Ocio y sociedad

¿Quién hay detrás de Papá Noel?

Redacción

16/12/2015 - 07:00

 

¿Quién hay detrás de Papá Noel?

De barba larga y ensortijada, cabello blanco como la nieve y barriga pronunciada, Papá Noel no es un tipo que pase desapercibido. Y menos si le añadimos un traje y un gorrito de color rojo que puede verse a centenares de metros de distancia.

A todo esto, algunas personas añaden otros detalles extravagantes: como que suele pasearse con una bolsa enorme en el hombro o que dispone de unos ciervos mágicos (que vuelan y se trasladan de un sitio a otros en un tiempo record).

Obviamente, el mito de Papá Noel ha ido creciendo con los años hasta convertirse en una suerte de súper héroe: increíblemente servicial, buena gente y lector voraz (ya que lee atentamente las cartas de millones de niños cada fin de año).

Su carisma desbordante lo ha transformado en una estrella pero también en una víctima de su estrellato. Obligado a tomarse fotos en los centros comerciales y a aparecer en películas de bajo presupuesto para responder a las ansias de un público ávido de aventuras, el destino de Santa Claus –como lo llaman en Estados Unidos– se ha convertido en un infierno.

Pero, ¿quién es ese hombre anciano –o superhombre– de cara gentil que cada 24 de diciembre invade los sueños de los niños con su trineo (aunque en nuestras latitudes impera un calor tremendo)?

La pregunta es pertinente y la respuesta sorprendente. Si nos atenemos a los relatos históricos europeos el Papá Noel original era nativo de Lycia, un pueblo de la antigua Turquía (siglo IV después de Cristo). Su nombre era Nicolás de Bari y, pese al aspecto que se le atribuye, era un sacerdote de contextura fina (muy diferente al Santa Claus que vemos habitualmente en los supermercados). Sin embargo, se conservaron dos rasgos importantes de su personalidad: el amor por los niños y su gran generosidad.

Dice la leyenda que, en una ocasión, Nicolás de Bari descubrió el tormento que avasallaba a uno de sus vecinos (quien se hallaba en dificultades económicas y se deprimía al no poseer la dote de su hija que estaba pronta a contraer matrimonio).

Al percatarse de esto, Nicolás entró sigiloso en la casa del vecino y depositó tres bolsas con monedas cerca de la chimenea a modo de milagroso obsequio. La boda se celebró como el padre de la joven deseaba, y desde entonces se comenzó a popularizar la costumbre de intercambiarse regalos para la Navidad.

Las leyes del mercado, apoyadas por astutas estrategias de mercardeo, hicieron el resto. El aspecto que hoy posee el tan característico símbolo navideño, debe su origen al arte del caricaturista norteamericano Thomas Nast.

De 1863 a 1886, el Santa Claus que conocemos –gordito, de mejillas coloridas, de larga barba blanca y de aspecto risueño– fue el centro de atracción de la revista Harper´s Weekly y de ahí salto a las vidrieras de los grandes centros comerciales.

Con orígenes que mezclan el polo norte con la antigua Turquía, la nieve con el calor y la mutación de aspectos físico, Papá Noel, Santa Claus, San Nicolás o como quieran llamarle es sin duda una de las visitas más esperadas del año en todas las casas donde hay niños. Uno de los pocos personajes que entrando de sorpresa, en la noche y mediante métodos pocos convencionales, y que es igualmente bienvenido.

Cualquiera que sea la historia que lo trae por nuestros hogares, lo único que realmente deseamos es que no falte en ninguna casa; sobre todo en aquellas donde los chicos empiezan a palpitar su llegada desde, al menos, un mes antes. 

 

PanoramaCultural.com.co 

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