Opinión
Mis días con Rosa Isabel

Mi vieja tiene 87 años, ha sobrevivido a muchos temas de salud (operación de corazón abierto, infartos, isquemia y diferentes accidentes), ella ha desafiado a la ciencia con la fuerza de las mujeres guajiras y una digna hija de Rita Contreras (mi súper abuela centenaria), por ello debería, según antecedentes clínicos, no moverse, no hablar y tener varias afectaciones, sin embargo, su memoria sigue intacta, su ímpetu y dinamismo también, se entrega a su jardín y realiza labores diarias en casa con absoluta autonomía, se niega a usar bastones y sigue encendida como los soles del desierto guajiro.
La admiro mucho, disfruto el tiempo con ella y, aunque vivo en una ciudad (y en ocasiones en países) diferentes, siempre mantengo una conexión profunda propias de ser almas gemelas que vibramos en una juntanza de amor profundo, una simbiosis universalmente bella. Por esta razón, como madre e hija tragadas una de la otra, disponemos de tiempo de calidad para compartir, inventamos paseos, aventuras, visitas al médico, en fin, viajes bonitos entre las dos; fue así, como desde el 1 de diciembre estuvimos en ese plan bonito que disfrutamos al máximo.
Pero como les decía, la vida se encarga de sorprendernos y el 17 de diciembre pasó lo que más temíamos y de lo que más la cuidamos. Tuvo un accidente casero y pensé lo peor –fracturas, dolor, angustia, fe, todo en un momento único– un mix de emociones y decisiones que no daban espera, salida de urgencias para la clínica y mi culpa encendida, me culpaba con furia interna mientras tenía que manifestarle calma. Ese día confirmé que, en realidad, soy heredera de la valentía de mi línea uterina, fui probada en mi capacidad de soporte y resolución de situaciones con gallardía, a pesar de la angustia.
Mi madre es la persona que conozco con más capacidad de levantarse de las pruebas, de recuperarse de las crisis y de sonreír luego de lagrimas de dolor, como un ave fénix criada con arepas de maíz y aguacate de la sierra, con sonidos de acordeón, con sabor a provincia guajira de esa Villanueva linda que se abraza con el cerro pintao´, entre el agua dulce y los vallenatos de amor, ella se levanta con doble poder, por esta razón, después del dolor y las lágrimas, vive una milagrosa mejoría.
Rosa Isabel de mi alma, pasar contigo este mes, cada minuto, hora y día ha sido un profundo orgasmo materno filial, nuestra simbiosis es poderosa y trasciende cualquier desafío, estamos profundamente enamoradas como dignas almas gemelas que, aunque estemos en continentes diferentes seguimos unidas.
Madre mía, los días contigo han sido una forma de reinventarme y resucitar al amor por la vida, al sabor dulce del amor y la esperanza, eres elixir puro y te agradezco, por tanto, como dice la canción “Quisiera que el mar fuera mío para dártelo con todo y pescao”, no ahorro un segundo para conquistarte y honrarte, al final estar cerca de ti es mi mayor regalo.
Desde esta oda de amor, deseo a mis lectoras y lectores una feliz navidad llena de luces espirituales, salud, ganas de vivir y creatividad, para que todos los días sean un milagro deleitado al máximo, no tenemos la eternidad, sino el aquí y el ahora para existir y amar.
Seguimos sanando fracturas y tejiendo esperanzas de sanación, que el amor siempre nos salve.
Fabrina Acosta Contreras
Sobre el autor
Fabrina Acosta Contreras
Evas&Adanes
Nieta de Rita Contreras, leyenda viva de 109 años. Escritora e investigadora Guajira, psicóloga, Magister en estudios de género, Magister en Gestión de Organizaciones y Especialista en Alta Gerencia. Creadora de la Asociación “Evas&Adanes” desde la cual lidera diversas iniciativas ciudadanas como los foros “La Mujer en el vallenato”, “Tejiendo esperanzas por la Guajira”, el programa radial Evas&Adanes, entre otras.
Ha recibido reconocimientos por la causa que lidera tales como: Joven sobresaliente de Colombia TOYP 2018 (JCI Colombia), máxima distinción del departamento de La Guajira medalla Luis Antonio Robles, personaje diez en el departamento de Amazonas, medalla a Mujer extraordinaria con proyección social otorgada por la Asociación de Mujeres de la Guajira.
Ha sido columnista por más de 10 años de varios medios puntualizando temas de género y derechos de las mujeres, así como las causas por la guajira. Es autora de los libros “Mujer Sin Receta: Sin Contraindicaciones para hombres”, “Evas culpables, Adanes inocentes”, “De esas costumbres que hay en mi tierra: una mirada a los imaginarios sociales de la violencia de género”, “Mujeres sin receta: Más allá de los mitos”.
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