Opinión
Nuestro vallenato está en todas partes

Los cimientos que tienen nuestra música vernácula son tan solidos que han soportado y continuarán por años y siglos aguantando los embates de todo tipo de agentes y expresiones que naturalmente pretenden minarla y derruir. El papel que han cumplido los festivales y encuentros de músicos ha dado sus frutos, aunque tengan las falencias que muchos nos hemos encargado de desnudar.
Por estos días se realiza en Villanueva, La Guajira, la versión 47 del Festival Cuna de Acordeones, es decir casi cincuenta años con la misión de preservar nuestra identidad cultural, ahora en diciembre tendremos festivales en San Juan del Cesar y en Patillal, por solo mencionar tres muy cercanos a nuestros afectos. Estos eventos no solo son el jolgorio que los pueblos disfrutan, allí niños, jóvenes y personas mayores, siguen demostrando que su vena folclórica se mantiene intacta y que hay vallenato para rato.
En el pasado festival Un Canto al Río, que se realizó en Valledupar a orillas del Río Guatapurí, nos dimos cuenta que el semillero de cantantes vallenatos es tan grande y de tanta calidad entre niños y niñas que fácilmente podía premiarse a todos y todas.
La cantidad de acordeoneros y acordeoneras que tenemos hoy a lo ancho y largo del territorio nacional es algo impresionante. En ninguna época el vallenato había tenido tantos interpretes y compositores como en ésta, yo puedo dar fe de eso, porque he recorrido buena parte del país viendo y escuchando niños y adultos de todas las regiones de Colombia tocando y cantando vallenato.
Sé que ustedes dirán que eso puede ser cierto, pero que a muchos de ellos les falta concretar a cuál escuela pertenecen o mostrar con claridad un estilo que los caracterice, lo cual no puedo negar; sin embargo, hablando exclusivamente de cantidad y cobertura me atrevo a afirmar que hoy tenemos el mayor número de intérpretes tanto aficionados como profesionales, en toda la vida e historia del vallenato.
Da gusto encontrar en cada rincón de Colombia un buen acordeonero, pero ahora también es fácil dar con una buena acordeonera o cantante vallenata en cualquier parte del País, ese logro demuestra que la tarea de darnos a conocer y de hacernos querer se ha logrado, aunque tengamos lunares en lo que tiene que ver con la preservación de la esencia y estructura autentica de la música que nos inventamos, lo cual es materialmente imposible de sostener.
En el Huila, en Putumayo, en Caquetá o donde usted quiera, no se extrañe al encontrar ya no solo que escuchan, bailan y les gusta el vallenato, sino que lo interpretan y componen de buena manera, ni se diga en los Santanderes, Boyacá o Cundinamarca quienes tienen festivales de muy buen nivel.
Las expresiones culturales de una región mantendrán la dicotomía de preservar sus raíces y autenticidad o expandirse y convertirse en patrimonio e identidad nacional. Concluyo con esta pregunta ¿Hace 50 años se conocía más el vallenato que hoy en día?
Colofón: El Doctor Ciro Quiroz Otero, mi paisano ejemplar, escribió en su libro Vallenato hombre y canto sobre el plagio en los juglares, lo siguiente: “Es hábito de acordeoneros regalar una melodía para que un compositor le ponga letra, razón por la cual muchos vallenatos aparecen bajo la paternidad de autores que no lo son, algunos compositores ceden sus cantos para que sean difundidos y aparecen en los sellos disqueros a nombre de los acordeoneros” ¿Cuál es el afán de algunos expertos en rasgarse las vestiduras al ver en una caratula como autor a una persona distinta de quien realmente lo es?
Jorge Nain Ruiz Ditta
Sobre el autor
Jorge Nain Ruiz
Vallenateando
Jorge Nain Ruíz. Abogado. Especializado en derecho Administrativo, enamorado del folclor Vallenato, cantautor del mismo. Esta columna busca acercarnos a una visión didáctica sobre la cultura, el folclore y especialmente la música vallenata. Ponemos un granito de arena para que la música más hermosa del mundo pueda ser analizada, estudiada y comprendida.
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