Opinión

Un reencuentro en Rivera

Alfonso Osorio Simahán

07/04/2025 - 05:40

 

Un reencuentro en Rivera
Plaza central del municipio de Rivera / Foto: Wikipedia

 

Es posible que algunos de mis compañeros seminaristas aún  recuerden aquel remoto día en que en pleno salón de clases y  en un horario vacante, surgió una folclórica discusión colectiva, donde la ex regional y la jocosidad pautaron las reglas del juego.

En aquella aula donde había condiscípulos provenientes de casi una decena de departamentos diferentes, no era extraño que en cualquier momento se desataran los efervescentes espíritus regionales para promocionar y defender con orgullo lo más representativo de sus respectivas comarcas. El expositor que rompió el hielo aquella vez fue “X” Tovar, quien aprovechando que no solo era el más corto en estatura del curso, sino buscando espacio para que lo oyera todo el mundo, se subió en un pupitre:

–¿Dónde se encuentra Coltejer y Faricato? ¿y quién es el mejor ciclista de Colombia, pregunto yo? -exclamó. Obvio q hacía alusión a las dos grandes compañías de textiles y al campeón, “Cochise” Rodríguez.

El breve murmullo  que produjo las palabras de Tovar fue reemplazada por una explosiva carcajada, cuando su paisano, Heriberto Zapata, con su cómica vocecita de niño regañado, salió en  defensa de Tovar.

–Así es, pá, que agarren gárgara –dijo sin incomodarse.

David Sáens, tan ceremonial en sus ademanes como tan pulcro en su lenguaje, en su clásico acento boyacense replicó:

–Ajá, y díganme una cosa, mis queridos compañeros, ¿de dónde son originarios los mejores bocadillos y los mejores presidentes que ha dado Colombia?

Tengo dudas si fue Escobar o Guillermo Villa, en medio de aquel ring de apologías, que con su voz nasal de sinusitis perpetua quien con su carta de presentación gestual sacó a relucir la fama del Valle del Cauca por sus cañaverales, mujeres hermosas… y como epicentro deportivo de Colombia.

En representación de nuestra Costa Caribe, se autonombró Roberto Fernández, un mulato cordobés con visibles síntomas de rumbero empedernido. La tesis que esgrimió no pudo ser más costumbrista:

–¡Eche, qué va! Si no existieran Los Corraleros de Majagual este sería el país más aburrido del mundo – sentenció.

El último expositor de aquel pintoresco ruedo gallístico fue Miguel Martínez:

–Ustedes deben saber – dijo con pasmosa convicción y talante de erudito - que el Huila es la cuna de la civilización colombiana. Y le proporciona vida a media Colombia.  Si no, pregúntenle al profesor Jiménez.

Quienes esperábamos los argumentos sustentables de Miguel, nos quedamos con las ganas ya que, en ese preciso momento, entró de manera intempestiva al salón Fray José Mario Jaramillo, que muchas veces lo hacía ante la falta del profesor titular para ponernos a tono a aquellos que teníamos lagunas en el área de las matemáticas.

Después de más de cinco décadas, recapitulando estas entretenidas anécdotas, pero haciendo hincapié en la fugaz intervención de Miguel, no se necesita ser sabio para refrendarle de manera inequívoca que lo que quiso abordar con un poco de hipérbole era que la prehispánica Cultura Agustiniana era la más antigua del país, y  que el cauce por donde serpentea el río de  La Magdalena, que nace en territorio huilense, atravesando 11 departamentos, le debe su desarrollo  y riqueza a sus gloriosas aguas.

A finales de los 60 y comienzo de los 70, un grupo de entusiastas estudiantes, emisarios regios de la Cultura Opita, católicos de convicciones, provenientes de varios municipios, recalaron en el Seminario Franciscano “La Umbría de Cali”, tentados al igual que lo hicieron unos dos centenares más, para sumarse a una experimental formación académica diferente. Aquella colonia huilense se convirtió en aquel plantel franciscano en la más numerosa, después de la antioqueña.

Esos fueron los mismos seres humanos que, un día, se convencieron al igual que este humilde mortal, que la sotana de sus proyectos de vida estaba en el mundo secular;  decisión certera que a la postre les valieron los pergaminos suficientes para convertirse en unos exitosos profesionales de diferentes especialidades. Y hoy, son otra vez ellos que henchidos de gratitud y empoderamiento regional tomaron la iniciativa y se ofrecieran para servir de consagrados anfitriones para celebrar la  IV Edición del “Reencuentro La Umbría 2025”. Evento que coronó con los mejores aplausos.

Quienes en algún momento dudamos que la convocatoria de este año podía sufrir alteraciones o replanteamientos a raíz de una calamidad sobrevenida, estábamos equivocados.

Guillermo Villa Ríos, mentor y columna vertebral del proyecto “Reencuentro Umbría”, sufrió en el segundo semestre de 2024 un lamentable accidente doméstico lo que lo obligó a estar recluido en una clínica por varios meses. Pero bendita paradoja, nunca Guillermo fue más incisivo y tesonero a la hora de promocionar su liderado proyecto.

Desde su lecho de enfermo, día a día, cargado con el mismo lenguaje optimista y motivacional que utiliza en sus sugestivas conferencias de autoayudas, se valió de los medios virtuales para sincronizar a lo buen ajedrecista lo más mínimos detalles y pormenores para que se llevara a cabo sin tropiezos el “Reencuentro 2025”. Dio a entender con ello que estaba más pendiente del Huila que de su convalecencia. Tanto es así que, la convocatoria de este año rompió todos los record de asistencia.

La ciudad que, por consenso escogió el equipo organizador el presente año como acopio y concentración, fue Rivera, municipio que debe su nombre al famoso escritor y poeta, José Eustasio Rivera, quien nació en una de sus calles. Su elección, que pudo haber sido difícil ante otras alternativas con atributos, resultó la precisa e irreemplazable. Su privilegiada cercanía con la capital  Neiva y sus famosas aguas termales, fueron un gran acierto .Como también lo fue habernos hospedado en el Hotel Campestre Los Gabrieles, enclavado en el casco central de Rivera.

 

Alfonso Osorio Simahán

Sobre el autor

Alfonso Osorio Simahán

Alfonso Osorio Simahán

Memorias de Berrequeque

Abogado en ejercicio, profesión que alterna con la de gestor cultural. Folclorista a tiempo completo y compositor de aires autóctonos del Caribe.

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