Ocio y sociedad

Máximo Alfredo Hernández Durán, el Mago Borletti (parte 1)

Édgar Caballero Elías

09/07/2024 - 06:40

 

Máximo Alfredo Hernández Durán, el Mago Borletti (parte 1)
En 1978, el mago Borletti fue declarado el mejor mago de Colombia / Foto: El Informador

 

Al leer el nombre de Máximo Alfredo Hernández Durán, resulta difícil saber a quién me refiero; sin embargo, si indico que era la identificación de pilas del Mago Borletti, comprenderán a quién dedico este artículo, y, seguro que se interesarán por las historias y anécdotas que voy a contar.

Hijo de Máximo Alfredo, nacido en Santa Marta, y Ana Clara, oriunda de Barranquilla, nació en Riofrío el 11 de noviembre de 1932, en toda la esquina de la carrera 5, calle 3, de la Plaza de esa localidad, en la misma casa en donde durmió y salió Rafael Uribe Uribe para firmar el Tratado de Neerlandia, que puso fin a la Guerra de los Mil Días.

Desde muy joven mostró ser un muchacho inquieto que no apartaba de su mente la idea de ser militar o cura. Le gustaban los uniformes y quienes lo usaban le parecían gentes distintas, pero más le gustaba ser cura “porque tenían una magia del carajo para hacer plata”. Sin embargo, hubo un hecho que cambió sus planes de vida: conoció en las viejas y polvorientas calles de Riofrío a un mago que manejaba un carro con los ojos vendados. Impresionado por lo que hacía, procuró entablar una amistad con él, y empezó a leer sobre magos, sus trucos y prácticas. Apenas tenía 10 años.

El mago se llamaba Foulert, quien llegó a Riofrío atraído por el “boom” de la bonanza bananera que se vivía en la región. Al llegar, afirmó que provenía de Alemania; sin embargo, su particular forma de hablar ponía de manifiesto otra cosa: era paisa. De éste señalaban que “era un sobrado de lote, un mago transformista que se hacía pasar por español y después lo capturaron como espía nazi”.

Creyéndose diestro en las artes de la magia, quiso sorprender un día a su padre con “ideas fantásticas”, y, cuando lo intentó, tirándose del techo de su casa con un paraguas semejando ser un paracaidista, se fracturó la pierna y un tobillo.

No obstante, siguió persiguiendo ese sueño de su vida, aprendiendo trucos y aprovechando los circos y magos que llegaban a la Zona Bananera, seducidos por aquella bonanza y los cuentos de que allí se bailaba cumbia con fajos de billetes prendidos en vez de velas.

De esa forma, vio actuar a muchos magos que llegaron a esa población, como Lambert, que decían era argentino, siendo de Anolaima, Tolima. Éste era elegante, tocaba piano, siempre rodeado de bellas mujeres, hablaba inglés y bailaba tango.

Era tal la obsesión, el deseo, el anhelo de Borletti de ser mago, que los invitaba a su casa para que enamoraran a sus hermanas. Él quería un cuñado mago, pero ellas no lo querían: “No sé qué pasó aquí, pero la magia no funcionó”, decía mientras reía fijando en ellos su atención con enigmática mirada…

De aquella curiosidad del carro manejado con los ojos vendados, el deseo de saber y averiguar los trucos de sus amigos magos, de ir detrás de los circos o magos que llegaban a la región atraídos por la prosperidad del banano que se vivía en esos momentos, y los cuentos de los hombres que bailaban en ruedas de cumbiambas con fajos de billetes encendidos en sus manos en vez de velas, su imaginación fue creciendo llenando su cabeza con cartas, monedas y aros llevándolo poco tiempo después a construir e inventar equipos para fabricar ilusiones.

En sus primeros años como mago, recorrió pueblos y veredas, cautivando la voluntad y el cariño de la gente que despertaban su admiración. Tenía un atractivo seductor que conquistó a un público que quería conocerlo a pesar de no ser sino mago que apenas comenzaba, y supo imponerse rápidamente ante otros magos. Pero necesitaba un nombre artístico que impactara, que sirviera de “gancho”, que llamara la atención, y fue así, como caminando por las calles de Riofrío lo encontró: vio en una vitrina una máquina de coser italiana marca Borletti, nombre que le pareció sonoro presentándose esa misma noche en un acto como “El Mago Borletti”.

No solo se inclinó por la magia, también fue mantero, para lo que recorrió los pueblos de la costa donde había corraleja, hasta cuando un toro de Lorica, Córdoba, lo corneó, dejándole una herida de 25 puntos. Además, fue bailarín de mambo de feria en feria; también hizo el papel de “El hombre de plástico” por su cuerpo flaco y largo, capaz de doblarse y estirarse como una goma. Él hizo de Judas en una Semana Santa que lo contrataron en el circo de la Compañía de Enrique Malumbre, en Anolaima, Antioquia.

En esta localidad conoció a “Laskas”, un mago con el que aprendió los primeros trucos. A partir de ese momento decidió que sus manos estaban para encantar y maravillar con su magia y con la creatividad que ya tenía en su imaginación. Pero fue en Chibolo, donde empezó a mostrar sus habilidades y a destacarse haciendo trucos con cajas, mentalismo y desapareciendo cosas. Y en la medida en la que su constante caminar de mago “inquieto y andariego” lo llevó a Ibagué, donde participó en un festival de magia organizado por “Mabuna”, en realidad Jorge Martínez, un mago manizaleño a quien consideraba el más grande impulsador de la magia criolla.

