como motocanoas que se dedicaron al transporte de carga y personas en pequeñas travesías de veredas y rancherías, apoyando el tráfico entre vecinos.

Mellón entrecierra los ojos humedecidos por la nostalgia y la añoranza de una época que ya pasó y que difícilmente volverá, pues el río, dice, así como va, morirá irremediablemente, ya que ni la pesca tiene la abundancia de antes, lo que hace que los moradores de Puerto se dediquen a labores ajenas a su tradición ríana. Sostiene con tristeza que ojalá sus nietos tengan la fortuna de ver un gobierno serio que haga posible el renacer del río y de las gentes que viven a sus orillas.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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