Opinión

Reescribiendo historias de vidas

Nerio Luis Mejía

14/10/2025 - 06:30

 

Reescribiendo historias de vidas

 

Después de tantos años de haber salido del campo junto con mi familia como consecuencia de la violencia, hoy estamos de vuelta gracias a la política de entregas de tierras a las familias campesinas. Es indescriptible, escuchar el cacareo de nuestras gallinas, el florecimiento de nuestras plantas, el crecimiento de árboles frutales, pero especialmente han vuelto los sueños e ilusiones que se afianzan en cada semilla plantada, con la esperanza futura de un mejor porvenir.

Disfrutamos como niños de la lluvia, volvimos a mirar al cielo en busca de las constelaciones que anuncian el veranillo, los círculos alrededor de la luna que presagian “agua ninguna”, y en el día volvemos a fijar nuestra mirada al sol, y al ver esos mismos círculos de vapor que se tejen alrededor del astro rey, aseguramos con certeza que habrá “agua mejor”.

Están de vuelta los saludos con gritos fuertes de buenos días, y buenas tardes, volvieron los apretones de manos y el abrazo que simboliza la unión comunitaria, las reuniones de la junta de acción comunal se convocan debajo del palo de mamón, y vaticinamos que habrá buenas cosechas.

La tierra no es solo un bien material para el campesino colombiano, es el reescribir de una historia de amor, ternura, y vida. Los que no estarán devueltas junto a nuestros sueños e ilusiones fueron los burros, inseparables amigos del campesino caribeño; un merecido descanso, su reemplazo llegó a toda velocidad con las que se desplazan las motocicletas, las que se han convertido en los nuevos burritos de acero.

Ya tenemos tierras me dice con alegría “Muñe”, mujer laboriosa que siembra matas hasta en las piedras alrededor de su rancho. Con emoción la abrazo sin esconder las lágrimas que brotan como un manantial que se desliza por mis mejillas, junto al sudor que se combinan y dan vida a esas sales corporales que semejantes aun caudaloso rio de felicidad; no son solo el llanto de un hombre que sufrió el despojo, es la expresión alegre del alma misma ante tanta esperanza que brota del mismo suelo.

Parafraseando al maestro Adolfo Pacheco Anillo en ese hermoso merengue del viejo Miguel: “A mi pueblo no lo llego a cambiar ni por un imperio”. Ése es el mismo sentimiento que sentimos por nuestra tierra, quizás para otros sea solo una parcela, una finca, pero para nosotros es el alma misma que se reconstruye al calor del trabajo, de la armonía que caracteriza a la gente del Caribe colombiano.

Las fiestas también hacen parte de ese conjunto de emociones indescriptibles en nuestra nueva comunidad. Nos preparamos para diciembre, pensando en comprar la ropa con la cosecha de maíz, frijol, maracuyá, entre otras variedades que se cultivan; no en cualquier suelo. Este tiene algo especial, se nutre con historias, se fertiliza con esperanzas, se cosecha con nuevas oportunidades de vida alimentadas con cada rayo de sol, y regadas por el suave sereno de la luna.

Así reescribimos historias de vidas sobre una tierra llena de promesas, la madre que nos alimenta, el manantial que nos da de beber, y la cuna que arrulla nuestras tranquilas noches sin desasosiego que sufrimos los campesinos cuando se nos desplaza.

 

Nerio Luis Mejía

Sobre el autor

Nerio Luis Mejía

Nerio Luis Mejía

Pensamientos y Letras

Nerio Luis Mejía es un líder comunal, defensor de los Derechos Humanos, quien ha realizado de manera empírica un trabajo de investigación acerca de las causas que han propiciado -y siguen alimentando- el conflicto armado y social colombiano. Mediante sus escritos, contextualiza las realidades territoriales.

@NerioMejia24

1 Comentarios


Arturo 14-10-2025 07:50 AM

Muy práctico, excelente mi amigo Nerio, cada día es una victoria, cada sonido es música, cada gota de agua es vida, cada vecino amplia el área de amor para que cada condición sea propicia. Que bienestar presenta el campo, que felicidad cada día ver la vida en acción y hallarnos sumergidos en lo que más tarde fué, es y será nuestro paraíso...

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