De este Borletti señaló: “No quedé entre los finalistas, pero allí conocí al mejor mago que han visto mis ojos, Emilio Álvarez Correa, quien representaba a Barranquilla, hizo tanta magia esa noche que yo pensé que tenía poderes del más allá, la madre sino. Era un mago por excelencia, él me enseñó presentación, manipulación y técnica durante cinco años.”

En su honor, quiso hacer siempre su trabajo como Álvarez Correa. Lo hacía y consideraba una ofensa cuando decían que él era mejor que don Emilio, ya que él se había adelantado a la magia 30 años. Fue entonces cuando su prestigio empezó a crecer vertiginosamente.

En Ciénaga, tuvo una actuación especial en una temporada de pre carnaval invitado por Radio Galeón en el programa “Roneando en Carnaval” que se hacía al aire libre en la Plaza del Centenario, y animaba Miguel Fontalvo Lazcano. Borletti pidió que se subiera una dama que fue hipnotizada durante el acto, quedando su cuerpo suspendido sobre una escoba, sorprendiendo a un público que observaba atónito el poder de su mente, que le permitía todas estas habilidades, adquiridas en el ejercicio de su profesión.

Para esos tiempos, Borletti se presentaba en los más exclusivos hoteles, cruceros, casinos, clubes y fiestas sociales; encantó a presidentes, políticos, empresarios, artistas y periodistas. En sus innumerables viajes también recorrió hasta el último de los pueblos de la costa y del interior del país. También trabajó en cárceles, manicomios, en escenarios de Panamá, Costa Rica, Buenos Aires, Honduras, México, Nueva York, Las Vegas, Miami y Atlanta City, son testigos de sus actuaciones. Fue a Europa y en Italia ganó varios premios. En Cartagena actuó para el actor y comediante mexicano Mario Moreno “Cantinflas”, el legendario torero Luis Miguel Domínguez y el célebre trompetista cubano Alfredo “Chocolate” Armenteros.

Además, hizo programas igualmente en diferentes emisoras y teatros del país. En Radio Libertad, de Barranquilla, por ejemplo, tuvo un programa de radio con récord de sintonía patrocinado por Gustavo Castillo García y Ventura Díaz Mejía, que se llamaba “La Voz del Alma y los Corazones” y se transmitía tres veces al día menos los domingos. La gente llamaba y les daba consejos sentimentales, le adivinaba el futuro, leía denuncias, interpretaba los sueños, encontraba cosas perdidas, y promocionaba su espectáculo.

Incluso, cuando en la ciudad se perdía algo, el dicho era “ve donde Borletti, él te lo encuentra”, y de seguro lo encontraba.

También anunciaba o predecía casos con éxito como la vez que estando en Sincelejo donde hacía la prueba de manejar con los ojos vendados, que era de sus mejores trucos, fue a visitar en la mañana a los integrantes de la orquesta de Pacho Galán, y cuando conversaban les dijo preocupado: “tengo un presentimiento y les prevengo para que no asistan a la corraleja de esta tarde, creo que algo doloroso va a ocurrir…”. Y, en efecto, ocurrió. Ese día se cayó la corraleja con cerca de 400 muertos o más… (Los integrantes de Pacho Galán ese día no fueron a la plaza).

Fueron muchos los homenajes y reconocimientos que Borletti recibió. Fue coronado como Rey de Magos en concursos de Colombia y Venezuela. En 1978 fue declarado el mejor mago de Colombia en concurso realizado en la celebración de los 450 años de la ciudad de Santa Marta; En el “Festival Noches de Magia” llevado a cabo en Medellín (2009) en una demostración pública de admiración y respeto del mago Naúl Restrepo, recibió uno de los más grandes y calurosos homenajes ante cientos de personas que lo acompañaron esa noche en “La Ciudad de la Eterna primavera”; Festival de Magia en Barranquilla en su nombre; Festival de Magia organizado en Montería con homenaje a Borletti creado por su hijo Luis Gabriel (Borletti Jr.); en el Tercer Festival Mundial de Magia realizado en noviembre de 2015; en el Festival de Magia del Caribe en su show de magia de escenario asombró a los espectadores al cortar la cabeza de una persona, uno de sus trucos más espectaculares.

Pero lo que realmente era su fuerte, en lo que era un maestro, era lo que hacía con sus manos: prestidigitación, manipulación de cigarrillos, monedas, aros, cartas, cuerdas, lo cual realizaba con mucha destreza; tuvo el honor de ser invitado especial y un orgullo para él estar al lado de magos de talla mundial como Wayne Houchin, de Estados Unidos, Miguel Ángel Gea, español, Mr. Daba, y Fantasio, argentinos.

Recibió distinciones de mandatarios, declarado ciudadano ilustre en varias ciudades del país, fue amigo personal de personalidades como el expresidente Alfonso López Michelsen, Álvaro Gómez Hurtado, García Márquez; Berta Hernández de Ospina le dedicó dos artículos especiales en su famosa columna “Tábanos” en El Siglo y La República. López Michelsen era un entusiasta admirador de Borletti y sostenía que era lo más grande. Siendo gobernador del César, así lo definía: “Para nosotros los vallenatos es tan significativo Borletti con un naipe en la mano, como Alejandro Durán con un acordeón”.

 

Édgar Caballero Elías

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