Opinión

Un museo para la memoria viva

Diógenes Armando Pino Ávila

12/09/2025 - 06:15

 

Un museo para la memoria viva

 

Comenzaré tratando de definir en palabras sencillas lo que es un museo etnográfico, el cual no es otra cosa que un lugar donde se guardan y exhiben los objetos, costumbres y tradiciones que hacen parte de la vida e historia de un pueblo.  En el museo no solo se muestran cosas antiguas, como ropa, herramientas, instrumentos o fotos, sino que también se aprende cómo vivían las personas, cómo trabajaban, qué celebraban y qué historias contaban.

¿Qué se busca con este tipo de museo? Básicamente se trata de que la gente pueda conocer y valorar su propia cultura y la de otros pueblos, permitiendo apropiarse de los que nos identifica y representa, al tiempo que se comparte con las nuevas generaciones, sembrando en la conciencia colectiva la importancia y el valor de lo propio, de nuestra historia e identidad.

Un museo en Tamalameque y en los otros municipios del departamento del Cesar y la Depresión Momposina tiene vital importancia, porque son pueblos donde palpita un corazón pletórico de cultura, donde el pasado, las costumbres, las tradiciones, las leyendas, se han instaurado por mandato de nuestros mayores, que la han permitido discurrir con la suavidad del agua del río Grande de la Magdalena, con el arrullo de las pequeñas olas de nuestras ciénagas, con la voz melodiosas de nuestras cantadoras y el dum dum de las tamboras, en esa magia de la oralidad centenaria. Sin embargo, gran parte de esa riqueza cultural corre el riesgo de perderse si no se construye un espacio capaz de salvaguardarla y transmitirla a las nuevas generaciones.

Es de aclarar que un museo en nuestros pueblos no debe tenerse como un depósito de objetos antiguos, pues este es, un lugar de memoria y de encuentro, epicentro donde confluirán las expresiones de la vida local, tales como, costumbres festivas, relatos de la oralidad, practicas de pesca y laboreo, instrumentos musicales, fotografías familiares y de edificaciones y calles, vestuarios tradicionales, piezas artesanales, secretos, remedios, saberes y oraciones de abuelos y otros testimonios de la cotidianidad que vive el pueblo.

El museo se encargaría de promover funciones vitales como: el rescate de la identidad, conservando y visibilizando las tradiciones que han dado consistencia y personalidad a la cultura local, lo que se traduce en la dotación de sentido de pertenencia de los habitantes. En el campo educativo, bien puede ser una especie de escuela viva donde niños y jóvenes aprenden por experiencia directa con los elementos de la cultura vernácula.

De otro lado sirve como atracción cultural y turística, convirtiéndose en un motor de desarrollo, atrayendo visitantes interesados en conocer nuestra cultura y contribuiría a la economía local. También serviría como memoria histórica donde se reivindicarían los procesos políticos, sociales y culturales que por su significado histórico y valor cultural merecen registrarse como legado de nuestros mayores

Necesitamos un museo dinámico, un espacio que se nutra con las voces de la comunidad, donde los objetos que se expongan no sean reliquias sin vida, sino que cobren vida con narraciones, talleres, bailes y encuentros. Necesitamos un museo incluyente, donde el pescador, el agricultor, el artesano, el campesino y pequeño ganadero pueda contar cómo heredaron sus artes de trabajo, la cantadora pueda entonar la tambora como lo hacían sus mayores, y los niños, jóvenes y visitantes puedan ver en vitrinas y escuchar en grabaciones la historia de los abuelos.

Nos amenaza la globalización, esa vorágine que engulle las culturas vernáculas, deformando las costumbres y tradiciones mientras impone y hegemoniza una cultura extraña venida desde afuera. Por tanto, la tarea de un museo sería un sitio de resistencia y de amor propio que propenda por conservar la memoria y sea el faro que proyecte al mundo la belleza de lo nuestro y lo valiosos de nuestra identidad.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

@AvilaDiogenes

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