Opinión

Narrar desde y para el pueblo

Diógenes Armando Pino Ávila

09/05/2025 - 06:15

 

Narrar desde y para el pueblo

 

Desde el 26 de octubre del 2023, fecha en la que recibí como regalo una carta de la Secretaria de Educación Departamental del Cesar, donde, sin más, me decían que quedaba desvinculado del trabajo, por haber llegado a la edad límite permitida por la Ley, muy amablemente me despedían como a todos los docentes que llegan a esa edad; lo hacen sin ningún miramiento, sin ninguna consideración, peor aún, ni siquiera matizan el mensaje, al contrario, lo recalcan con dos palabras brutales: “Retiro forzoso”.

Desde entonces, no había pisado más un centro educativo, en abril de este 2025, a propósito de la conmemoración del aniversario de uno de los colegios de bachillerato, fui invitado a hablar de uno de mis libros: “La noche de los mil arcoíris”, un libro de cuentos donde narro una serie de historias. Con los estudiantes sentados en la gradería de la cancha múltiple, les hablé de mi libro y contesté preguntas formuladas libremente por profesores y alumnos. Tres días después, con ocasión del “día del idioma”, fui invitado en el otro colegio de bachillerato, en uno de los módulos de socialización diserté sobre la identidad y el sentido de pertenencia del individuo con su medio.

Dos o tres días después, un muchacho y una joven me abordaron, me dijeron con amabilidad que cuándo estaría desocupado para que les permitiera hablar conmigo, les dije que ese era el momento, que pasaran a mi pequeño estudio y habláramos. No tenía la más mínima idea de cuál sería el tema de sus inquietudes. Les invité a tomar la palabra mientras nos tomábamos un café, se miraron mutuamente y noté la indecisión, pensé que tenían algún problema familiar o sentimental y que buscaban un consejo, el que por mis canas podía facilitarles.

Pues no, me equivoqué de plano. La joven tomó la iniciativa y me lanzó las siguientes preguntas: ¿Por qué la mayor parte de sus textos y publicaciones en las redes sociales, casi siempre, hablan de Tamalameque, sus personajes, sus costumbres, anécdotas, su cultura? ¿Por qué no trata de otros lugares? ¿No le sacaría mejor provecho a su capacidad de escritor hacerlo sobre otras culturas y comunidades? Hice un silencio calculado, miré al muchacho y le dije: Cuéntame, ¿cuál es tu inquietud? Bajó la mirada y me respondió: tengo la misma inquietud que ella.

Volví a hacer silencio, sopesaba una respuesta que fuera acorde con la inquietud de ellos, con su edad (15 o 16 años) y tal vez con el nivel de lectura que tuvieran como estudiantes. Tomé aire y decidí hacerles una explicación elemental sobre el valor de lo propio, le dije que fui criado en Tamalameque, y que desde pequeño me inculcaron el valor de nuestro pueblo, a partir de ahí, se derivó un interés creciente por conocerlo, ya no físicamente, sino, a través de su historia, costumbres, tradiciones, leyendas, personajes; y en la medida en que profundizaba en ese conocimiento, sentía que comprendía los problemas trascendentales de la humanidad, entendía conceptos como, vida, muerte, destino, suerte, envidia, amor, patriotismo, etc.

Comenté que, al adentrarme en esas temáticas, vistas a la luz de la elementalidad de mi pueblo, pude conocer sobre la sociedad, las inter relaciones de los hombres como miembros que conviven en un espacio delimitado por idioma, historia común, cultura en un momento determinado, y que el deber de todos es conocer en primer lugar lo propio, y a partir de ahí conocer lo demás y tener la claridad de discernir si vale la pena ser tragado por la globalización y convertirnos en pueblos anónimos, sin cultura propia o reafirmar nuestra identidad.

Expliqué, lo local, lo propio es a la larga, el reflejo del mundo, pero visto sin las complejidades y honduras propias del intelectualismo, y comprender que, con sencillez puedes narrar historias, escribir textos sobre los problemas de la humanidad conociendo los problemas de tu pueblo, que esto no quiere decir que debamos privarnos del conocimiento especializado y profundo de las ciencias sociales y la literatura universal, pero si, entender que al leer el entorno, se puede inferir los problemas universales que desde siempre han inquietado a la humanidad.

Gabo no hizo otra cosa que, al describir la vida en Macondo, describió la vida y la historia de Latinoamérica. León Tolstoi al escribir y contar historias sobre la aldea rusa, describió grandes y complejos problemas humanos. Narrar lo exótico, lo lejano puede darte un barniz de intelectual, de persona instruida, viajada, pero tarde que temprano, los lectores avezados mirarán por las fisuras de sus textos y descubrirán las costuras con que fueron fabricados y se desencantarán y abandonarán.

Mantengo una posición crítica sobre el centralismo cultural: creo que el hombre creativo no requiere vivir en la gran urbe capitalina para hacer arte o literatura. Pienso que mi pueblo, por pequeño que sea, presenta condiciones como: la paz, la belleza, sus paisajes, personajes, los dramas cotidianos que merecen ser contados, claro está, con ética y honestidad.

Pregunté si tenían otra inquietud, me contestaron que no, pero que en otra oportunidad volverían a tocarme otros temas. Me despedí diciendo que grabaran en sus memorias esta frase atribuida a León Tolstoi: “Describe tu aldea y serás universal”.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

@AvilaDiogenes

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario Autorizo el tratamiento de mis datos según el siguiente Aviso de Privacidad.

Le puede interesar

Un plan de desarrollo de papel: el caso de Valledupar 2016-2019

Un plan de desarrollo de papel: el caso de Valledupar 2016-2019

En Colombia, las normas se han convertido en papel y eso ha sido su mayor alcance. Esto debido a que las normas cada vez más se convie...

Una culpa colectiva

Una culpa colectiva

Nos llegó como una peste bíblica el famoso Covid-19, en principio hubo el mayor pánico mundial que se ha vivido en los últimos año...

No me fui huyendo: me fui sanando

No me fui huyendo: me fui sanando

  Me vine a contemplar el silencio. A observar la armonía. A habitarla junto a mi hijo. Me vine lejos del ruido y del caos para v...

Las letras del nuevo vallenato

Las letras del nuevo vallenato

  “Me gusta andar soltera y esta buena la cosa como Ana del Castillo numeral la voa hace boja   A mí me gusta es beber A...

¿Cuál es el negocio, socio?

¿Cuál es el negocio, socio?

  En casi todos los municipios del Cesar y La Guajira se realizan Festivales de música vallenata y diversos tipos de fiestas, como a...

Lo más leído

¿Qué sabemos sobre las escritoras del Cesar?

Luis Mario Araújo Becerra | Literatura

Víctor Hugo o la vigencia de un ideal político

Erik Sierra Gómez Pedroso | Literatura

El cine colombiano de antes: su evolución a lo largo del siglo XX

Juan Camilo Díaz Bohórquez y Alejandra Hamman | Cine

El progreso que nos trajo la United Fruit Company

Arnoldo Mestre Arzuaga | Historia

Noel Petro: ni tan burro, ni tan mocho

Hernán Duley De La Ossa | Música y folclor

Las tres derrotas de Álvaro Gómez Hurtado

Eddie José Dániels García | Opinión

Síguenos

facebook twitter youtube

Enlaces recomendados