Ocio y sociedad

Un momposino pintoresco

Eddie José Dániels García

18/01/2021 - 04:10

 

Un momposino pintoresco
El centro de Mompos / foto: archivo PanoramaCultural.com.co

"Aja, Daniels, ahora que tú te graduaste en la universidad y te vienes de profesor para el Colegio Pinillos, quiere decir que ahora sí perfeccionaré yo mi inglés. Tú sabes que yo más o menos me defiendo, yo sé decir: "juat du yu sei, juat yur neim, jaguar yu, veri guel senkio, anyú", me dijo Álvaro Cueto Pacheco, un típico personaje de la Villa de Santa Cruz de Mompós, que era conocido en toda la población como “El loco Cueto” y se había ganado el aprecio de sus contemporáneos, mayores y menores, especialmente, por la rapidez con que hablaba, los trabalenguas enrevesados que decía y los chistes costumbristas que siempre mantenía a flor de labio y provocaban las risotadas de sus contertulios. 

Otra morisqueta que lo hacía llamativo era la forma que estilaba para caminar, la cual variaba según el lugar donde se encontrase: unas veces andaba recto, otras haciendo de cojo y otras arqueando la espalda y cruzando las piernas, como si fuera un parapléjico. Todo esto lo hacía para ganarse el aprecio y los aplausos de los amigos que lo rodeaban. Los sitios especiales para exhibir sus cabriolas eran el Parque de Bolívar, la plaza del mercado viejo y los alrededores del Colegio Pinillos, donde se concentran diariamente gran parte de la población momposina. Una costumbre que siempre lo identificó era andar con un abanico de palma echándose fresco o un perrero para espantar los perros.  

Álvaro era el único hijo del matrimonio organizado por don Tomás Cueto Muñoz, un sincelejano andariego que se radicó en Mompós ejerciendo el oficio de talabartero, y doña Margarita Pacheco Morales, una señora laboriosa que había nacido en Margarita, Bolívar, y desde niña se había trasladado a la Ciudad Valerosa junto con su familia. Después de haberse casado, fundaron en esta ciudad la "Pensión Cueto", la cual le brindaba hospedaje a los agentes viajeros que surtían los almacenes de la ciudad y a muchos estudiantes de los pueblos vecinos que llegaban a educarse en el glorioso Colegio Pinillos.

Los progenitores de Álvaro comenzaron su calvario cuando se enteraron de que el hijo padecía de epilepsia, una enfermedad neurológica crónica que hasta el sol de hoy no ha encontrado la medicina para su curación, tal como sucede con el Parkinson y el Alzheimer. Esto lo obligaba a beber dos pastillas diariamente: por la mañana, antes del desayuno, y por la noche, antes de acostarse. A causa de esta anomalía y consciente de su mal, Alvaro se decidió a abandonar los estudios tras haber cursado dos años de bachillerato. Entonces endureció su carácter, se tornó agresivo y sus padres se resignaron a tolerarle su comportamiento.

Muchas veces, por descuido, y otras, por castigo, doña Margarita olvidaba comprarle la medicina, entonces era seguro que lo sorprendiera el ataque. En el fondo, la madre deseaba castigarle cualquier grosería o desacato que le había cometido. Cuando la enfermedad lo atacaba en la mañana, después de superarla, pasaba todo el día durmiendo. Entonces despertaba a las 5 ó 6 de la tarde y enfrentaba a la mamá diciéndole: "Mi desayuno, mi almuerzo y mi comida, que estoy en las tablas". Doña Margarita, consciente de su reacción, generalmente agresiva, le ponía las tres comidas en la mesa del comedor.

En la pensión Cueto también tomaban los alimentos muchos profesores del Colegio Pinillos que vivían internos en el plantel, el cual quedaba a menos de 100 metros de distancia. Doña Margarita había dispuesto una mesa de ocho puestos, especial para ellos: un mantel bordado a mano, la vajilla de porcelana, los vasos y copas de cristal cortado y los cubiertos de plata, heredados de sus antepasados. Las sillas eran talladas y tapizadas en cuero y sobre la mesa colgaba una araña de varios brazos que le daba un porte señorial al lugar. En una esquina ubicó un trípode de caoba con una palangana de porcelana y una jarra con agua para bañarse las manos.

