Opinión

¡Líderes desde el barro!

Alberto Muñoz Peñaloza

09/01/2013 - 12:53

 

Foto: Alcaldía ValleduparConmueve la definición de liderazgo, que es común entre muchos “liderazgo es la capacidad de establecer la dirección e influir y alinear a los demás hacia un mismo fin, motivándolos y comprometiéndolos hacia la acción y haciéndolos responsables por su desempeño”.

Dios me regaló una inestimable oportunidad para aprender sobre y ejercer, el liderazgo. Tiempos significativos de mi paso por la Cámara Júnior, organización mundial de jóvenes, cuya misión es ofrecer oportunidades de desarrollo que permitan a los jóvenes crear cambios positivos, que enseña muy bien “Que la fe en Dios da sentido y objeto a la vida, que la hermandad de los hombres trasciende la soberanía de las naciones, que la justicia económica puede ser obtenida mejor por hombre libres, que los gobiernos deben ser de leyes más que de hombres, que el gran tesoro de la tierra reside en la personalidad humana y que servir a la humanidad es la mejor obra de una vida.”

Lo cierto es que se afirma que las bases para ser un buen líder son: mantenerse actualizado en el campo en que se desarrolla el trabajo, conocer, valorar y emular la labor de otros líderes y modificar –para bien- sus actitudes, aptitudes y hábitos, en procura de un mejor desempeño siempre.

Escrito en el papel, dicho o anunciado, se ve fácil, pero la verdad es que se requiere voluntad, determinación y perseverancia para propiciar los cambios requeridos, para ser honesto a la hora de valorar lo que otros hacen y para mantenerse actualizado.

El gusto por lo bueno promueve espacios realizacionales que, a la manera de pista idónea, posibilitan la aplicación de acciones consistentes que bien pueden ser direccionadas hacia la materialización de sueños y a la consecución de logros desde la transparencia personal, el hacer con acabados de excelencia y la fortaleza espiritual para superar los obstáculos y vencer las barreras autoimpuestas, sin desmedro de poner en su sitio las oposiciones exógenas.

Valledupar ha sido terreno público abonado para forjar liderazgos, públicos y privados, famosos y anónimos, floridos y opacos, siempre en función del interés general. El ejemplo del cacique Upar, muestra el carácter, la determinación, la coherencia y la fortaleza del líder enfocado en el interés colectivo y la orfandad del particular.

Rodry, se hizo viejo con el ofrecimiento diario del mejor guarapo de entonces: la famosa freskola, frente al entonces teatro San Jorge. Durante el día laboraba en García Hermanos, con eficiente gestión y honesto desempeño. Por la tardecita se transformaba en gerente, empleado, accionista y eficaz dependiente de su propio negocio: aquel “carrito” blanco, con delicadas tablitas  y la promoción, extraña en ese tiempo, de la calidad como soporte de esa eficientísima tarea diaria, sin sábados ni domingos, convertida por mucho tiempo en emblemática cita con el sabor y la buena atención.

Él, supo conciliar la grandeza humana con la humildad como hombre con el solo interés de sacar a su familia adelante y construir, sin saberlo, un elevado sitial, encumbrado pero al alcance de la vista, puesto al servicio de los demás, con ofrecimiento permanente de un producto exclusivo, sin afanes publicitarios ni pretensiones de enriquecimiento.

Rodry, educó a sus hijos y ha mantenido a su familia en la línea de la decencia, el trabajo arduo y sano, con lo cual regaló siempre un ejemplo excelente de altruismo, coherencia y buenos resultados. Quienes lo recordamos lo hacemos sin vacilaciones, en la seguridad de que su obra vivencial se cimentó con la sencillez, el gran amor a Valledupar y el respeto a los demás.

Otros ejemplos, como el de María Iberia “La Bella” Ustáriz, quien alentó su merendero con la intención constante de sostener a su familia, educar los hijos y regalarle a la humanidad, mediante la venta de comida típica, lo mejor de los talentos con que Dios la premió.

Ángel y Antonio Castro, quienes levantaron un pequeño emporio con la empresa que inició de cero y luego se transformó en la Librería Departamental. Valentín Quintero, quien llegó en tiempos de dificultades supremas y le regaló a Valledupar lo mejor de su desempeño laboral y económico y queda un moderno hotel como prueba positiva de sus desvelos.

Nuestros cantantes e intérpretes supieron superar las barreras, cernidas como obstáculos impasables y, a fuerza de talento, ingenio y tesón, organizar el desarrollo de nuestra música, con lo cual se ganaron el mundo.

Por cierto, nuestra tierra merece el crecimiento ganado, tiene bien recibida la afluencia de visitantes, turistas y elogios ajenos y espera que todo lo bueno se multiplique en 2013 y siempre. Que el liderazgo de sus buenos hijos se torne esencial, vanguardista e insustituible.

 

Alberto Muñoz Peñaloza

Valle del Cacique Upar.

Correo: elhijodedonjulio@gmail.com

Sobre el autor

Alberto Muñoz Peñaloza

Alberto Muñoz Peñaloza

Cosas del Valle

Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Desempeñó el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.

@albertomunozpen

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