Ocio y sociedad

La zoofilia, un placer caribeño

Eddie José Dániels García

13/04/2021 - 05:00

 

La zoofilia, un placer caribeño

 

Practicar la "zoofilia" como se dice en el lenguaje académico  –o "comer o mamar burra", como lo expresamos en el lenguaje popular–, ha sido una costumbre natural y saludable en San Roque de Talaigua y seguramente, también, en todos los pueblos del Caribe, en particular los que están situados en las riberas de los ríos y las orillas de las ciénagas. No menciono a las poblaciones del interior, porque en ellas sus habitantes, sobre todos los varones, siempre han censurado esta costumbre, la consideran indecente y la califican como una aberración malsana, que puede causar serios daños en la vida sexual de quienes la practican. Por esta razón, cuando desean ofender o tratar mal a los oriundos del Caribe, los tipifican e intentan ridiculizarlos con el calificativo de "costeño mamaburra".

Esta expresión la escuché y recibí varias veces en Tunja, cuando hacía mi tránsito estudiantil por la UPTC, en la década de los años setenta. Y aunque algunas veces traté de explicarles la razón y las bondades que reportaba esta actividad para los adolescentes y, en general para todo el personal masculino sin importar la edad, los remilgosos boyacenses y demás estudiantes cachacos nunca aceptaron mis explicaciones y siempre se empecinaron en descalificar esta costumbre y catalogarla como una práctica indecente. Y es posible que estos taimados tuviesen razón. Los asiste la rigidez del clima frío, la topografía irregular del terreno, las costumbres conservadoras, el misticismo religioso y, sobre todo, la poca o nula presencia de la fauna asnal en esas regiones.

Puedo afirmar, con absoluta seguridad, que en todos los pueblos del Caribe, sin ninguna excepción, los exponentes masculinos son amantes y practicantes del placer zoofilico. Existe una jerarquía en el desarrollo de esta actividad, en la cual, muchas veces, los padres, y otras veces, los hermanos mayores, son los encargados de ilustrar y ayudar a los hijos o hermanos menores en el inicio de esta práctica. Apenas se cumple en cada adolescente el período conocido como “desarrollo”, momento que es determinante en la definición del sexo, y en el cual “la eyaculación” es el signo magistral de esta etapa, el mismo interesado explora la forma de abrirse campo en el deporte zoofilico. Busca las amistades, investiga los lugares, analiza la soledad del ambiente y se anexa a las pandillas o grupillos que han cobrado fama en la ejecución de esta placentera actividad.       

La "zoofilia", en San Roque de Talaigua, ha sido practicada, sin excepción, por todas las generaciones que han abierto los ojos en esta salubérrima población, magnificada por las risueñas aguas del río Magdalena, que ya casi se acerca a los doscientos años de existencia. Per saecula saeculorum, los diversos grupos generacionales, identificados por las edades, la amistad y los lugares de vivienda, han formado sus camadas para irse, en las horas nocturnas, a los montes y espacios solariegos, donde abundan las "menecas", como también llaman a las burras y las pollinas, para tener sus contactos con ellas. Esto originó los calificativos de "menequero", "menequear" y "menequeando", como expresiones más eufónicas para referirse a los veteranos en el oficio y en el desarrollo del arte.

En el pueblo de mis entrañas, las generaciones que me antecedieron, las contemporáneas y las posteriores, siempre tuvieron como sitio predilecto para realizar romances zoofílicos, los solares baldíos, la calle de la Albarrada y los caminos para las fincas vecinas. Sin embargo, el sitio predilecto era la plaza del cementerio, la cual era un espacio amplio, que servía de cancha de fútbol, con un árbol frondoso en la parte delantera y rodeada de solares deshabitados en los laterales. Carecía de iluminación eléctrica y la oscuridad que la arropaba era un remanso para la congregación de muchísimas "menecas". Cobraron fama en esta tarea, mayores a mi generación: Andresito Núñez, alias "Joyón", su hermano Rafael "Payo", el turco "Carapelúa", su hermano Badía, y otros personajes identificados con los apodos: "El machero", "Copa e' mono" y "Los ventones", que eran como seis hermanos, todos solteros, diestros en el oficio de la pescadería

Mi línea generacional fue ampliamente aficionada al placer zoofílico. Recuerdo que se hicieron célebres en este arte: Vicente “Chente” Arce, Pello Juana, Rafael Lobo, Vitale, Guillito, Gito y Roque Castro, Chemo y Quique Mendoza, Patrocinio "Potranca" Iturriago, Jocé, mi hermano, "Marqués de la Albarrada", Gilberto "Carrito" y Críspulo Panzza, Arturo, Ramiro y Macha Castro, Humbertico y Ademo Gutierrez, Teo, Lucho y "Chile" Castro, Dago y Clímaco Chica, Ramiro Peña, "El abuelito" y muchos más que se esconden en los vericuetos de mi memoria. Toda una ilustrísima generación de personajes, donde ya se encuentran varios fallecidos, que, con sus logros personales y triunfos profesionales, puso y sigue poniendo en alto el nombre y el prestigio de nuestro pueblo en el caribe colombiano.  

Sin embargo, lo más curioso en esta práctica sexual con las "María casquito", el otro nombre con que se conocen las menecas, es que, inclusive, ella es realizada por hombres que llevan un matrimonio normal. Se conocen casos de personajes que, viviendo con su esposa e hijos, se escapan sigilosamente por las noches para tener sus encuentros zoofílicos, sin que esto les cause ningún tipo de remordimiento en el entorno social. En la Ciudad Valerosa, por ejemplo, hace muchos años, fue vox populi el caso de un comerciante, oriundo de Medellín, que vivía en el centro colonial, tenía dos almacenes: El Martillo” y “El Martillazo”, su esposa y varios hijos, y era aficionado al placer asnal. En secreto, era conocido con el apodo de "El burrero". Su esposa, enterada y apenada con la ciudadanía, terminó abandonándolo y se marchó para su pueblo de origen.

Finalmente, ilustro esta crónica con un episodio que viví hace más de cuarenta años, cuando llegó a trabajar en el Instituto Simón Araújo de Sincelejo un profesor natural de un pueblo antioqueño. Varios docentes vivíamos juntos en las residencias del colegio, en el centro de la ciudad. Un día cualquiera, el cachaco me dijo: "Daniels, ¿cómo es eso de que los costeños comen burra?". Le di una explicación ligera y me comentó: "Daniels, cuándo vamos, me gustaría probar". A los pocos días me puse de acuerdo con el profesor Armando Durán Igirio y en su carro, una noche subimos al profesor y lo llevamos a la carretera de Sampués. Le conseguimos una meneca y al poco rato de haberse iniciado en su actividad zoofílica, nos gritaba: "!Daniels, Durán, qué mujer ni qué mujer, qué cosa tan sabrosa, qué vaina tan rica, sobre todo, porque no se paga!”.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

1 Comentarios


Rupert 28-04-2021 10:54 PM

Cochinos degenerados. Ahora lo anormal es no practicar su aberrante "arte zoofílico". Mandan güevo.

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