Para distinguirse, Álvaro se sentaba con don Jaime Castellar Ferrer, el rector, y los profesores Rafael Hernández Benavides, Orlando Olivares Consuegra, Próspero Ayala Poveda, Rodolfo Logreira Ripoll, Alfonso Escárraga Tache, Ricardo Rico Hernández, Juan B. Arango Sánchez, Donaldo Bermúdez Núñez y otros que también consumían allí los alimentos. Como don Jaime era de poco comer, siempre dejaba algún resto en el plato, sobre todo, cuando era pescado. Álvaro, sentado a su diestra, apenas éste se paraba y daba la espalda, metía el trinche y aseguraba el sobrado. Tenía como estilo ser el último en levantarse de la mesa.

También lucía por costumbre, cuando paseaba por el centro, llamar con nombres raros a los amigos que tropezaba: "Aja, Cleopatro", "Hola, Tiburcio", "Qué más, Sinforoso", "Hola, Cleodomiro", eran los saludos que utilizaba con más frecuencia. Otras veces, se tornaba injurioso y les decía: “Cómo estás corroncho con K”, “Hola montaraz”. Asimismo, disfrutaba engañando a las personas cuando las iba saludar: les ofrecía la mano derecha en señal de saludo y cuando éstas le iban a corresponder, la levantaba, seriamente, y se la llevaba a la cabeza como si estuviera arreglándose el pelo. En otras ocasiones, doblaba el brazo y con la mano izquierda comenzaba a frotarse el codo, como si estuviese rascándose.  

El espectáculo más llamativo era cuando estaba en la casa, y por cualquier motivo discutía con doña Margarita, bien porque le hubiera cogido una plata o bien porque la hubiese desobedecido en una orden. Rabiosa, ella lo amenazaba diciéndole que le iba a dar unos cantazos o le iba a dar con un palo de escoba. Entonces, se le enfrentaba y la retaba diciéndole: "Me importa un pito esa vaina... si usted me pega, le doy... y si viene Cueto, también le doy...y condimás tabla". En ese momento, ninguno de los presentes, sobre todo, los pensionados, podía mirarlo, y si alguien, por curiosidad, lo hacía, lo desafiaba diciéndole: “Y tú, qué me miras, vení, vení pa ca, a enfréntate conmigo, galápago e mierda”.

Un caso que le sucedió e hizo historia en la Valerosa, ocurrió en mayo de 1971 cuando los alumnos de último año del Colegio Pinillos hicieron con un baile con la orquesta sincelejana de “Pello Torres y los Diablos del Ritmo”, quien justamente estaba hospedado con sus acompañantes en la pensión Cueto, porque mantenía una vieja amistad con don Tomás, el propietario. Por una discusión que tuvo Álvaro con doña Margarita, esta se había negado a darle plata para la entrada. Dispuesto a bailar, se fue para la caseta con la intención de colarse, pero los vigilantes se dieron cuenta y no lo perdían de vista. De pronto hubo un apagón y todo quedó en tinieblas. A los dos o tres minutos regresó la luz. Los porteros observaron que ya estaba adentro. Enseguida buscaron un policía para sacarlo. Cuando el agente lo venía acosando con el bolillo, le decía. “Con ño calmita, con ño calmita, que esta vaina da pena”.      

Yo vivía en la pensión con mi hermano Jocé y varios pinillistas de otros pueblos cercanos: Margarita, San Fernando, Peñoncito, El limón, Guataca y Menchiquejo. Siempre celebrábamos y nos burlábamos en secreto de las salidas rabiosas de Álvaro. Y él era cordial con todos nosotros y le gustaba intervenir en los temas académicos. Como cosa especial, aprendí a imitarlo en la voz y en todos sus ademanes. Una noche que estábamos en el comedor de los estudiantes, mientras yo lo estaba remedando él se percató desde su alcoba, salió sigilosamente, se me paró por detrás y me dijo: "Aja, triple hijueputa, te cogí infraganti".

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

1 Comentarios


Alfonso Escarraga 18-01-2021 02:42 PM

Que buena crónica, al learlaa se disfruta como si uno fuera un personaje de dicha historia porque hacen parte de la vida cotidiana del lector caribeño! Felicitaciones.

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