Opinión

Saciados, pero no llenos

Hernán De La Ossa Benítez

05/01/2026 - 05:35

 

Saciados, pero no llenos

 

Hace poco escuché a una periodista dominicana comparar la trayectoria musical de Michael Jackson y Juan Luis Guerra, con la de Bad Bunny. Hay que ser muy osado para lanzar tal expresión. De plano, hacer semejante comparación es un completo absurdo si se tiene en cuenta la magnitud de sus trayectorias. Pero dentro de este video, quien lo comentaba lanzó la expresión que es el objeto de este comentario, "Bad bunny no es lo que es por la calidad de su música, lo es porque quienes manejan su carrera son unos verdaderos genios". Y si, algo de genio hay que ser para penetrar en una generación con tan poco.

A raíz de este análisis, he querido "acosteñar" este concepto acotándolo a la actualidad vallenata. En un sinnúmero de ocasiones, he escuchado expresiones tales como "se perdió el vallenato", "el vallenato se degeneró", "lo de la nueva generación no es vallenato, es música de acordeón", a lo cual, los más vanguardistas arengan "había que evolucionar". Pero no es una cuestión netamente musical si lo aterrizamos a un plano tan pragmático como real. Desde este enfoque, yo creo que no hemos caído en cuenta que en los últimos tiempos hemos sido víctimas de las mentes maestras detrás de un fenómeno publicitario, aunque de esto seguimos sin percatarnos.

Estamos levitando en medio de las estrategias de quienes manejan tanto las redes como las carreras de los jóvenes que están haciendo este tipo de música nueva y hemos olvidado que los estandartes de la música vallenata no necesitaron de las herramientas contemporáneas actuales para tocar nuestros corazones con su música. Por lo tanto, no estamos consumiendo esta nueva propuesta porque sea un efecto de la evolución que se pretende, sino, que estamos consumiendo una cuestión que nos impone un algoritmo y una estrategia de marketing. Esto explica por qué hace más de veinte años no escuchamos un éxito que haya trascendido lo suficiente para convertirse en clásico. Con un relacionamiento natural lo descubrimos.

Las canciones que han "pegado" últimamente acaban durmiendo en el olvido porque el algoritmo las desecha reemplazándolas por nuevos lanzamientos. Y peor aún, están logrando acostumbrarnos a que los nuevos prospectos tienen que "reencauchar" clásicos o grabar periódicamente para no caer en la ignominia. La evolución del vallenato no está radicando en los nuevos sonidos que se acoplan a la cadencia, pulso y letra, como cánones de la tradición, la evolución que nos han querido imponer consta de los métodos utilizados para que esta música escueta y carente de sentimiento y sentido, llegue a nuestros oídos a como dé lugar.

En síntesis, la evolución vallenata ha sido el cambio de la "payola" a la publicidad en Instagram. Nos hemos dejado reemplazar la emoción de un acordeón bien ejecutado y de una letra armónica y penetrante, simplemente porque hemos empezado a consumir de manera indirecta lo que los medios digitales nos recomiendan. Tan complejo es el problema, que grandes cantantes y acordeoneros siguen en el anonimato porque carecen de promoción y popularidad, otros tantos dejan sus carreras exitosas sin potencializarlas por falta de manejo. En conclusión, estamos comiendo aire, que sacia, pero no llena.

 

Hernán de la Ossa

Sobre el autor

Hernán De La Ossa Benítez

Hernán De La Ossa Benítez

La bitácora del naufrago

Hernán Duley De La Ossa Benítez, nacido en Sincé, departamento de Sucre el 7 de agosto del 2000. Actual estudiante de la facultad de Ciencias jurídicas de la Universidad del Sinú, sede Montería. Escritor por vocación desde sus primeros años. Autor del libro “¿A dónde van las gaviotas?”, publicado por la editorial Torcaza en 2021. Asiduo lector de prensa, literatura contemporánea y amante de la poesía clásica. Poeta y columnista, refiere en sus líneas inquietudes sociales y exalta la cultura de la región sabanera con un ambiente raizal y espontáneo, sencillo y atrapante para el lector. Cursó bachillerato en el Liceo Panamericano campestre de la ciudad de Sincelejo, donde reafirmó su vocación de escritor.

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